VALENCIA

Al guarda, ¿quién lo guarda?


sábado 17 marzo, 2018

Resulta que la persona que debe velar, y hacer cumplir el reglamento, se empeña en todo lo contrario y se salta su propia jurisprudencia nunca mejor dicho ‘a la torera’.

Resulta que la persona que debe velar, y hacer cumplir el reglamento, se empeña en todo lo contrario y se salta su propia jurisprudencia nunca mejor dicho ‘a la torera’.

EMILIO TRIGO

A veces nos empeñamos los taurinos en ir a contracorriente puesto que actuamos en contra de nuestra Fiesta. Incomprensible que en estos tiempos que necesitamos transmitir a todos los rincones que nuestra tauromaquia es un puntal más de la sociedad moderna y que cuenta absolutamente con unos valores éticos y democráticos, sin parangón en ningún otro espectáculo de masas. 

Resulta que la persona que debe velar, y hacer cumplir el reglamento, se empeña en todo lo contrario y se salta su propia jurisprudencia nunca mejor dicho ‘a la torera’. El señor del palco de Valencia, vuelve una vez más con su lamentable y dictatorial actitud, a desprestigiar a la afición valenciana y restar categoría a una plaza de tanta relevancia en el orbe taurino. 

El presidente, negó sin justificación alguna el trofeo o trofeos a Enrique Ponce, en el primer toro, tras ser solicitado mayoritariamente por el respetable. Según el reglamento, el artículo 82, en su apartado 2, dice: «La concesión de una oreja será realizada por el presidente a petición mayoritaria del público…étc” 

Entonces la pregunta sería Al guarda, ¿quién lo guarda? ¿Quién controla al que controla? 

El usía, no atendiendo los criterios del público e incumpliendo, una vez más, su obligación de aplicar la normativa legal, pasa y mucho de la inmensa mayoría perjudicando no sólo a los buenos aficionados sino al público en general, que es el que mantiene en lo económico el tinglado. 

Lejos de salir de la plaza toreando por las calles y siendo objetivo de los telediarios de mañana, si Enrique Ponce hubiera abandonado la plaza con cuatro orejas en su poder, los presentes nos tuvimos que conformar con un “cabreo monumental” y con “dos orejas de compensación”. 

El palco de la calle Játiva es un cúmulo de despropósitos durante todo lo que llevamos de Fallas y es que, a este señor, se le olvida que los protagonistas son el toro y el torero, y no un nefasto “saca pañuelos sin criterio”.  Alguien con responsabilidad debería cesar inmediatamente a este presidente que lo único que hace es “regular” a su libre albedrío.