Oda a la política actual

LA CRÓNICA DE VALENCIA

Oda a la política actual


viernes 18 marzo, 2016

El futuro y la fiesta ganan el mano a mano: dos orejas cada uno pasearon El Juli y López Simón en otro mano a mano con toros de Garcigrande que no defraudó

Oda a la política actual

JAVIER
FERNÁNDEZ-CABALLERO

Si
algún atisbo horroroso asemeja la política al toreo es que en ambas disciplinas
uno gana y otro pierde. O pueden perder unos para ganar otros. O se unen dos
ganadores –o perdedores- para que su fuerza sea falso aunque efectivo triunfo.
Algo parecido fue lo que hoy vivió Valencia con El Juli y López Simón: ganó la
Fiesta que, unida a una plaza a reventar que volverá a venir a los toros porque
quedó satisfecha, se fue plena de la emoción que los dos madrileños sellaron
sobre su arena. Y pactaron un triunfo
con una clara mayoría de Julián pero un importante número de escaños de Simón.
Así son las nuevas políticas: el cambio, que llega en el momento perfecto para
la tauromaquia, necesitó de la nueva democracia jovial para reverdecerse y
apostar por un futuro en el que, juntos, sumamos más.

Un Juli
con dieciocho temporadas a sus espaldas se vio sorprendido por un Simón con
tres Puertas Grandes en Alcalá que vino a echarle a la cara el escupitazo por
ver quién era el mejor. Correcto políticamente medicó al noble pero desclasado
abreplaza, un toro al que se atrevió a imprimirle incorrección bajándole la
mano a pesar de sus feos embroques. Dulcísimo,
haciendo el avión y provocando al torero, que se esmeró por momentos ante un
astado que no fue claro.
Eso sí, puso la plaza en pie en la última tanda haciendo
alarde de su capaz transmisión.

Intentó
engañar democráticamente Julián al tercero, un toro que mentía descaradamente
por ese pitón y a punto estuvo de atravesarle el corazón en un derrote. Fue populista y le recetó verdad, y
haciendo alarde de su oratoria griega para hacer política conciliadora, se
llevó a su parcela de forma políticamente incorrecta a un toro que tuvo de todo
menos precisamente honradez
. Una estocada en los mismos medios trasera y
tendida puso fin al cuento.

Distraído
salió el quinto, con el que el político pidió la justa paciencia para que no
imputaran al toro antes de declarar: y lo hizo en el caballo auto-declarándose
culpable para ser devuelto. No impuso corrupción un sobrero al que las lopecinas
le sentaron como caricias revoltosas para que la vistosidad, que no es muy
amiga del temple, mostrara a los no aficionados el pasado de un torero que
ahora se enfrenta al cambio. Ese alarde de Juli fue en la contestación al
jovial atrevimiento de López Simón por cambiadas de rodillas. La diana floreada
fue aviso de elecciones, que llevó a efecto sin consulta real Julián con un
molinete que le sirvió de colocación del garcigrande.
Y le cortó la oreja de la mayoría absoluta.

Tiene el López Simón actual la falta de
depuración conceptual de quien sólo lleva unos meses en la cumbre pero el
hambre de quien quiere estar toda una vida en ella
. No le tocó el capote ni una
vez el feo segundo, que con la parsimonia de las estrellas tranquilas brindó
cabizbajo al público. Naturalísimos fueron los derechazos erguidos de una
primera tanda hilada con el inicio que se ganó el voto fácil del pópulo en las
andanadas; hizo de la naya su bastión con el poderío de la segunda también por
el mismo palo; la mayoría simple
dependía de una tercera serie que comenzó entrelazando por circulares y terminó
cuajando por larguísimos derechazos.
Se echó al bolsillo el voto favorable
del tendido alto con los largos naturales del tercer párrafo.

Tenía
ya el tendido bajo con el papelito en su mano, que terminó entregándolo a la
urna cuando los gañafones del animal, aun sin música, los transformó en poemas
de toreo subterráneo. Por último, el estoconazo se hizo presa de la aristócrata
barrera, que le otorgó su beneplácito cuando lo vio después crujirse en un
desplante. Esa espada ya sí fue mayoría simple a la madurez de un López Simón
que tuvo y conformó al pueblo de su mano en ese segundo.

Dio
Alberto un mitin en el cuarto para arrodillarse, cargar la suerte y meter
riñones incluso de hinojos. Relajó el cuerpo en la siguiente porque sabía que
el pueblo ya era suyo pues le había entregado el voto de rodillas: prefirió vivir arrodillado a ser un
populista en pie y reinventó ese toreo eterno también sin levantarse
. Esa
tanda por la diestra sintiendo el aroma de la pólvora que desde la calle de
Xátiva llegaba fue clave populista para pedir el voto incluso antes de sacar el
acero. No aparentaba el sexto lo que pesaba, con el que no consiguió escaño en
el escrutinio final de ese cierraplaza para una tarde en la que Julián se
impuso –siempre con pacto mediante-.

La
política, sorna misma de la vida, mucho se parece a un cambio en el toreo que
parece evidente y que, sólo ayer y hoy, reunió a orillas del Mediterráneo a veinte
mil locos en busca de la sensación única que produce esta afición. Y esas decenas de miles de almas se
pusieron de acuerdo para otorgar la mayoría absoluta al cambio generacional que
en menos de 24 horas fue realidad material.
La política y el toreo –repito,
odiosa y repugnante comparación – sólo tienen en común en que están en cambio.
La realidad de este 18 de marzo respetó la tesis. Y un Juli con mayoría simple
requirió del pacto con Alberto para ser la mayoría absoluta que hará a las doce
mil almas que hoy poblaban la plaza de Valencia que vuelvan a los toros el Día
de San José.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de
Valencia. Novena de la Feria de Fallas. Corrida de toros. Casi lleno en los
tendidos.

Toros de Garcigrande (primero, segundo, tercero,
cuarto y cuarto bis) y Domingo Hernández(quinto y sexto), desiguales de presentación. Noble, obediente y humillado el
manejable castaño primero; humillado, largo y con fijeza el negro segundo;
áspero y díscolo el tercero; devuelto el cuarto por flojo; obediente, humillado
y potable el cuarto bis; entregado y con clase el buen quinto; noblón y obediente
sin transmisión el sexto.

Julián López «El Juli” (nazareno y oro): ovación, oreja y oreja.

Alberto López Simón (turquesa y oro): oreja, oreja y ovación.

FOTOGALERÍA: JAVIER
COMOS