La casta la pusieron ellos

ROQUETAS DE MAR

La casta la pusieron ellos


sábado 23 julio, 2016

Fandi y Talavante por la puerta grande. Ponce magistral toda la tarde pero erró a espadas con el cuarto. Mala corrida de Alcurrucén que sacó mucho genio.

Fandi y Talavante por la puerta grande. Ponce magistral toda la tarde pero erró a espadas con el cuarto. Mala corrida de Alcurrucén que sacó mucho genio.

EMILIO TRIGO

 

La alegría de unos tendidos llenos en la plaza de toros almeriense de Roquetas de Mar acogía esta tarde de
sábado la localidad andaluza. Hacían el paseíllo en el coso Enrique Ponce, El Fandi y Alejandro Talavante frente a un
encierro de Alcurrucén. Con un minuto
de silencio en memoria de Víctor Barrio rompió el paseo. 

Una corrida de toros que congregó a todo el aforo de la portentosa plaza de
toros de ‘Las Salinas’. Enorme ambientazo en Roquetas para ver este lujoso
cartel. Un tarde que estuvo marcada por el preocupante juego de los toros de Alcurrucén, que sacaron mucho genio y
violencia en sus embestidas. Ante semejante panorama, los tres diestros
supieron poner la casta que les faltó a sus oponentes y complacieron a los
repletos tendidos. 

Enrique Ponce, una vez más en
catedrático ante el peor lote. La espada la privó la puerta grande. Enorme demostración
del valenciano. Enrique Ponce volvió a dictar una clase magistral de capacidad e inteligencia
torera. Sólo Ponce es capaz de
realizar tan majestuosa obra con un toro tan exigente. Tuvo carbón el Alcurrucén, genio y mucho. Midió. Astado
nada fácil que pedía dominio y que Enrique se lo dio por toneladas. Tanto fue el poderío del valenciano que terminó
desbravando al abreplaza que al final reculó en intensidad su embestida. Faena
por ambos pitones con técnica y poderío, dejando a un lado la ligazón aunque
también la hubo. Un verdadero tragantón del maestro. Estocada arriba y una
oreja. Antes el toro salió dormido sin proporcionar nada relevante en los
primeros tercios, salvo que se pudo a la defensiva en banderillas e hizo pasar
las de Caín a los de plata. 

 

El cuarto salió muy similar al primero. Enterándose del lugar. Otro que
tampoco dejó estar a gusto a Ponce con el capote. El segundo
del lote del valenciano nada más vio al caballo que hacía la puerta se fue a
por él. Como una bala buscó los petos hasta que por «cojones» lo
derribó. Su comportamiento a la retranca, sin querer nunca, se manifestó en
banderillas esperando a los de plata. Así llegó al último tercio. Sin ir de
verdad y bruto donde los haya. No era toro de faena lúcida, era de pasarlo de
un lado a otro. Y punto. Claro que no contaba que estaba delante Ponce para
formarle un lío. Pareció Enrique un joven chaval que empieza y que debía
aprovechar cualquier oportunidad. Su ambición sin límites, al igual que su
infinita sabiduría, supo manejar a su antojo las violentas embestidas del Alcurrucén. De no pinchar era de oreja y puerta grande, pero fue en lo único
que no acertó. Además el puntillero levantó al toro y enfrió la cosa. 

El Fandi, no escatimó esfuerzos
para lograr un triunfo muy trabajado. El granadino se peleó con oficio ante sus
dos oponentes. El segundo salió parado, enterándose de donde estaba y midiendo
a los de plata en cada burladero. El Alcurrucén era un ‘taco’ de bien hecho, pero llevaba guardado mucho genio dentro. Marcaba
una y otra vez a rajarse, y cuando iba a los engaños, iba con todo su poder.
Así se llevó los primeros tercios, donde Fandi no pudo
brillar con el capote como otras veces. Le endosó varias largas cambiadas y un
animoso quite por chicuelinas pero su antagonista desdibujaba la creación. Eso
sí, el granadino se rehízo en banderillas, donde estuvo soberbio. Al igual que Ponce,
brindó al respetable en los medios pero para entonces el toro era otra cosa.
Aflojó en recorrido y tardeó para tratar de coger la franela con violencia. El
medio viaje lo aprovechó David para
darle fiesta y componer una labor que conectó pronto con el público. Esfuerzo
de Fandila para plantar cara a un
animal que pasó de pegar arreones a zorrón.

El quinto era más alto de agujas, recogido de pitones, con cuello. A este, Fandi lo
recibió con dos largas cambiadas en el tercio y pulcro veroniquear. Tras las
dos varas donde se empleó David movió el percal con soltura por navarras lucidas. El granadino formó tal
alboroto con los palos, que Roquetas en pie, le pidió un cuarto par. Otra clase de como banderillear. El quinto que
resultó sin clase alargaba el cuello para topar con la muleta, muy deslucido
que se movía a su antojo y con brusquedad. Ante semejante animal Fandila volvió a tirar de oficio y
recursos para buscarle las vueltas y darle nuevamente fiesta. El Fandi se vació en entrega y pundonor
ante el segundo de su lote. Espadazo que vale por sí sola un apéndice. Dos
orejas las que arrancó el granadino. 

Alejandro Talavante, se paseó por Roquetas
con la majestuosidad de su toreo cautivador. Debió salir con cuatro orejas en
el esportón pero su error con los aceros se lo impidió. El tercero, negro,
estrechito de sienes, le regaló a Talavante varias embestidas
de inicio y el extremeño le enjaretó un saludo de la casa ganando terreno en
cada lance y llegando cerca de chiqueros. Alejandro atravesó toda la plaza pegando lances. Una vara y a otra cosa. El
extremeño se sacó un quite con el capote a la espalda muy ajustado y aplaudido.
También brindó Alejandro al
respetable. En los medios, a pies juntos y por arriba inició su excelsa labor. Talavante desplegó toda su artillería
con un torero ligado, suave y cautivador. Un toreo que se adueñó de la plaza en
fondos y formas, ante un toro mansito pero encastado, que salía distraído con
la cara arriba en cada muletazo y que su matador, lo amarró en la pañosa para
que no se largara. Alejandro en el
epílogo de la sobresaliente obra se permitió los desplantes al tendido. La
espada y el descabello lo empañaron todo. 

El sexto no fue lucido para el capote de Alejandro. Otro que salió a la defensiva y que cumplió en varas sin
más historia. Él cierraplaza esperó mucho a Trujillo y López en
banderillas. Desafiando a los de plata, que tuvieron que exponer mucho para
dejar los palos. Talavante muleteó al último por ambos pitones
poniendo la transmisión que la faltaba a su deslucido oponente, que fue
el menos brusco en la franela y que el que menos decía también. Alejandro buscó acortar las distancias
para meterse con sinceridad en medio de sus astas y arrancar medios muletazos
con estética por el corto viaje. Finalizó su notable labor ante el noblón con
bernadinas muy apretadas. Estoconazo y gritos de torero, torero. Dos orejas. 

 

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Roquetas de Mar, Almería. Segunda de Feria. Corrida de
toros.

«Lleno hasta la bandera”

Seis toros de Alcurrucén, bien presentados que sacaron genio y complicaciones.

Enrique Ponce, oreja y palmas.

El Fandi, oreja y dos orejas.

Alejandro Talavante, ovación y dos orejas.