Morenito: “Al cruzar esa Puerta sentí paz interior por todo lo que he tenido que tragar”

ENTREVISTA

Morenito: “Al cruzar esa Puerta sentí paz interior por todo lo que he tenido que tragar”


miércoles 6 mayo, 2015

Cuando la épica se tinta de sentimiento, surge esa magia que ni el ser humano puede explicar. Es justo lo que ocurrió el pasado sábado en Madrid. Ahora Morenito se sienta con CULTORO a revivirlo

Cuando la épica se tinta de sentimiento, surge esa magia que ni el ser humano puede explicar. Es justo lo que ocurrió el pasado sábado en Madrid. Ahora Morenito se sienta con CULTORO a revivirlo

Cuando
la épica se tinta de sentimiento, surge esa magia que ni el ser humano puede
explicar. Es justo lo que ocurrió el pasado sábado en Madrid: la épica de una
tarde en la que parecía iban a mandar las circunstancias se tintó del
sentimiento de un torero que, gracias a un toro bravo, hizo surgir en el quinto
la magia del arte. ¿Su nombre? Morenito. Y es de Aranda. Rugió Madrid ante la
embestida primero a tornillazos y luego humillada de aquel toro de Montealto.
Supo poderle Jesús para ir apaciguando, a través de tandas templadas, un tranco
bravo que requería de un pulso firme y seguro como el del burgalés. Y le recetó
seguridad, firmeza, temple y, sobre todo, el sentimiento que hace brotar la
emoción de una plaza de toros.

«Estoy muy feliz, porque
el sábado me sentí lleno de todas esas sensaciones que uno busca durante mucho
tiempo. Que haya sucedido de la manera de la que ha sucedido, con una faena tan
rotunda y tan maciza, para mí ha sido muy emocionante. Ya estoy con la mente
puesta en el domingo. A lo largo del día, hay muchos momentos en los que la
cabeza se me va a lo que sucedió aquella tarde. Creo que he tenido un gran
reconocimiento por parte del aficionado
”, señaló emocionado Jesús Martínez para
CULTORO.

Ha sido
largo el camino del torero castellano, a veces con pruebas arduas pero siempre
con la meta última de llegar donde aquel niño siempre había soñado. «Son
tantas sensaciones y tantas luchas… pero sólo te acuerdas de los momentos
buenos. Si te digo la verdad, he tenido que tragar muchas cosas, y conseguir el
sueño de abrir la Puerta Grande de Madrid creo que ha sido una recompensa justa
a todo eso. Me sentí bien conmigo mismo por todo el esfuerzo, por toda la
lucha, por toda la entrega al toreo que había derrochado durante todo este
tiempo. Iba flotando en una nube y, en esos momentos, recordaba todo lo que
había pasado”.

El
desarrollo de la tarde fue todo un reto para cualquiera que se enfunda un traje
de torear. No debe ser fácil sentirse el torero que uno siempre ha sido viendo
cómo caen tus compañeros de cartel. Morenito lo hizo y superó la prueba con
creces: mandó su sueño, que le pudo a las circunstancias. «Fue todo muy intenso. Después de
las conmociones, de cómo iba la tarde, de ese primer toro… desde el principio
mostré que quería que pasara algo allí. Cuando ya iba palpando que lo estaba
consiguiendo gracias a cómo me entregué a todo, a que pasara lo que fuera, me
sentí pleno. Sentí el reconocimiento de Madrid. Salí de verdad y me emocioné y
creo que a partir de ahí mucha gente lo hizo, metiéndose en la faena. Yo sentía
cada vez más fuerte ese rugido de Madrid que uno piensa tantas veces entrenando”.

En la
mente de los aficionados rondaba una tarde: la de la Feria de Otoño de 2010.
Aquel día la mano izquierda se hundió sobre la arena de Alcalá con tanta
repercusión que todavía los tendidos recordaban esos muletazos el pasado
sábado. Fue en la tercera tanda cuando ocurrió un hecho similar al de aquella
faena de hace un lustro: Morenito, roto interiormente, exteriorizó emocionado
que el toreo es algo más que un simple arte. Es una vida entregada. «Cuando
uno se entrega y se vacía, cuando uno se abandona y siente que puede pasar lo
que pase pero lo que está haciendo quedará grabado para siempre, uno es feliz. Cuando
se vive con tanta intensidad tu profesión no lloras de la lucha, sino que te
emocionas del camino andado. La cara es el espejo del alma y cuando uno siente
tanto, todo se desborda. Es lo que me ocurrió. Esa faena fue muy importante”.

Sabías,
días antes, que ésta iba a ser tu tarde más importante. Por eso no sólo te
fuiste a portagayola en tus dos toros, sino que te entregaste por completo
desde el primer momento a lo que dictaba tu corazón. «En muchas ocasiones, cuando uno
hace gestos, caen en saco roto y no pasa nada al final porque el destino no
quería que pasara nada. Yo quería, el viernes pasado, que veinticuatro horas
más tarde salieran hablando de mi toreo y no de las orejas que había cortado.
Tenía una ilusión tremenda porque salieran las cosas bien. En el primer toro me
fui sin dudarlo a chiqueros, y cuando ocurrió lo de Alberto, y a pesar de que
tenía dos toros más para mí sólo, también me fui sin dudarlo porque quería
demostrar que soy un torero más allá”.

En la
tarde destacó un nombre de plata, un nombre y un personaje que lleva una lucha
diaria y personal junto a ti y que sabe del camino andado hasta conseguir la
gloria de Madrid. Luis Carlos Aranda es signo y seña de lo que un subalterno
puede y debe ser para la carrera de un torero. Es ejemplo para sus compañeros. «Luis
Carlos lleva años luchando junto a mí. Entró conmigo en un año en el que no
estaba atravesando un momento personal bueno, y anímicamente me sirvió de
mucho. Sabía que tenía que encontrar una persona que me ayudara y la vida nos
puso en el mismo camino. Es un hombre que para mí, profesional y personalmente,
me aporta muchísimas cosas. Él sabe la lucha que llevo día a día para conseguir
mi sueño”.

Al
final, Madrid se quedó con cinco tandas que fueron el compendio de una carrera
dictada, ante todo, por el alma de un torero burgalés que está encontrando un
sitio importante en el lugar que soñó. «Son muchas emociones las vividas y la verdad
que la cabeza ronda muchas cosas, pero al final es otra tarde nueva y voy a ir
con mucha ilusión. Quiero que hablen de mí, luego triunfaré o no, pero quiero
que hablen de mí. Quiero ocupar un sitio importante en el toreo y quiero que el aficionado y los profesionales
me valoren de verdad”.

FOTOGALERÍA:
LUIS SÁNCHEZ OLMEDO