Hermoso de Mendoza: “Mi secreto de éxito es la pasión, y con ella voy a Madrid”

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ENTREVISTA

Hermoso de Mendoza: “Mi secreto de éxito es la pasión, y con ella voy a Madrid”


sábado 4 junio, 2016

CULTORO ha querido realizar una pequeña ojeada de toda la trayectoria del rejoneador navarro con motivo de su cita en el coso venteño donde se acartela con Leonardo Hernández y Lea Vicens

CULTORO ha querido realizar una pequeña ojeada de toda la trayectoria del rejoneador navarro con motivo de su cita en el coso venteño donde se acartela con Leonardo Hernández y Lea Vicens
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NATALIA GIL

Los inicios
nunca suelen ser fáciles y menos cuando te lanzas a una profesión como es el
rejoneo. Encontrar y domar caballos verdaderamente toreros, en una primera toma
de contacto, no está al alcance de todos. Pablo Hermoso de Mendoza tuvo que
empezar de cero: «mi vida transcurría muy pegada al caballo desde niño haciendo algo de
concurso hípico. Por otro lado, estreché lazos con la cultura del toro de la
forma que se vivía en Navarra: vaquillas en la calle, también después de las
corridas de toros, encierros… etc. Todo aquello me apasionaba y se me ocurrió
unir aquellas dos grandes pasiones: el caballo y el toro”.
Aquel joven
un afortunado día vio una retransmisión de una corrida de rejones desde Madrid
que cambiaría su vida: «aquello fue un impacto tremendo. Ver la
expresión de los caballos, los movimientos, cómo se canalizaba la embestida del
toro… Desde aquel momento se arraigó aquel sentimiento en mi mente y en el
alma, quería vivir y descubrir en primera persona esos secretos”.

Había que
empezar a andar el camino. Pasó unos años de gran soledad debido a la ubicación
y sin apenas información. Poco a poco comenzó a recibir oportunidades y a poder
compartir tardes con grandes figuras de la época: «Manuel Vidrié, Rafael Peralta,
Javier Buendía, Curro Bedoya, Ignacio Vargas… de ellos solo tengo buenos
recuerdos. Prestaban su mano el chico joven y desprotegido, siempre tenían palabras
de aliento y consejos que darme”.
Pero aunque la situación del navarro no era
comparable nunca lo vio como un problema: «el secreto de que no hubiera tensiones
entre los compañeros fue que el momento que me tocaba vivir no lo veía como una
pega, me tocó vivirlo y no me parecía mal. Lo que podrían haber sido unos tres
años de aprendizaje, se convirtieron en once pero luché por ello”.

El apoyo más
fuerte fue esa pasión de principio a fin por lo que hacía. Y esa pasión dio sus
frutos y le colocó en los primeros puestos del escalafón: «me encontré con una competencia
muy fuerte, como eran los Domecq, Bohórquez, Cartagena… pero fue una acogida
buena, de rivalidad en la plaza pero siempre con muchísima armonía y cariño. He
tenido una gran relación con todos ellos”.

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Comenzó a pisar
terrenos que al aficionado le entusiasmaron: «creo que fui un torero de esos
que movió el engranaje del rejoneo, se puso de moda, se hablaba mucho de mí y
de mis caballos”.
Sus compañeros fueron una pieza clave en su triunfo
porque aquellos hijos del famoso Nilo brillaron con luz propia: «la
historia de Cagancho parece de sueño, escrita para un cuento. Lo compré por ser
el más asequible con unas úlceras sangrantes pero desde que llegó a casa comenzó
la magia, en un primer momento lo saqué para matar pero aquel no era su sitio
hasta que descubrí que era en banderillas cuando una tarde lo saqué por
necesidad y se hizo un arco quitándose del toro. Ahí descubrí que tenía algo
importante entre mis manos”.
Automáticamente Pablo viajó a Portugal en
busca de hermanos de Cagancho y encontró a Chicuelo, un caballo complicado que
el maestro Vidrié opinaba que lo montaba un gran jinete y hacía desaparecer
muchos defectos: «Chicuelo cayó perfecto en mi cuadra, era el polo opuesto de su
hermano. Un bicho, no paraba quieto, con un carácter indómito. En la plaza
había que seguirlo a él y hacía cosas naturales delante del toro que ni yo
mismo me esperaba”.
Gallo fue el menos famoso pero el más artista: «dudó
menos, quizás menos impactante en el público pero el buen aficionado siempre se
acordaba del momento de la suerte porque la ejecutaba con una extremada
suavidad. Cuando sus hermanos habían perdido el sitio en el mes de octubre, él
seguía al pie del cañón. Fue el mejor semental en mi casa y uno de los mejores
en cuanto a números de hijos toreando. Su hijo Chenel me aportó una de las
sensaciones más profundas toreando por su sutileza, habilidad y expresión”.

Este caballero
los dio el lugar y el nombre que se merecían, de grandes toreros de la
historia: «fue mi aportación como jinete y apasionado de los caballos. Yo tenía
mi protagonismo en la plaza pero el caballo y el toro también y, eso, había que
compartirlo”.
Elegía nombres de toreros a los que él admiraba y culminó
esa preciosa obra con el nombre de Chenel ya que le unía una bonita y estrecha
relación y, de alguna manera, quería mostrarle su pequeño homenaje.

