El que quiera más, que venga mañana

LA CRÓNICA DE SEVILLA

El que quiera más, que venga mañana


martes 12 abril, 2016

Día gris en Sevilla con una desesperante corrida de Jandilla de la que sólo López Simón arañó una vuelta al ruedo; ovacionado se fue Urdiales y silenciado un Morante que no tuvo opción

El que quiera más

EMILIO TRIGO

Día gris en Sevilla
con un cielo cárdeno oscuro, como la tonalidad de los astados que se lidiarán
el miércoles de farolillos. Los afanados toros de Victorino Martín. Por cierto,
sólo se aprobaron cuatro de los siete presentados en el primer reconocimiento.
Tal vez esa climatología irregular que estamos soportando en la tierra de María
Santísima, es la responsable de que faltarán algunas entradas para el lleno de
no hay billetes. Gran cartel e igual respuesta de público con una Maestranza en
tonalidades grises pero repleta.

El primero tan bonito
como falto de fuerzas. Al corral por inválido, tras algunos lances personales
de Morante. El primero bis, se pegó varios topetazos con mucha inercia contra
los burladeros. Nada relevante con el saludo de capote del sevillano. Recibió
el de Albarreal dos varas en las que se dejó pegar. Castigo medido y justo.
Inexistente faena de José Antonio ante un toro totalmente parado. Abrevió. El
cuarto, estrechito de sienes, largo y en línea Villamarta tampoco ayudó al
lucimiento en la lidia. Todo aconteció con parsimonia aletargada sin que
ofreciera la más mínima emoción. Sin vida llegó al último tercio e inédito
quedó Morante. En su haber el sevillano dos lapas para el recuerdo.

El segundo de la
tarde, un toro muy en Jandilla, bien hecho, atisbó estar justo de fuerzas nada
más saltar al ruedo. Urdiales, el esperado por Sevilla, sólo apuntó algún lance
por ello. Durante la lidia perdió las manos varias veces sin que la protesta
fuera a mayores. El castigo meramente protocolario. Diego brindó al respetable siendo
consciente de que su oponente estaba muy limitado. Su faena fue el resultado de
la paciencia que se adquiere con la madurez de los años ante un astado de
escaso recorrido y demasiado volumen. Le sobraron 100 kg. al Jandilla en su
esqueleto. Urdiales hizo lo que tenía que hacer buscar en su interior y dejar
fluir el muletazo. Un trazo que sale del alma y se llena de sentimiento. Tan
sólo tres o cuatro partituras del riojano que supieron a gloria. Poco más ante
el deslucido que tuvo en frente. Estocada y ovación. El quinto un toro largo y
alto, hizo cosas raras, regateó en los capotes y tampoco fue franco en el
recibo de Urdiales. Otro que pasa el trámite burocrático de la suerte de varas.
Labor inocua, estéril de todo ante un desclasado que soltó la cara por todos
lados. Lástima porque nada se pudo hacer ante tan paupérrimo animal.

El tercero de la tarde
-con cielo más despejado- se desfondó a media que transcurría su lidia y
posterior faena. Irrelevante en los tercios previos a la muleta. Sin embargo,
López Simón con tan sólo tres metió a toda Sevilla en su pulcra y suave labor.
Simón lució temple y valor seco. Abrió el espacio para prolongar la longitud
del trazo pero a veces estaba a merced del toro. Un Jandilla de gran nobleza y
calidad en su embestida que aguantó justamente la exigencia del madrileño.
Arrancó la música, tras ligar un par de series muy bien estructuras y con un
torero abandonado. Pasodoble que continuó cuando Alberto se rozaba en las
puntas de su oponente. Tragantón de ley y espadazo de libro. Sólo la suerte
suprema vale el trofeo solicitado. Al final vuelta tras petición. Al sexto, lo
recibió Alberto con estético capote y ganando terreno en cada lance. Hubo sabor
en las verónicas. Cumplió sin someterse al castigo el último de la pesada
tarde. Brindó López Simón al respetable el cierraplaza. Un toro que perdió en gas
en la primera tanda. Probó y miró en las probaturas iniciales escapando en cada
arrancada toda su vida. Un mortecino que deambulaba por el ruedo y frente a eso
Alberto quiso, pero nada de nada. Imposible hasta arrimarte. Lo mejor el
espadazo de cierre.

En resumen una tarde
que pasó con más pena que gloria. Una corrida de Jandilla que pareció enferma
con toros sin vida, mortecinos y vacíos por dentro. Final de una historia que
no tuvo historia y tal y como afirmó el ‘Pasmo de Triana’, Juan Belmonte,
«El que quiera más, que venga mañana».

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de la
Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Décima de la Feria de Abril. Undécima
de abono. Corrida de toros. Casi lleno.

Cinco toros de
Jandilla, uno de Vegahermosa –el cuarto- y uno de Albarreal –el primero, como
sobrero-.

José Antonio «Morante de la Puebla”, silencio y silencio.

Diego Urdiales, ovación y silencio.

Alberto López Simón, vuelta y silencio.