Javier Jiménez puede, quiere y debe ser

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LA CRÓNICA DE SEVILLA

Javier Jiménez puede, quiere y debe ser


sábado 24 septiembre, 2016

Mala corrida de Alcurrucén que no dio opciones a la terna. Sólo se salvó el manejable tercero. Morante dejó perlas en el primero y nada con el cuarto. Ureña se estrelló ante un lote infumable.

Mala corrida de Alcurrucén que no dio opciones a la terna. Sólo se salvó el manejable tercero. Morante dejó perlas en el primero y nada con el cuarto. Ureña se estrelló ante un lote infumable.
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EMILIO TRIGO / FOTOGALERÍA: EMILIO MÉNDEZ 

La tarde no será recordada por un gran triunfo, puesto que no lo
ha habido, pero sí pasará a la historia reciente de San Miguel por ser la tarde de Javier
Jiménez
. Un torero joven, tapado dentro del escalafón que poco a poco ha
ido creciendo hasta acaparar la atención del sector. El mayor de los hermanos
Jiménez ha crecido taurinamente y ha desarrollado un toreo de gran fondo de
armario. Torero largo por capacidad y
torero de gusto por estética y clasicismo. Un joven con mucho temple en sus
manos, que de forma callada ha subido peldaños a base de triunfos
sonoros,
como la puerta grande de Madrid. Ese y otros tantos, le han valido para estar
hoy en la primera de San Miguel,
junto a Morante y a Ureña. Y desde luego la tarde fue para
él, porque Javier Jiménez quiere y
puede. Así lo ha demostrado hoy en Sevilla,
que llegado a tapar hasta Morante en
el quite al sobrero. La raza de la juventud y la fe del corazón.

Salió en el mismo son de dormido que los anteriores pero Jiménez que fue a por él a la boca de
riego lo espabiló con el percal. Tres verónicas de sello personal y una media
en el centro, clausuró un vistoso recibo. Este era un negro girón sin mucha
codicia pero con algo más de chispa en su embestida. Se movió sin rumbo por el ruedo como un niño perdido en la playa.De aquí para allá. Sin embargo después de varas el pupilo de los Lozano echó el freno y se puso muy
tardó en la lidia. ‘Lipi’ le ayudó en todo momento para alargar el
justo viaje. Bien el de plata
. Javier brindó al respetable.El sevillano muy encajado le presentó la
muleta con suma claridad de ideas y lo reventó por abajo de primeras.
Gran
tanda inicial que además de estética abrió el camino al toro. Otra más con la
diestra que tuvo ligación y temple, además de llenar la obra con seguridad. Jiménez le cambió el pitón, cogió la zurda
y
la Maestranza vivió naturales de
cintura quebrada y muñeca roca.
El hispalense con la cabeza despejada
prosiguió con la misma cadencia por ahí y mantuvo el máximo interés en su
buena labor. Otra con la diestra donde lució un temple natural y mucha quietud
ante una embestida andarina. Javier estuvo torero y seguro en su faena pero
falló con la espada, en un inoportuno pinchazo antes de la estocada. Vuelta
tras petición ante un manejable tercero.

Hubo que esperar al sobrero para saborear el mejor toreo de
capa de toda la tarde. Javier se
lució en un recibo variado y personal, dejando fluir la verónica y las
chicuelinas engarzadas. Tras la primera vara de las dos, Jiménez le endosó un preciso quite mezclando tafalleras y capote a
la espalda. Morante quiso enjaretar
el «quite del perdón» pero aquello no se remató y tampoco finalizó de
forma compacta, la voluntariosa réplica de Javier
Jiménez
. Otra vez ‘Lipi’ se lució.
Ahora con los palos en dos grandes pares que pusieron al respetable en pie.
Javier Jiménez brindó a Morante.Toro alto, muy serio de cara y desrrazado en el último tercio. Probón, mirón, reservón
que tiraba hachazos por todos lados. Astado de hule que desarrolló sentido
hasta hacer presa. Volteó fuertemente al
sevillano en angustiosos segundos con Javier colgado de los pitones.
El
joven diestro tiró de raza y actitud ante uno muy complicado. Jamás volvió la cara Jiménez a pesar de la
tremenda paliza que tenía encima
. Ovación.

