Los sueños grandes

SALAMANCA

Los sueños grandes


jueves 8 septiembre, 2016

Los alumnos de la Escuela Taurina de Salamanca dieron una lección de verdad y arrojo en una clase práctica en la que ganó el toreo

Los alumnos de la Escuela Taurina de Salamanca dieron una lección de verdad y arrojo en una clase práctica en la que ganó el toreo

MARÍA FUENTES

Una vez leí que una ilusión eterna, o por lo menos que
renace a menudo en el alma humana, está muy cerca de ser una realidad. La
realidad del toreo, la de los sueños grandes, nace de las almas soñadoras que
quieren la perfección en el trazo, en la ejecución y tienen el arrojo y el
valor para conseguirlo. Salamanca se rindió este miércoles ante las dosis de
ilusión de 17 almas que sueñan la Tauromaquia y que, cada uno a su manera, la
interpreta.

Manuel, Cristiano, Esteban, Claudia, Yosu, Valentín, Daniel,
Ismael, Manuel, Rodrigo, Daniel, Marco, Ramón, Diego, Jorge, Kevin y Álvaro
tienen los valores de los que seguramente carezcan muchos niños de su edad,
esos que solo el mundo del toro da. La ambición, la verdad, el sacrificio, la
dignidad… esto se tiene o no se tiene. El toreo aquí es ejemplar, y así lo
viven estas almas inquietas. Nerviosismo en sus caras, quietud en la
interpretación, y mucha verdad en sus pasos, porque la verdad es siempre una
ilusión.

Son toreros, y así se sienten. Descarados y ambiciosos. Ante
esto, la Glorieta estalló. Lo hizo porque Manuel Diosleguarde recetó dos series
por la diestra encajadas, lo hizo porque la raza de un tal Ismael Martín cala
en los tendidos, por la decena de naturales que nos brindó Manuel Tabernero,
por el valor de Ramón Rodríguez o por la sinceridad plena en los toques de
Kevin. Todos, cada uno a su manera, aunque el éxtasis tuvo nombre propio, y ese
fue el de Marco Pérez.

Con lo que ha firmado este mirobrigense gana el toreo, todos
los aficionados, y por supuesto él, que
hoy dormirá feliz sabiendo que de nuevo ha creado el delirio. Hoy ganó el
torero y la afición charra porque pesó sobre todas las cosas las maneras que
tiene Marco Pérez de enterrarse, de meter el mentón al pecho y de dejarse la
piel buscando un natural que no llegaba. Cimbrea la cintura como lo hacen sus
ídolos, y le sobran condiciones. No fallará.

Marco, con pocos años de vida y mente despierta, sabe que es
uno de los elegidos. En torero brindó al público, con temple toreó a la
verónica, con calidad, con conocimiento y con valor basó su actuación. Lo de
hoy, fue una lección, y seguramente, todos ya se hayan quitado el traje corto
sabiendo que han vuelto a casa con los deberes hechos. Todos saben que el éxito
no se logra sólo con cualidades especiales, saben, o deben saber, que todo
triunfo se basa en la organización y en la constancia, y así, es como los
sueños grandes de estos imberbes se harán realidad algún día.Los alumnos de la
Escuela Taurina de Salamanca dieron una lección de verdad y arrojo en una clase
práctica en la que ganó el toreo.

Reportaje gráfico: Adrián Martín