VILLAMAYOR DE SANTIAGO

En hombros el ralentí de Fandiño y el gusto de Nazaré


martes 6 septiembre, 2016

El vasco cortó cuatro orejas y el sevillano dos a una corrida de Caridad Cobaleda con mucha calidad de la que Paquirri se llevó el peor lote en silencio

El vasco cortó cuatro orejas y el sevillano dos a una corrida de Caridad Cobaleda con mucha calidad de la que Paquirri se llevó el peor lote en silencio

Una corrida de toros de Caridad Cobaleda era la que hacía
acto de presencia en la feria de la localidad conquense de Villamayor de
Santiago. En el cartel, hacían el paseíllo Rivera Ordóñez «Paquirri”, Iván
Fandiño y Antonio Nazaré.

Terciado y estrecho de sienes salió el primero para embestirle con mucha franqueza a Paquirri en los delantales que abrochó Francisco con una media sin mayor compromiso. Con la muleta, donde molestó mucho el fuerte viento imperante, no se confió el torero dinástico, que incluso se quedó un momento descubierto y vio cómo lo volteaba el animal de fea forma sin herirlo. Con la consiguiente paliza, adoptó Francisco medidas preventivas, el toro se orientó y el fallo con los aceros dejó la actuación en silencio. 

Con mucha suficiencia se abrió de capa Fandiño ante el segundo, más cuajado en las carnes y con más voluntad de repetir y humillar en las telas que se movieron solventes a la verónica. Con la muleta le faltó transmisión a un toro noble y obediente que siempre se desplazó con cansina actitud para que lo esperase bien Iván, se reuniese con él en los embroques encajados y hasta se desmayase en derechazos de mucha confianza. Sensacional en una serie al natural, cuando rompió el de Cari Cobaleda y se empleó con profundidad en las telas templadas. Pero luego lo acusó el animal, porque ahí se acabó lo que se daba. Lo demás fue porfía, adornos y voluntad de cerrar la labor de una forma lucida. 

Más colocado de pitones salió el tercero, bien hecho y con cierta movilidad en el capote con el que anduvo con facilidad Antonio Nazaré, que cuidó mucho el castigo en varas. Le había visto la calidad el sevillano al animal y con la mano izquierda se fue directo a cuajarle el pitón toreando muy despacio la embestida casi dormida que se iba tras los vuelos con muchísima franqueza. Tal vez le faltó algo de transmisión al toro, que no andaba sobrado de raza, pero tuvo la justa para que Antonio se gustase con la diestra, pulseando muy bien los finales, en los que ya se quedaba el animal más corto. Vertical, derecho y ceñido siempre, sacó empaque y gusto el sevillano, muy metido siempre en una sólida faena que, además, derrochó torería. La estocada que coronó la faena le puso en la mano una oreja. 

Al cuarto le aprovechó Paquirri la movilidad y la franqueza para enjaretarle un solvente saludo a la verónica, muy jaleado desde el tendido. Pero no tuvo este la calidad ni el empuje de los anteriores, y le pesaron los kilos a la hora de desplazarse. Anduvo con facilidad, sin embargo, Francisco con el espeso animal, muy limpio con la mano derecha, aliviando a media altura el empleo del animal con la zurda, pero terminó por no querer pasar el toro de Cobaleda y para la galería fue el final de faena, con derechazos mirando al tendido y demás pirotecnia. Mal con la espada, sin embargo, escuchó silencio.

El quinto salió siempre muy desentendido de la tela que le ofreció con suavidad y sin prisa Iván Fandiño, quien combinó delantales, chicuelinas, tafalleras y una media para rematar el saludo. Extraordinaria fua la brega de Iván García, que dejó el animal intacto para su matador. A Francisco Rivera brindó el vasco la labor, en la que ya comprobó la mortecina condición del animal en el inicio, a pesar de la calidad que se le percibía en la embestida. Al natural fue desgranando los muletazos sin urgencias, sin exigencias y sin ninguna prisa, saboreando cada trazo que tan ronto apretaba como aliviaba el viaje de un animal que se abría con tremenda calidad. Templadísimo Iván. También a diestras se rebozó el de Cari Cobaleda para que lo cuajase Fandiño con máxima solidez, borracho de torear. Se le fue la mano abajo a la hora de matar, pero no impidió que también a este le cortase las dos orejas.

Una pintura era el lucero que cerró plaza, que se rebozó con tremenda clase en las verónicas que deletreó con lentitud y muchísimo gusto Antonio Nazaré, rematando con una media muy sevillana y sentida. Le costó a Nazaré cogerle el pulso en el inicio al animal, que quería más que podía embestir la tela, por lo que tuvo que aliviarlo a media altura el sevillano para afianzarlo. Mucha nobleza tuvo el lucero, y fijeza en la muleta, que dibujó trazos sublimes en ocasiones, pero faltó la transmisión para que rompiese el trasteo en faena grande. Exigente el toro, que demandaba pulso sin errores pero tampoco permitía el ataque, yéndose al suelo y parándose cuando llegaba, lo que obligó a Nazaré a meterse entre pitones para terminar su labor saliéndose de su registro, pero dejando patente que también tiene raza. Un pinchazo y una estocada corta y tendida acabaron con el cierraplaza cortando la oreja que le faltaba para salir en hombros junto a Fandiño.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Villamayor de Santiago (Cuenca). Corrida
de toros. Casi lleno.

Seis toros de Caridad
Cobaleda
. Vareados y desiguales de trapío. De voluntad a menos el primero; con clase y entrega el buen segundo; de calidad y fuelle justo el tercero; espeso y de cansino además el noble cuarto; de gran clase y temple en la embestida el feble quinto; exigente en el pulso el noble y fijo sexto.

Francisco Rivera «Paquirri”, silencio y silencio.

Iván Fandiño, dos orejas y dos orejas. 

Antonio Nazaré, oreja y oreja.