Antonio Montoliú: "Soy un picador que en mi tiempo libre doy clase en la Universidad"

ENTREVISTA

Antonio Montoliú: "Soy un picador que en mi tiempo libre doy clase en la Universidad"


martes 17 marzo, 2015

Picador a las órdenes de Juan José Padilla, el hijo de Manolo Montoliú afirma para CULTORO que "en la vida hay tiempo para todo"

Picador a las órdenes de Juan José Padilla, el hijo de Manolo Montoliú afirma para CULTORO que "en la vida hay tiempo para todo"

Antonio Montoliú es uno de esos personajes de
los que la Fiesta se siente orgulloso. Antonio Calvo es veterinario de
profesión, dueño de una clínica animal y profesor en la Universidad de
Valencia, pero de lo que se siente más orgulloso en la vida es de ser picador
en la cuadrilla de Juan José Padilla. Y de apellidarse Montoliú. «Creo que en esta vida hay tiempo para muchas
cosas, y en mi caso el tiempo libre lo he dedicado siempre a estudiar y ser
profesor. Me encuentro muy a gusto cuando realizo mi faceta de picador, al
igual que cuando estoy en un espacio docente. Porque lo importante de la vida
es que las cosas te ilusionen, te gusten, y tengo la suerte que tanto la
enseñanza del toro como el trabajo en la clínica me llenan de ilusión».
Afirma que afronta una temporada «como
cualquier otro año, intentar que se haga las cosas bien en las Ferias, que tan
importante es para llenar de combustible la moral. Afronto la temporada con
mucha ilusión por mi parte, y espero estar a la altura de un torero como Juan
José Padilla»,
señala Calvo.

Sobre
su actividad docente en la Universidad de Valencia, Calvo asegura que «una
de las asignaturas que imparto es la etnología, que trata sobre las razas y
capas de los animales. Cuando toco el tema del toro de lidia, doy unas cuantas
clases específicas de encastes del toro bravo, de morfologías, de capas, de
reseñas de un toro de lidia. Les introduzco a los alumnos en la selección del
toro en el campo, en la tienta, e incluso me los llevo a la ganadería de
Nazario Ibáñez, que está cerca, para que vean la singularidad de la cría del
animal. Siempre hay personas que no comparten nuestras ideas en clase y no
están a favor de la Fiesta, pero cuando vienen y visitan la ganadería, y ven el mimo y el cariño
con el que se trata al toro bravo, salen diciendo que nos respetan
totalmente».

Se
trata de una de las historias con más enjundia del toreo en las últimas
décadas. Ahora tiene en mente un proyecto de gran calado para la apertura del
toreo en la vida universitaria, coordinando una asignatura en la que el toro
bravo sea el protagonista. «Iría tanto a mi cargo como al de
compañeros míos de la facultad que son veterinarios en la plaza de Valencia,
con los que siempre cuento en apoyo y colaboración. Es importante dar a conocer
que independientemente de que te gusten más o menos los toros, es un mundo a
conocer en profundidad en la Universidad».

Sobre
la preparación invernal al lado del Ciclón de Jerez, Antonio Montoliú se siente orgulloso de pertenecer a su cuadrilla
por su historia y su lucha diaria. «Hemos pasado un invierno intenso en América.
Hemos estado desde finales de diciembre hasta finales de enero, y en la
cuadrilla se vive un ambiente muy bueno. Todos vamos con ilusión, con muchas
ganas, y estábamos deseando que salieran los carteles de Fallas y La Magdalena
para vernos anunciados. Los compañeros te impregnan personalidad, te transmiten
que cada día hay que estar mejor. Además Juan es un torero que, aunque tiene
las cosas fáciles porque gran parte de la temporada la tiene hecha, tiene
también que ganarse los contratos, algo que le público sabe».

Manolo
Montoliú comenzó una historia que ahora su hermano José Manuel y él están
llevando a cabo. «Cuando uno empieza, es algo que te ayuda a
que se te abran ciertas puertas. Vienes de una familia reconocida y, sobre
todo, querida entre la afición. Mi padre y mi abuelo siempre fueron amigos de
todos, le echaron una mano a quien hiciera falta, y siempre han recibido con
los brazos abiertos a todo el mundo. Quiero estar a la altura del nombre que
represento, tanto yo como mi hermano. Lo bueno es el reconocimiento personal
más que el apellido que lleve la persona. Pero también es un orgullo que tanto
a mi hermano como a mí nos sigan
comparando con quienes nos transmitieron esta pasión. Estamos
orgullosísimos».

FOTO: @jp__71