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“El Califa de Aragua”, pletórico en tarde donde el oropel confunde a la multitud

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MÉRIDA (VENEZUELA)

“El Califa de Aragua”, pletórico en tarde donde el oropel confunde a la multitud

Cuatro orejas paseó por el redondel merideño; Leonardo Benítez cortaría una generosa oreja, mientras que Morante no gozó de suerte ante lote a contraestilo

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Ayer llegaba a la redacción del diario y
daba vuelta en la cabeza como podíamos hilvanar de ideas tantas vicisitudes
negativas en una tarde de toros, sin herir susceptibilidades en un lio de toro
en franca decadencia como estamos siendo testigos en esta edición Feria del Sol,
que literalmente se están cargando quienes corresponde responsabilidad.

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Que te consigas en la máxima plaza de toros
merideña que salgan, uno a uno, un rosario de astados de anovillada presencia,
lo cual es una falta de respeto al soberano, que aparte de ello venga avalado
por las autoridades municipales que dicen defender al aficionado, y que resulta
que son un compendio de intereses los que se aferran a costa incluso de la
credibilidad de lo que se ve en la arena, y que aparte de ello incluso falten a
preceptos durante la lidia fundamentales en la lidia como el dejar sin picar un
toro ante la incredulidad de todos los presentes, o que se inventen un indulto
a fines de complacer caprichos oscuros, vaya usted a saber amigo lector como
estamos tan podridos por dentro en esto que nos une pero cada vez más nos
decepciona.

Toros de Los Ramírez, hierro titular de la
actual empresa que regente el coso monumental merideño. Cuando todos pensamos
que se traerían lo mejor de sus camadas por ser los anfitriones de su feria,
vaya sorpresa que nos llevamos, deslastre amparado primero por toreros y luego
por la cadena que implica ganaderos, autoridades e incluso nosotros mismos los
medios, donde poco somos los que nos atrevemos a decir ciertas verdades que no
gustan a cierto sector de supuestos taurinos. Una pena.

La soleada tarde que nos acompañó hicieron
marco para lo que preveíamos una gran tarde. Pero uno a uno la expectación se
trucaría en decepción. Muy por encima de las cinco orejas y toro indultado que
registra el balance artístico del festejo. Una cosa es esto y otra cosa como
sucedieron las cosas.

Leonardo Benítez en su segundo paseíllo
abrió plaza, en labor condicionada por el viento, el cual no dejo estar a gusto
al torero en series con la muleta donde las noblotas embestidas del ejemplar no
tendría eco suficiente en el tendido, que aunado al irregular juego del animal dejaron
en solo intenciones y voluntad lo realizado por el veterano espada, el cual se
le observa con más reservas y precauciones que otrora, cuando «rugía como un
león” de valor y entrega ante la cara del toro. Al tercer viaje con el acero
despacharía el toro, para ser silenciado.

Mayor entrega y disposición se le vio en su
segundo, animal el cual a pesar de su rebrincada embestida y limitadas fuerzas
supo meter en su veterana muleta, abusando del toreo de perfil y el pico de la
muleta para vaciar las embestidas. Previo a ello, la curiosa anécdota del palco
presidencial cambiar el tercio de varas sin ni siquiera el piquero de turno
Segundo Salgado haya recibido en el peto al toro, fue digno de toda
reprobación, pues sin duda alguna demuestra a qué nivel estamos en nuestra
plaza merideña, en la que ni la suerte de varas se le respeta como parámetro
para medir la bravura. Algo jamás visto, avalado por los vicios que acongoja
actualmente la que es nuestra fiesta brava merideña. La estocada entera en buen
sitio, fulminante avaló la petición de la generosa oreja que para un torero que
es y ha sido estandarte del la torería nacional, debe saberle a poco y colocar
en vereda de reflexión.

Vaya decepción nos hemos llevado esta feria
como el genio sevillano «Morante de la Puebla”. Tanto esperarle para tan poco. Así
se puede resumir su paso por nuestra plaza en esta edición, ante el abecerrado,
no anovillado que ya es censurable, ejemplar de Rancho Grande, que pasaportó en
primer lugar, el cual dejaría listo para las mulillas en la excesiva sangría
que en varas propinó. Visto así, y tras la mole que en el caballo consintió, no
se complico la papeleta y le despachó de estocada entera, para ser silenciado,
como de la misma manera ocurriría en su segundo, jabonero astado que lanceó con
el percal soltando los brazos, lo que nos hizo pesar en el milagro. Pero nada
que ver, pues una vez visto en varas el toro, este dictaría sentencia,
parándose y convirtiéndose en un marmolillo el cual intentó pero no pudo hacer
gran cosa el mencionado diestro, siendo silenciado tras dos avisos, al cual le
queda como anillo al dedo la frase, «El arte no tiene miedo» pero tampoco vergüenza… ante el género
bovino que exigió por la mañana quienes le llevan por su famoso tour.

