LA CRÓNICA DE CUENCA

Al que le quieren hacer el avión


martes 27 agosto, 2019

El triunfador isidril al que le han querido hacer el avión algunas plazas de primera esta temporada, demostró en el justo San Julián que contó con él que es capaz de salvar de la ruina una tarde.

El triunfador isidril al que le han querido hacer el avión algunas plazas de primera esta temporada, demostró en el justo San Julián que contó con él que es capaz de salvar de la ruina una tarde.

JAVIER FERNÁNDEZ-CABALLERO

Sólo el hecho de que David de Miranda esté toreando es un auténtico milagro. Es algo que, tras otro portento del cielo como su Puerta Grande de Madrid, hacen de su realidad un auténtico suceso del que el verano taurino sólo parcialmente ha querido tomar parte. Pero allá donde lo ha hecho, la plaza y el torero han revalidado la justicia por parte de una y la verdad por parte de otro que merecían. Ambos han conseguido lo que significa el hoy de David de Miranda. Cuenca ha sido una de esas plazas.  

Porque quiso anunciarlo Maximino después de que sólo Málaga como plaza de primera contase con él este estío. Y porque conocía la lección de resiliencia y de superación de un torero listo para acometer las metas que se puso cuando comenzó, Mino quiso que San Julián fuese un escenario más dentro del año de su vida. Porque demostró David a La Mancha conquense la firmeza que gasta en la proposición, la personalidad que sabe cocer en el momento del embroque y la quietud que profesa a la hora de aguantar para ligar los muletazos. Esas, que no son armas nuevas en él, fueron las que enseñó a Cuenca un torero que, con la parsimonia de quien sabe esperar -como ha sido su trayectoria y como ha sido su temporada-, escaló un paso más en su revelación.

Con la hiel en la plaza por los cinco lidiados anteriormente pero la miel en los labios de David, el onubense le sopló verónicas y tafalleras totalmente erguido al sexto, el único que valió de un putrefacto encierro de García Jiménez y otro de Peña de Francia que tampoco se salvó de la quema. Emocionante el final por ajustadas bernadinas, estocada al encuentro en todo lo alto de fulminante efecto y dos orejas. Con su primero, bastante tuvo con mantenerlo en pie.

Una benévola oreja paseó Cayetano del quinto, al que inició faena de rodillas. Fue un toro al que sólo pudo dejar compases despaciosos Cayetano porque la embestida lenta -por blanda y dormida- del astado así lo requería. Estocada en todo lo alto y oreja benévola para el torero.

La excusa de Morante fue, y hoy sí llevaba razón, un lote para quitar la afición. Porque sólo se atisbó un mínimo retazo de su tauromaquia en los derechazos de buena compostura que le recetó a un cuarto de embestida dormida. Nada más en medio de una temporada en la que va dejando joyas aisladas como la de Gijón pero sin llegar a resucitar a la religión que años ha profesaba su presencia en una plaza.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Cuenca. Cuarta de la feria de San Julián. Más de tres cuartos de entrada.

Toros de Hnos. García Jiménez y Peña de Francia (3º). Inválido el primero. Blandísimo el segundo. Huidizo y a menos el mansurrón tercero de Peña de Francia. Sin vida otro blando y deslucido cuarto. A menos la lenta embestida del quinto. Con la virtud de la prontitud el sexto. 

Morante de la Puebla: División y silencio

Cayetano: Silencio y oreja. 

David de Miranda: Ovación y dos orejas 

FOTOGALERÍA: JULIO PALENCIA