La importancia de la técnica hoy (I)

LA RAZÓN INCORPÓREA

La importancia de la técnica hoy (I)


miércoles 11 marzo, 2015

La importancia actual del toreo en la sociedad, el toro de lidia del pasado siglo y el toro actual y todo un conjunto de factores han propiciado que la técnica taurómaca dé un giro de 180 grados

La importancia actual del toreo en la sociedad, el toro de lidia del pasado siglo y el toro actual y todo un conjunto de factores han propiciado que la técnica taurómaca dé un giro de 180 grados

 

Mientras que para los impresionistas, la pintura tiene por objeto estimular el sentido de lo visual, para los surrealistas, la pintura debe estimular la capacidad de pensar. De igual modo, en el toreo, los toreros técnicos priman el conocimiento, la capacidad de pensar, sobre la épica o la estética (Cuadro de Magritte. A friend of order. 1964)

Una situación muy complicada

El toreo se encuentra en un momento muy complicado. Muy complicado, tanto dentro como fuera de las plazas.

Exteriormente y dado que el toreo no tiene ninguna presencia en los medios de comunicación de masas (fundamentalmente la TV), el toreo no existe.

Por eso, porque no existe, son muchas las personas a las que ya NO les importaría lo más mínimo que el toreo desaparezca. Que desaparezca algo que es invisible o no existe, no es importante ni preocupante para nadie.

 

 

 

 

 

Para la mayoría de la gente, el toreo no existe ya que su presencia en los medios de comunicación audiovisuales es nula salvo raras y contadas excepciones (En la imagen fotograma de una de esas excepciones. Telediario del 25 de abril de 2010 con la cogida de Tomás en Aguascalientes)

Por otro lado y si nos ceñimos al interior del denominado Planeta de los Toros y dejamos al margen a los públicos (cuyo nivel de asistencia a las plazas sigue siendo, pese a la crisis, más que aceptable), nos encontramos también con una situación complicada en la que el aficionado se ha ido distanciando, de una manera quizás excesiva, respecto al toreo que hoy se hace.

 

 

 

 

 

 

La distancia no sólo física sino sobre todo intelectual, con la que el aficionado percibe el toreo hoy día, resulta palpable y evidente (Vista general de la plaza de Madrid)

 

Un largo y complicado proceso

Ese distanciamiento, más evidente en unas plazas que en otras y que afecta a algunos aficionados más que a otros, no es reciente pues viene de lejos.

Es un proceso que se inició en los años 70, y que fue propiciado, sobre todo, por algunos revisteros y por un sector minoritario de abonados de la plaza de toros de las Ventas. Provocado, en parte, por ellos, el toro experimentó un drástico aumento en tamaño que se unió al de la edad que había impuesto el guarismo.

 

 

 

 

Joaquín Vidal y Alfonso Navalón contaron en comandita y desde su particular punto de vista lo que había ocurrido en la Feria de San Isidro del año 1975. La feria de la apertura la llamaron pues era la época en la que, aún vivo Franco, se empezaba a hablar de la necesidad de una mínima apertura política en España. Los dos periodistas proponían también un cambio (apertura) en el mundo del toro.

El toro que se empezó a lidiar en esos años (y el toro que se lidia en nuestros días), es un toro de gran tamaño, alzada, peso y pitones y, además, es un toro de mucha edad, un toro muy viejo.

El primer problema que provocó ese aumento de tamaño, fue la falta de motor de ese toro. Algo lógico pues la casta que tenía el toro de los años 60 le valía para mover su  reducido esqueleto. Sin embargo, su pequeño motor resultaba insuficiente para el gran chasis que tenía que mover el nuevo toro.

 

 

 

 

 El toro de los 60. En la imagen, del Ruedo, Atrevido de Osborne, el famoso «toro blanco” de Antoñete. Atrevido se lidió en Madrid el día de San Isidro de 1966. Pesó 486 Kg. y sólo tenía tres años como denunció la prensa de entonces.

 

 

 

Con tres años y poco peso, el toro podía moverse incluso aunque no anduviera sobrado de fuerzas ni casta (Recorte de la reseña del Ruedo publicada el día 17 sobre la edad de los toros de Osborne)

 

 

 

 No es posible con el mismo motor mover una carrocería mucho más grande manteniendo la misma velocidad. Lo mismo ocurre con el toro. El toro de los 60 se movía mucho por su reducido esqueleto. Al aumentar el tamaño desaforadamente en los 70 (en pocos años se pasó de un toro 460-500 Kg,
a un toro con 100-150 Kg. más), no era ya capaz de moverse con la misma agilidad que antes.

