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Mariano Jiménez: “Gracias a Madrid, en una semana pude firmar 57 contratos para toda la temporada”

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ENTREVISTA

Mariano Jiménez: “Gracias a Madrid, en una semana pude firmar 57 contratos para toda la temporada”


martes 1 enero, 2019

Ha sido torero de Madrid, nombre indiscutible en esta plaza y uno de los matadores con mejores estadísticas en el coso de la calle de Alcalá. Hasta 42 tardes ha toreado en este ruedo.

Mega Marianojimenez

JAVIER FERNÁNDEZ-CABALLERO

Ha sido torero de Madrid, nombre indiscutible en esta plaza y uno de los matadores con mejores estadísticas en el coso de la calle de Alcalá. Hasta 42 tardes han sido las de Mariano Jiménez haciendo el paseíllo en el primer ruedo del mundo, por eso lo incluimos en la sección “Toreros de Madrid” este sábado en el que lo entrevistamos.

Desde novillero se fraguó una bella historia entre Mariano Jiménez y la plaza de Madrid, ¿qué ha significado esta afición para su carrera?

La plaza de toros de Madrid ha sido una plaza importante para mí. Toreé muchísimo de novillero, incluso seis tardes en un año, con veinte novilladas. Mi primera oreja en Madrid fue a un novillo de Alcurrucén, “Chovito”, que me abrió las puertas de todas las ferias. Estuve arriba varios años. Recuerdo con Finito de Córdoba matar una novillada de Atanasio Fernández en la Feria de Otoño. Y de ahí mi historia con esta plaza hasta que tomé la alternativa y mi retirada. Transcurrieron tiempos duros y yo era un torero que tenía la mente y las ideas muy claras. Quería tener una posición importante arriba, se truncaron las cosas, no lo pude conseguir y me fui.

Fueron más de cuarenta tardes en esta plaza, ¿con cuáles se queda y con cuáles no?

Entre novillero y matador, serían unas 42 tardes en esta plaza. He vivido Madrid desde todos los momentos. También cornadas fuertes. Teníamos la mentalidad de venir a Madrid a jugarnos todo. Los toros me hicieron presa, me pegaron tres cornadas, me partieron la clavícula, el gemelo, de ahí la imagen del toro de Camacho con la chaquetilla blanca con una sustitución de Espartaco Chico que no pudo confirmar alternativa, y lógicamente aquello fue histórico con Emilio Muñoz y Litri. Ese año se hicieron 56 o 57 corridas de toros en una semana.

¿Cómo era la afición de antes y cómo es la de ahora?

Madrid siempre ha sido una afición dura pero muy entregada y muy entendida. Luego sí que es verdad que ha habido toreros que han estado protegidos y, además, ha sido justa con algunos otros toreros que no se les daba cabida en las ferias. Madrid ha sabido siempre entender a ese tipo de torero. Si eres capaz, calas en Madrid. Esa es la personalidad de esta plaza. Los toreros que hemos toreado en todas las ferias, ha sido porque hemos destacado en Madrid y cuando vienes a esta plaza hueles una personalidad distinta. Es un punto por arriba de lo normal.

¿Ha cambiado la afición?

Las décadas cambian. Yo debuté en Madrid en el año 90 de novillero. Han cambiado mucho las cosas, pero la afición misma de Madrid y el núcleo sigue ahí. Hoy en día, voy a los toros o acompañando a mis toreros y veo que la afición ha perdido un poco de criterio e incluso personalidad, porque se fijan en cosas que antes no se fijaban. Antes se quedaban con lo más importante, ahora se fijan en los detalles absurdos y más pequeños. Pero para mí, Madrid sigue siendo una afición de excelencia, porque cuando ruge es única y cuando te encumbra lo hace sin igual.

¿Cómo recuerda sus primeros años? ¿Qué diferencias tenían los novilleros respecto a los de ahora y qué ve de bueno y de malo en la nueva hornada novilleril actual?

Yo tuve la suerte de que yo llegué a Madrid en un momento en el que había muchísimos novilleros y se nos cuidaba muchísimo. Había quince o veinte novilleros que valíamos para esto. Unos con una personalidad y otros con otra, como Finito, Ubrique, Ponce, Manuel Caballero, Pauloba, Javier Vázquez, Miguel Rodríguez… ha habido año en los que he toreado 46 o 47 novilladas, superándome los demás en número. En esa época, el novillo que se echaba en Madrid era muy armónico y se cuidaba mucho eso. Quizá era porque el plantel de novilleros que había tenía mucho ambiente. En ese sentido, Don Pablo Lozano ha sido un referente para el toro en esa plaza.

¿Cuál era su gran obsesión a la hora de la lidia? ¿La espada, la muleta, el capote…?

A mí me ha obsesionado siempre ser libre y que no me atenazar la responsabilidad, ser capaz de superarme. Pero la espada fue un condicionante en mi carrera, no le terminé de coger el punto. Tengo grandes triunfos, Puertas Grandes, pero me preocupaba mucho eso. Madrid es una afición para entender muy bien, hay que saber que en Madrid no hay que adocenarse sino que tienen que dejar las faenas medidas. Vengo de una generación donde vi torear y conviví con el maestro Chenel, Ortega Cano, Curro Vázquez, Joselito… y entendí Madrid a la perfección. Recordamos todos esos muletazos por bajo a final de faena que eran toda una delicia…

¿Cómo se desenvolvió en sus inicios y cómo ve el sistema actual de apoderamiento del que forma parte?

Al primer torero que apoderé es a José Ignacio, mi hermano en la pelea. Cuando José Antonio se hizo empresario de Madrid caí de pie, era mi casa, mi familia y me dio confianza y me ayudó. Ha sido la etapa que yo he vivido con ellos, y posteriormente con Morenito de Aranda y con Bautista. A Moreno les costaba que viniera a la feria dos tardes, pero lo conseguimos hasta que cortó dos orejas el día de la Comunidad; Bautista era un torero grande. En mi etapa de apoderado me han ayudado muchísimo. Desde aquí les agradezco siempre la disposición, y espero que Manuel tenga una buena salud.

Y respecto al toro de Madrid, ¿qué solución ponerle?

Sinceramente, no debemos desquiciar el toro de Madrid. Es verdad que ahora las ganaderías vienen muy grandes, por ejemplo la de la corrida de Las Ramblas, y creo que así es más difícil el toreo. Soy empresario y sé que el campo está complicado, pero sí pediría a todo el mundo sensatez. Que las corridas vengan armónicas, que es la única forma de que los toros embistan.

 

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