Sobredosis

EL APUNTE DE JUANGUI - MEDELLÍN

Sobredosis


sábado 7 febrero, 2015

Sucede que, aunque fue simple, llenó. Los taurinos vamos ampliando horizontes en busca de esa faena que satisfaga el vacío existencial que sembró alguna vez la mala elección del rigor

Sucede que, aunque fue simple, llenó. Los taurinos vamos ampliando horizontes en busca de esa faena que satisfaga el vacío existencial que sembró alguna vez la mala elección del rigor

El vacío es enorme, como un agujero negro de la existencia; una demanda que va haciendo metástasis y que se torna en una carga pesada de insatisfacción yamargura. Que, eventualmente, esporádicamente, se recarga.

Bastan unas cuantas series para requintar el tanque, como las que ejecutó hoy Iván Fandiño. Primero citando a distancia, y así permitir ver a un toro serio galopar sus instintos y repetirse en unidades de acción hasta formar una secuencia. Y luego, tres series de naturales en los que el tercero y el sexto, porque es tal la obsesión que se cuentan, fueron tan largos, tan lentos, que te permite hacer una pausa mental, observar con detenimiento, reflexionar qué tanto vale la pena ahora vivir, tomar alguna medida y hacer con ella algún cálculo, y retomarlo en el mismo punto, en el que esperan toro y torero, congelados, para continuar el recorrido acompasado.

El toro de Achury, el segundo, se desplazaba despacio pero con perfecta integración de sus partes en un todo, esa cualidad extraña que los aburridos llamamos «temple”, Condición que Fandiño aprovechó para acompañarlo, sin el efecto de la presión atmosférica, para llevarlo en cámara lenta, enslow motion, hasta el patio de atrás, una y otra vez.

En esos momentos el cuerpo hace apnea, el diafragma entra en paro legal, el corazón se detiene para abrirse paso entre el tumulto y poder ver el remate de cada una de las suertes.

Hay una pausa, un vacío en el vacío, una profunda soledad interior, una parálisis con un dictamen de muerte cerebral… que se rompe con una sensación de éxtasis, de coito interior, una seguidilla de orgasmos ligados, uno por cada tanda, o por cada muletazo, vaya usted a saber, quién se pone a contar esas ovejas.

Espadazo. «¡2 orejas aquí o en Madrid!”, sentencia el fotógrafo Golfredo, un alto rango venezolano sin desabastecimiento moral ni emocional. «¡…Y el toro era de vuelta al ruedo!”, agrega con conocimiento judicial. El ganadero Rodrigo González Caicedo, vecino astral, se levanta de su silla como un niño al que le acaba de traer regalo el niño Jesús: «De las buenas faenas que he visto en mi vida”, se enorgullece. Aunque todavía es joven, tiene en esto los años de Matusalén. «Una faena de trofeo, aquí o en la India”, pienso para mis adentros. «Se entregaron el uno al otro”, aporta Gabriel Riveros, cronista capitalino de la época del romanticismo. «Una obra de arte”, sentencia Guillermo Rodríguez Muñoz, avaluador internacional y curador de museo.

Diagnóstico post mortem:

Sensación térmica cálida.

Signos vitales estables.

Presión Arte-rial de adolescente.

Pupilas algo dilatadas, ojos levemente rojos.

Escribe incoherencias (ha escrito Apuntes mejores) y no liga bien las palabras por aparente efecto narcótico con posible sobredosis.

Aunque tiene los síntomas, no hay rastros de consumo en la sangre.

Debe permanecer en observación.

FICHA DEL FESTEJO

Feria de la Macarena 24ª(70 años). Segunda corrida (mixta). Viernes, 6 de febrero del 2015. Más de tres cuartos de plaza del aforo disponible. Se lidiaron toros de Achury Viejo, bien presentados, serios, con cara y con cuajo. Cuatro en el encaste del Conde de la Corte, dos en Domecq. Encastados. Parado el primero, destacado el segundo (mereció la vuelta), exigente con complejidades el tercero, con juego el cuarto, incómodo el quinto y áspero y ofensivo el sexto.

Diego Ventura:asumió la responsabilidad que no tuvo el primer toro y mantuvo el interés. Destacado en el cuarto, con momentos de lucidez y experiencia. Variado pero toreando. Saludo y 1 oreja.

Iván Fandiño:2 orejas y silencio.

Sebastián Ritter:Entendió hasta donde pudo al tercer toro, al que había que aguantarle y mandar. Valiente en el sexto, desafiando el peligro de un toro imposible. Silencio en ambos.