Los caprichos de Eolo

LA CRÓNICA DE VALENCIA

Los caprichos de Eolo


miércoles 18 marzo, 2015

Talavante macera en Fallas sus intenciones de ataque la tarde en que Morante anduvo a regañadientes y a Francisco Rivera se le fue un toro de triunfo claro

Talavante macera en Fallas sus intenciones de ataque la tarde en que Morante anduvo a regañadientes y a Francisco Rivera se le fue un toro de triunfo claro

Eolo era, para los antiguos griegos un dios díscolo y caprichoso que resultaba tan necesario para la vida como inoportuno para las artes. Hoy quiso presentarse en Valencia para dejar del revés lo mejor y tomarse un descanso acto seguido para no importunar cuando más falta hacía.

Tuvo el diosecillo la poca vergüenza de arruinarle a Talavante la obra de la tarde, aunque supieran en Xátiva darle importancia al suceso. Este Alejandro de hoy, continuación de los de Olivenza y Castellón, es un tipo serio y disciplinado que se sabe poseedor de la llave del toreo y ahora, maduro y mosqueado por el tiempo y sus cicatrices, tiene la ambición para asaltar el trono, la capacidad para torear cada día más despacio y la confianza para no venirse abajo cuando le pintan en bastos.

Al tercero lo probó poco antes de soplarle cordobinas genuflexas, delantales verticales y chicuelinas de alegría vistosa para rematar con una media de parsimonioso dibujo. Todo con reposo ganando siempre el paso, Al Tala le humilló el Zalduendo con el viaje siempre a menos y el viento haciendo de las suyas cuando lo citó en los medios con el cartucho del pescao, sacando el vuelo con precisa limpieza y vaciando largo el primer muletazo del trasteo, que ya encerraba exigencia. De entrega en el animal y de repetición en la arrancada, aunque flamease el trapo cual bandera arrebatada. Cita Talavante con el riñón en el morro el frente ofrecido en pleno y  los pies enterrados en albero, como estatua de sal a la entrada de Gomorra; traza despacio, muy despacio, más aún en cada tanda, aunque se inflen desaforados los mofletes de Eolo para empañar la función. Sonaba Concha Flamenca en un solo de viento cuando vencía Alejandro a los caprichos del dios. Y se fundió con las notas en arrucina sincera, en derechazo sentido, en desplante de emoción arrojando las armas a un lado y descubriendo el pecho en gesto de guerrero mayor. Otro toque de atención dio el torero con el punto más fino de este principio de temporada.

Pareció tener ese punto también Morante cuando crujió las Fallas el fin de semana, pero no fue el mismo torero el que repitió visita a esta afición. También con él se cebó el diosecillo en el segundo, pero no tenía el ánimo el sevillano para lidiar al Zalduendo espeso. Tampoco pareció tenerlo con el quinto hasta que relució la tela del capote de Carretero y fue casi imposible taparse entonces. Morante a medias con ese toro. Y un genio a medias sigue siendo un genio, pero no deja por ello de estar a medias. Por eso le dejó el trapo en el lomo por arriba en el inicio para crujirle luego el cuello por abajo; toro muerto cuando llegó el momento del toreo fundamental. Cuatro chispazos valieron para interpretar y ganarse al tendido en un trasteo al que le faltó estructura pero le sobró empaque.

Algo más -de empque- le hubiera hecho falta a Francisco Rivera para acoplarse al cuarto, con el que quiso el capricho de Eolo que se echase a dormir el viento. Le hubiera tapado algo más ese hecho la calidad al buen toro. Le faltó raza al escurrido animal para mantener la entrega que derramó en el inicio, pero le sobró humillación y desliz para manos ambiciosas que lo quisieran cuajar. Francisco le dio limpieza, media altura, acompañamiento sin fisura y pulcritud de formas, pero nunca se quiso morir por degustar un natural por reventarse el alma con un derechazo, por reunirse torero con un trincherazo. Nunca recibió exigencia el noble toro, que terminó aburrido del aburrido pasar y pasar del que regresaba del hule. En estas condiciones, tal vez hubiese sido mejor no haberlo hecho.

Entre el frío de la tarde y la tozudez de Eolo sólo surgió magistral la figura seca y fina de Alejandro Talavante, que con caprichos o sin ellos levantó la voz por encima del viento. Y van tres veces este marzo…

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Valencia. Sexta de la Feria de Fallas. Corrida de toros. Casi lleno en tarde nublada, fresca y muy ventosa.

Seis toros de Zalduendo, desiguales de presencia y tipo. De franca pero sosa embestida sin clase el primero; docilón y de corto viaje a menos el segundo; deslucido y sin ritmo el tercero; humillado obediente y con desliz el cuarto; tardo pero embestidor el soso quinto; geniudo díscolo y con mal estilo el sexto. 

Francisco Rivera «Paquirri» (marino y oro): silencio y palmas. 

José Antonio «Morante de la Puebla» (marino y oro): pitos y ovación. 

Alejandro Talavante (nazareno y oro): oreja y silencio.