El otro sevillano, Morante
de la Puebla
, no terminó de «echar la pata para alante» cuando se está por encima del bien y del
mal, todo se consiente y todo vale.
O dicho de otra forma, con poco me
conformo y ahí tenéis un aperitivo en el primero. Cierto que no tuvo lote, si
bien, la actitud apática en el cuarto dejó mucho que desear. Manso de libro el
abreplaza. El primero de la tarde no dejó que Morante le pegara ni un lance. Un toro de preciosa lámina, chorreao
girón, lucero y calcetero que no quería embestir. Astado de viaje insulso,
corto y desganado al que no se castigó en varas. Trámite burocrático. El de la Puebla buscó y rebuscó en el
escaso fondo del Alcurrucén hasta conseguir sacar alguna gotita personal.
Un Morante con ganas y un toro
pasota de formar alianzas entre ambos. Eso sí la parroquia está deseosa de ver a José Antonio cuajar un toro, puesto
que lo más mínimo se jaleaba como si fuera el acabose
. Por encina Morante
que se justificó con creces. Pinchazo, casi entera y ovación.

Muy parejo de hechuras a sus hermanos el segundo del lote de Morante. Toro alto de agujas y de cara
colocá que tampoco rompe en el capote. Tediosa lidia con inocuos tercios. Lo
más destacable el impávido quite de Ureñacon el capote a la espalda. Lo demás para olvidar pronto con un astado
ausente de todo y de todos. Morante se
puso por allí ante un toro tardo y negado a embestir.
Nada que hacer aunque
se percibió la apatía del astado y del diestro. Casi entera contraria,
descabello y pitos.

El peor
lote con diferencia se lo llevó Paco Ureña.
Literalmente se estrelló ante dos desechos de bravura. A pesar del paupérrimo material Ureña siente el totreo en la barriga y lo
expresa con el alma.
Dejó dos o tres apuntes para el recuerdo pero con toda
la verdad del que lo lleva dentro. Salió andarín, mirando a todos los estímulos
y con un cuarto de embestida en el capote plano de Ureña. El murciano salió a
pies juntos con la planta erguida y con expresión en el cuerpo, pero vio cómo
su toro era un pasota de órdagos.
Cada lance era un «déjame
tranquilo» y en varas apretó tapándole puerta. Ureña sin prisas pero
pronto y en la mano, le endosó tres iníciales que espabilaron al público.
Un verdadero oasis entre la nada. Lástima que eso endulzara al respetable,
puesto que a la siguiente otra vez el Alcurrucén regresó a las andadas. Y nunca
mejor dicho, puesto que embestía andando, sin humillar e insulso como una
ensalada sin aliño. Paco lo intentó una
y otra vez, pero su esfuerzo fue infructuoso
en todo momento ante semejante
desecho de bravura. Se astacó con los aceros. Silencio.

Basto, grandón el quinto que marcó mansedumbre y genio en el
capote de Ureña. Trabada lidia ante
uno que constantemente quería najarse a los terrenos de chiqueros.
Participativo Jiménez en un
voluntarioso quite por chicuelinas. Mientras el toro a la retranca en los
adelaños del tendido 11 haciendo pasar fatigas a los de plata. El de Lorca no se anda con titubeos en
el inicio de trasteo al quinto. Paco se
puso en el sitio con la fidelidad de su registro y a modo que le regalaba una
embestida, Ureña le soplaba uno con toda su verdad.
Pocos, pero muy buenos.Ureña lo intentó por ambos pitones
con el mono de trabajo ajustado hasta arriba, lo que le sirvió para decir aquí estoy yo e imponerse ante la
desclasada y probona embestida del Alcurrucén.
Otro inservible que aburre
hasta la saciedad. Ovación al sincero esfuerzo.

 

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de
Sevilla. Primera de la Feria de San Miguel. Corrida de toros. Casi lleno en los tendidos.

Seis toros de Alcurrucén, correctos de presencia y muy vacíos de contenido, excepto el manejable tercero.

Morante de la Puebla (lila y azabache): ovación y pitos.

Paco Ureña (rosa y oro): silencio y ovación.

Javier Jiménez (blanco y oro): vuelta al ruedo y ovación.

Cuadrillas: José Luis Romero ‘Lipi’ desarrolló una completa tarde. Lidió con pulcritud al tercero y saludó tras buenos pares al sexto. 

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