 

 

 

 Cogida de Antoñete por su primer toro, la tarde de su faena a Danzarín de Garzón el 3 de junio de 1982. El volumen del toro de esa década, ya no es el de los 60 (el de Atrevido). Ahora impresiona.

 

 

 

 

 

Pese al éxito de Antoñete con Danzarín (que fue de Puerta Grande), Zabala en ABC destaca lo «parados” que salieron los toros. Algo que era lo habitual entonces.Vidal calificó de «inválido” a Danzarín.

Los 70 y los 80 fueron, por eso, una época durísima en la que los diestros intentaban resolver el problema de como torear a un toro (que salvo excepciones) era grande, parado y con pocas ganas de embestir. Sin embargo,  y como tantas veces ocurre, esa dureza no era percibida desde los tendidos pues al espectador lo que le emociona del toro es su movilidad y el toro de entonces tenía menos movilidad que el de décadas pasadas.

La prensa de la época jugó un papel muy negativo, pues no supo leer correctamente el proceso que se estaba produciendo delante de sus ojos: Demonizados y criminalizados los toreros punteros (igual que ocurre hoy pues es una postura que siempre ha dado prestigio a los denunciantes), la busca de nuevas y necesarias soluciones técnicas era vista, sin embargo, como la búsqueda de ventajas y ratimagos para eludir el riesgo.

Un repaso a las hemerotecas y la lectura de las crónicas de críticos como Vidal, Navalón o Zabala padre (aunque este último, se percató luego de su error y rectificó) confirma lo que decimos. Hoy, el airado e injustificado tono acre de esas crónicas para con las figuras de entonces (a las que por fin, un cuarto de siglo después, se las vuelve a reivindicar) producen sonrojo y vergüenza ajenas.

 

 

 

 

 

La Feria de Sevilla de 1977 vista por Joaquín Vidal. Todos los tópicos del toreo actual (un camión cargado de ellos) se dan cita en este ya viejo artículo. De creerle, los grandes toreros de la época no sabían torear (o no querían torear lo que es peor). En realidad, el problema estaba en el desconocimiento del propio crítico sobre la correcta técnica del toreo, para él ventajista y mentirosa. Una visión errónea que –sin embargo- resultaba muy cómoda, por simplona, para el aficionado joven de la época (y para el de hoy). Vidal alcanzó un enorme aunque inmerecido prestigio de periodista íntegro (prestigio que hoy se mantiene) tanto por la aureola que confiere el medio en el que se escribe (en este caso, el diario El País) como por el hecho probado de que las afirmaciones tajantes y negativas, aunque sean falsas, siempre tienen mejor acogida y son más fácilmente aceptadas que las reflexiones matizadas y objetivas aunque sean verdaderas (Artículo publicado en el País, el día 28 de abril de 1977).

Pese a la reiterada denuncias de comodidad por parte de los periodistas, lo cierto es que el toreo vivió una etapa de tremenda dureza que se cerró con las trágicas muertes de Paquirri y Yiyo.

Aunque ahí se constató que las denuncias de la prensa eran, generalmente, infundadas por lo que los aficionados concedieron una pequeña tregua a los toreros, esta sólo duró hasta que, poco después, se olvidaron esas muertes.

 

 

 

 

 

Las muertes de Paquirri y Yiyo en la prensa de la época.

La consecuencia de ese aumento de edad y tamaño, es que, como hemos dichos, el toro se paró y los toreros se encontraron con un grave problema técnico pues ya no podían aprovechar la movilidad y las inercias como se aprovechaban antes. Tenían que adaptar la técnica antigua para adaptarla a las condiciones de ese toro. Un toro al que ya no se le podía esperar sino que había que tirar de él.

