Un verso suelto

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LA CRÓNICA DE MADRID

Un verso suelto

domingo 3 octubre, 2021

Con almohadillas en el ruedo porque se anunció un octavo que el reglamento impide lidiar finalizó una encerrona de siete toros en las que el ralentizado tranco del séptimo de Pallarés al que Ferrera cortó una oreja salvó la mala corrida de Adolfo.

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Javier Espada / Fotogalería: Luis Sánchez Olmedo

En poesía, un verso suelto es aquel que no rima con el resto, aunque aparezca intercalado con los demás. Los poetas lo utilizaban para introducir un elemento sorpresivo a sus composiciones poéticas y normalmente para preparar el verso más rotundo que llegaría después. Y en el toreo, como en la poesía y en la vida, no faltan los versos sueltos. Son toreros con una personalidad extremadamente marcada, tanto llegan a ser inconfundibles porque no sólo imprimen un concepto o un estilo propio de torear, sino que son fieles a una manera de ser, estar y expresarse ante la vida y ante el toro. Una forma de ser que es, sencillamente, diferente.

Encuadrar a Antonio Ferrera dentro de un estilo o dentro de un tipo de toreros es prácticamente imposible. Ferrera hace ya tiempo que ideó su propia marca y la sigue perfeccionando cada día. Por eso, tiró la moneda al aire esta Feria de Otoño. Porque anunciarse en Madrid con seis de Adolfo es apostar de verdad. Una presión y un esfuerzo físico y mental imposible de soportar para el común de los mortales. Pero Ferrera es distinto, diferente. Por eso regaló el séptimo y pidió el segundo sobrero, y si le hubieran dejado, hubiera intentado la gesta que no pudo conseguir Antonio Bienvenida en aquella jornada de sus doce toros en Madrid.

El gris plomizo que había pintado el cielo de Madrid durante toda la mañana desapareció junto a la lluvia para dejar paso a una tarde soleada. Los fantasmas de la suspensión se alejaron y todo invitaba al optimismo. Pero el gris volvió a aparecer de nuevo. En el cielo y en el albero. Y en la tarde, que se tornó de gris plomo por el más que decepcionante juego de la corrida de Adolfo. Y no es la primera vez que pasa. Ya van unas cuantas tardes de encierros imposibles de la divisa extremeña en los últimos años en Madrid. Para lidiar en plazas importantes, hay que ganárselo año tras año y Adolfo hace ya tiempo que dejó de hacerlo.

Salvo el quinto, que tuvo cierta clase, y el segundo, que se dejó hacer en la querencia, la corrida fue un desfile de toros descastados que fueron desarrollando sentido. Y tuvo que salir un sobrero de Pallarés como remiendo para salvar la tarde.

Porque cuando todo se había puesto cuesta arriba con una pendiente imposible de remontar, Ferrera se echó a la espalda la tarde y regaló el sobrero. El único que le permitió sentirse. Lo hizo a la verónica en el recibo gustándose con el toreo de capote con esa manera tan particular de echar los vuelos y recoger la embestida, en banderillas con un extraordinario tercio que puso la plaza en pie junto a José Chacón, Fernando Sánchez y Ferreira, y también en la muleta, donde hizo alarde de su gracia torera. Aprovechó el viaje del animal para tirar de él por el derecho, gustándose y sintiéndose en los remates por bajo. Por el izquierdo, se los dio más uno a uno, pero también los sintió. La estocada casi entera le hizo pasear la única oreja de la tarde.

Antes, había destacado su actuación con el segundo, un “Tomatillo” que fue un auténtico tío y que se arrancó al caballo de Antonio Prieto desde más de 30 metros. En banderillas, Fernando Sánchez y Javier Valdeoro se desmonteraron en una tarde en la que Madrid vibró con las cuadrillas. Ya en la muleta, Ferrera peleó contra Eolo y contra el toro, al que le llevó a la querencia para por allí hilvanarle las tandas, logrando un mayor recorrido en el viaje del animal. Cuando se vino a menos, Ferrera se metió entre los pitones, se los dio uno a uno y se la jugó en una labor de arrojo. El público respiró cuando se fue a por la espada.

Al quinto también lo banderillearon de manera extraordinaria Fernando Sánchez y Montoliu, que se libró de milagro viviendo un momento de tremenda angustia entre las astas a la salida del par. Tuvo más clase el Adolfo, pero estaba muy justito, había que tragarle y lo intentó Antonio para cambiar el signo de la tarde. Sacó la casta que le faltó, pero lo pinchó.

El resto fueron literalmente imposibles y al mismo tiempo que iba sucediéndose ese desfile de mansos cárdenos, se sucedían las ovaciones a la cuadrilla. Y es que hoy los de plata fueron hombres de oro. Francisco de Borja, Antonio Prieto, Pedro Pietro, José María González, Fernando Sánchez, Javier Valdeoro, José Chacón, Montoliu, Ferreira… firmaron una grandísima tarde.

Y es que, cuando parecía que la apuesta saldría cruz, Ferrera levantó la tarde ya fuera del tiempo reglamentario. Sólo él puede regalar un sobrero como lo hizo al estilo La México e incluso pedir el segundo, que finalmente fue denegado porque no lo permitía el reglamento. Ferrera hubiera matado literalmente, todo lo que había en los corrales. Y eso lo hace distinto, diferente. Un verso suelto que siempre nunca nos dejará indiferentes.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Feria de Otoño, sexta de abono. Corrida de toros.

Toros de Adolfo Martín, serios y con mucha presencia. Y un sobrero de Pallarés que regaló el matador. Humillador pero sin vida el escurrido primero, que acabó tomando sentido. Con cierta calidad apagada la del veleto segundo. Agarrado al piso el hondo tercero. Soso y deslucido el viaje de un cuarto siempre a menos. Cogido entre alfileres un primero que apuntó y no disparó su buen lado derecho. Con la cara alta el pasador y al fina mansurrón sexto. De ralentizada embestida la del séptimo de Pallarés

Antonio Ferrera en solitario: silencio, ovación, silencio, silencio, palmas tras aviso, silencio tras aviso y oreja.