La labor de
Hermoso de Mendoza no iba a quedar en la plaza y se adentró en el mundo de la
crianza del caballo de torear: «no lo tuve muy difícil porque contaba con
un catálogo de grandes caballos toreros y me permitió entremezclar esa genética”.
Sacó caballos importantes con su hierro siendo unos potros como Pata Negra y
Caviar: «fueron dos caballos sin suerte porque apuntaban a ser estrellas de una
magnitud tremenda pero tristemente Pata Negra se fue a torear al Cielo y Caviar
pasó un mal trago delante de un toro en Lisboa y le acompañó toda su vida, él
sí que sigue en casa”.

En la actualidad
cuenta con una cuadra de las más completas: «no destaca ninguno porque creo,
que no tanto porque no sean estrellas, sino porque hay dos o tres que están a
un nivel muy fuerte. Disparate destaca por la capacidad de adaptarse a cualquier
tipo de toro y de conectar con el público. Berlín tiene una capacidad de tempo,
de permitir recrearte al torear. Beluga, hijo de Caviar, lo llevo despacio por
miedo a lo que pasó con su padre pero está tomando un buen camino. Napoleón, de
salida, es capaz de guiar a un toro o de marcar verdaderos lances. Hay caballos
nuevos como Alquimista y Ágora que me están dando buenas sensaciones”.

Su entrenamiento
bebe, en gran parte, de la doma clásica destacando la armonía, la suavidad y el
equilibrio: «admiro mucho la doma clásica, es la técnica llevada a su máxima
expresión pero también el yoga es esencial, busco el equilibrio mental y
corporal con el caballo. Mi entrenamiento es atípico, lejos de echar vacas
busco esa conexión con el caballo, que mi órdenes sean tan sutiles que no tenga
apenas que tocarlos porque en ese canal que hemos creado todo fluya. Así, la
técnica me resulta más sencilla”.

Esta equitación para
Pablo es fundamental. Todos los caballos que salen de su casa llevan una base
echa: «los pongo en manos de rejoneadores que han pasado su aprendizaje en casa
para que toreen, en mi cuadra no hay sitio para tantos por desgracia pero no
los quiero quitar la oportunidad de expresarse. Cuando termina la temporada los
vuelvo a recoger por si repesco alguno”.

Hace 16 años que
Hermoso pisó por primera vez México donde le recibieron con los brazos abiertos
y le hicieron sentirse de allí hasta el punto de plantearse, junto a su
familia, quedarse allí a vivir. Este año ha aumentado el número de festejos por
no ir a Sudamérica: «he toreado unas 47 corridas en tres meses, a un ritmo trepidante. Todo
ha marcha muy bien y, sobretodo, saber que sigue vigente ese seguimiento por
parte del público es un auténtico regalo”.

Volvió a España
y triunfó en Nimes cortando dos orejas: «fue un principio soñado, es una de las
plazas más queridas, su público es intelectual que vive la Fiesta con gran
respeto, cariño y mimo. He vivido sensaciones maravillosas como el indulto de
un toro, cortar unos 12 rabos. Es una de las plazas donde más me identifico y
me siento yo mismo”.
El triunfo lo siguió acompañando en Córdoba
cortando dos nuevas orejas: «tuve muy buenas sensaciones con los
caballos”.
Campo Pequenho no iba a ser menos: «es uno de los días más exigentes
de todo el año. El público es muy conocedor y con mucha solera. Siempre es un
placer triunfar allí”.

Su próxima cita
es con la afición madrileña: «indudablemente cuando llega este momento, en
cierto modo me invade la inseguridad de si estará todo bien, si llevo a los
caballos en buen momento. Repaso en todo momento a cada caballo para terminar
esperando que llegue el momento y con él la inspiración, que un toro embista y
que pueda estar acertado”.

Se cataloga como
un rejoneador clásico. Aunque haya cambiado su indumentaria no se ha salido de
la tradición: «Alvarito Domecq me contó que los Miura acosaban con él, es propio de
la serranía de Ronda. Creo que es más cómodo que una calzona, como en otra
disciplina ecuestre”.
En esta línea por mejorar y hacerlo más sencillo
se cuestiona un nuevo punto: «creo que el mosquero no es cómodo para el
caballo mientras torea. Es una tradición para quitarse las moscas pero en la
plaza, éstas, no me preocupan. Yo no estaría cómodo toreando con una cortina en
los ojos. La vida es evolutiva y hay que cambiar algunas cosas”.

Con 50
primaveras es una leyenda viva del rejoneo que no concibe su vida sin hacer lo
que más le gusta, torear: «no me gustaría retirarme, aunque sólo
torease tres o cuatro al año y, al siguiente, se convirtiesen en tres
festivales. Yo quiero seguir haciendo lo que más me apasiona siempre que pueda
pero también disfrutar de otros aspectos de la vida que no he podido. Creo que
encontrando la fórmula podré hacerlo”.

Ha construido un
legado que no quedará vacío ya que él y su mujer han sabido transmitir la pasión
por el caballo y el toro a sus tres hijos: «mis hijas se inclinan más por la doma y
Guillermo por el rejoneo. Me da igual lo que ellos decidan, tan solo era
importante que estuviera relacionado con este precioso mundo. Es verdaderamente
gratificante ver que toda una vida dedicada a ello ha calado en el sentimiento
de tus hijos”.

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