 

 

 

 

Para resolver el problema de ese toro tan parado se fueron proponiendo diversas soluciones técnicas. Alguna de ellas como la distancia (que caracterizó al toreo de diestros tan interesantes como el maestro Antoñete o César Rincón) fueron recibidas con general beneplácito y alborozo pues ese cite exige frontalidad, lo que trae aromas de toreo añejo. La distancia era una buena opción para los inicios de faena, pues al propiciar arrancadas largas permitía conseguir esas inercias en los remates que el toro de entonces no tenía de suyo. El problema venía cuando el toro se iba parando y ya no aceptaba el cite de largo (En la fotografía, cite de Antoñete a Danzarín de Garzón en el inicio de faena. Detalle importante, el torero cita en los medios)

 

 

 

 

Cuando el toro se iba parando y para resolver los finales de faena, otro torero, que también había reaparecido en esos años, el maestro Manolo Vázquez, rescató su personal cite de frente, también de sabor añejo pues es el verdadero cite clásico que describen las más viejas tauromaquias. El problema de ese cite es la casi imposibilidad de ligar los muletazos, lo que obliga a darlos de uno en uno. Sin embargo, Manolo Vázquez consiguió entusiasmarnos a todos, toreando así, gracias a su inmensa torería.

 

 

 

 

 

Lo complicado venía cuando el toro se paraba, lo que ocurría casi todas las tardes, pues al espectador le daba tiempo de sacar escuadra y cartabón. Para resolver el toreo en redondo, al torero se le hacía necesario citar al hilo y con la pierna retrasada (como siempre se había hecho) lo que a algunos(pocos) se les perdonaba y a otros (la inmensa mayoría), no (Cite con la izquierda de Antoñete a Danzarín de Garzón, el 3 de junio de 1982) 

Otra consecuencia de ese aumento en el tamaño del toro fue el aumento correlativo del tamaño y peso del caballo de picar y del peto. La cuadra de caballos fue bautizada (esta vez con mucho acierto) por Vidal como «la acorazada de picar”. El desequilibrio en la suerte de varas agravó el rechazo que ya venía provocando en los públicos ese tercio tan necesario por otra parte.

 

 

 

 

El caballo y el peto aumentaron desaforadamente en los 70-80 hasta convertirse en verdaderos blindados (Como se denuncia en el Blog de Tarifa donde se publicó esta foto).

Finamente, otro daño colateral importante fue la expulsión de un gran número de encastes de las plazas. Determinadas ganaderías producían y producen ejemplares que son razonablemente toreables cuando tienen tres años pero que que con más edad (4 o 5 años) y más volumen, desarrollan un excesivo sentido para el ceñido toreo que hoy se exige. Es la misma causa que expulsó de las plazas, a finales del XVIII y principios del XX, a los toros de raza castellana. Su inadecuación a la evolución del toreo.

 

 

 

 

 

 

 

 

Los toros de Luciano Cobaleda lidiados en Madrid en 1977 fueron muy terciados pero de enormes pitones y con un fiero comportamiento en el caballo. Como además fueron muy complicados y terroríficos en la muleta, entusiasmaron al público torista de las Ventas. Lo curioso del caso es que esos mismos toros (los patas blancas) eran, cuando se lidiaban en los años 60 (O sea, con 3 años de edad) muy noblotes y muy suavonesjabonosos” decía en plan de crítica, Luis Fernández Salcedo, gran detractor de este encaste). En aquella época, debido a su poca edad, no desarrollaban malicia y como además gastaban su empuje en el caballo, eran toros muy cómodos para la muleta. De cuatreños, sin embargo, desarrollaban mucho sentido defensivo por lo que resultaban casi imposibles de torear (Foto de un toro de espectacular lámina de esa ganadería obtenida del blog «Saber de toros”)

Esa compleja situación que hemos descrito sucintamente es el punto de partida desde el que se llega al toreo de nuestros días. Pero eso lo contaremos en la siguiente entrega.

 

Pequeña adenda

Los toreros no aprenden el toreo en los libros de tauromaquia ni leyendo a los revisteros del momento, sino viendo torear a otros toreros.

Antoñete aprendió el toreo viendo torear a otros toreros, igual que Manzanares padre aprendió el toreo viendo torear a otros toreros,.

Algo que deberíamos tener siempre en cuenta.

 

 

 

 

 La técnica del toreo de los años 50-60 fue la base de la técnica del toreo que vino después. Natural de Antoñete a Atrevido (Fotografía de El País)

 

 

 

 

La técnica del toreo de muleta que se empezó a desarrollar en los años 70-80, se basaba en el mismo esquema técnico que se utilizaba en los años 50-60, aunque adaptada a la diferente condición del toro de esa época, más parado y reservón (Fotografía, facilitada por Paco Carmona, del diestro José Mari Manzanares padre).

(Continuará…)