El destacado de la función fue el
maracayero «El Califa de Aragua”. Ambición y garra la que ha expresado este
torero en sus dos toros, totalmente distintos uno del otro. El primero otro
vulgar novillote, Hassan Rodríguez –nombre de pila bautismal- entendió a la perfección
la nobleza y tranco del noble astado, llevándole a media altura, templándole y midiéndole
distancia y terrenos para aprovecharlo al máximo. El súmmum de la faena vendría
en dos tandas por naturales, que crujieron la cintura del alegre espada, quien
previamente había pasado apuros en clavar banderillas, en tercio compartido al
lado de Leonardo Benítez. La decisión con la que se fue tras la espada, dejo un
espadazo en lo alto, para lograr tras fuerte petición de los presentes, que el
palco presidencial mostrara desde lo alto de su «pajarera” el par de pañuelos,
asegurando la Puerta Grande.

El cornalón astado que cerró plaza imponía
respeto, más que por sus astas, por lo que traía dentro. Echando las manos por
delante y con un constante y molesto calamocheo al tomar el engaño, «El Califa”
hubo de emplearse al máximo, pues el toro requería de un temple y valor a
prueba, así como una claridad de ideas que el joven espada supo sacar partido,
desde los torerísimos doblones que fueron cardinales para el resto de faena. Nuevamente
a pesar de haber dejado por la diestra muletazos aislados de gran calado, la
zurda vendría ser el pitón donde mejor se le vio, en series de aguante, siempre
con el toro midiéndole pasos para no quedar a merced de su malaje intención de
no perdonarle error alguno.

El teatro de entrar y no entrar a matar,
hizo que la plaza tomara partido por el toro, para que de nuevo se desatara la
confusión, pues pregunto yo, de que le puede servir a su hierro Ricardo Ramírez
un toro, aparte de feo de hechuras y con la versión mala de la mansedumbre que
es el genio. En fin, que de esto ni puñetera idea les interesa a los que están allá
arriban supuestamente dirigiendo e imponiendo orden en este lio que se llama
corrida de toros en la Plaza de Toros de Mérida, no vacilando en otorgar un
nuevo indulto que viene ser un nuevo y triste capitulo de descredito a lo que
una vez este coso tuvo como lo es categoría y respeto por el toro, torero y
aficionado, y en especial, mostrando la cara más opaca de lo que bien puede ser
el comienzo de una decadencia franca en cuanto a seriedad y prestigio a una
feria que muestra visos manifiestos, sino se toman los correctivos pertinentes
ante las autoridades municipales, entiéndase alcalde o cámara municipal. De
manera inmediata una vez que culmine hoy mismo la feria.

Por cierto la paliza que se llevó el torero
en toda la Puerta de Arrastre cuando le llevaba al astado a los corrales una
vez perdonado, teniéndolo a merced de sus buidas astas, no fue más que un
milagro de salvarse de un percance mayor, y que ratifica la condición de un
toro de genio y peligro no del todo entendido por gran parte de una plaza de
toros sin rumbo ni norte en lides taurinas, tal y como están las cosas.

Al salir de la plaza me preguntaba, como se
puede crear afición y educar a la misma con tardes como estas, donde no todo lo
que aparenta es lo que realmente sucedió en el ruedo. Allí queda la reflexión,
para que después no sea tarde el remedio a la enfermedad, el cual tiene claros
responsables… los mismos ya los sabemos.

 

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de
Toros de Mérida. Lunes 16 de febrero de 2015. V corrida de feria.

Poco más
de dos tercios de plaza (aproximadamente 11000 personas), en tarde soleada y
ventosa, se han lidiado cinco toros de Los Ramírez y uno de Rancho Grande (2º), en su conjunto mal
presentados, faltos de remate y muy dudosos de pitones, donde el cornalón y
geniudo que cerró plaza fue el más destacado sin grandes ribetes, de nombre
«Albardo» Nº 220 de 492 kilos, el cual fue indultado. Los demás, de irregular
comportamiento ante los engaños, además de flojos de remos.

Pesos:
478, 435, 445, 442, 490 y 492 kilos.

Leonardo Benítez: silencio
y oreja.

Morante de la Puebla:
silencio y silencio tras dos avisos.

«El Califa de Aragua”: dos
orejas y dos orejas simbólicas tras indulto.

Incidencias: Destacaron en la brega Mauro David
Pereira. *** Para hoy en la mañana está pautado llevarse a cabo la novillada
suspendida el pasado jueves, en la que con reses de la ganadería Bellavista estarán
actuando los novilleros Carlos Sulbarán, José Antonio Salas, Francisco «Chico”
Paredes, Alejandro Mejías y Joselito Vásquez, totalmente gratis a partir de las
10 de la mañana.

 

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