Ana Mayoral, una ganadera encastada y con chispa ‘cárdena’: «Nuestros toros no pegan ‘bocaos'»

REPORTAJE

Ana Mayoral, una ganadera encastada y con chispa ‘cárdena’: «Nuestros toros no pegan ‘bocaos'»


jueves 23 diciembre, 2021

La ganadería de Toros de Pablo Mayoral abre sus puertas a Cultoro y su ganadera, Ana Mayoral, nos explica su historia y cómo ve la actualidad en el toreo y la sociedad.

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Ana Mayoral, en su ganadería. © T. P. M.

Ana Mayoral es de esas mujeres espontáneas, alegres y amantes de la vida. Una mujer llena de vitalidad, madrileña por los cuatro costados, pero con parte de su corazón en Extremadura. Hija de Pablo Mayoral, un hombre al que admira profundamente y con el que siempre que su nombre sale a colación le brillan los ojos. Ana es una apasionada del toro bravo, amante de sus grises, como ella dice, pero con un amplio abanico de ganaderías que le llenan como aficionada.

Desde muy pequeña lleva al toro bravo en lo más profundo de su corazón; mujer de ciudad, pero que necesita del campo para sentirse plena. No le gustan los clichés ni la gente que no va de frente. Dice las cosas como son, como el toro bravo nunca va por la espalda. Hablamos con ella para que nos cuente cómo va el invierno por Moheda El Alcornocal, finca familiar donde pastan los Toros de Pablo Mayoral. Nos interesa saber cómo ve el mundo del toro en la actualidad y como están pasando esta pandemia que tan duro está golpeando a los ganaderos. Pese a las dificultades no pierde ni la sonrisa ni el optimismo. Sabe de las piedras que hay en el camino, pero las afronta sin dobleces; como sus toros, se crece en el castigo.

Hoy marcamos el teléfono para hablar con una de las cabezas visibles de la ganadería familiar junto a su hermana Mara. Son tres socias; tres mujeres, Mercedes, Mara y Ana, de una familia de nueve hermanos. Tres hermanas que se echaron en 2015 el petate de la ganadería a la espalda para sacar adelante el sueño de su padre. Los santa colomas de la familia Mayoral capean el temporal de la pandemia con cuerpo de hierro. Admirable, por cierto, en tiempos de tanta incertidumbre.

Ana Mayoral: «Nuestros toros no pegan bocaos«

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Ana Mayoral, en la finca. © T. P. M.

P- Ana, todos sabemos del amor de vuestra casa por el toro de Santa Coloma, un encaste que lo lleváis con orgullo. ¿Cómo empozó todo?

R- Yo siempre digo que ya tenemos un encaste propio. Al llevar desde el año 55 sin meter nada de fuera, se consiguió tener un toro con unas características muy particulares. Mi padre compró inicialmente ganado a Vicente Martínez, luego también adquirió una pequeña partida de ganado del Duque de Veragua vía Curro Chica; y el grueso, se la compra a Víctor Huertas procedente de Duque de Tovar y María Dolores de Juana Cervantes. Siempre la idea que hubo en casa fue la tirar más hacia la rama de Santa Coloma que hacia las otras. Por tanto, nuestro toro en un animal muy en Santa Coloma, bajito, redondo, recogido de cuerna. Sin duda Santa Coloma es toro que más nos llena, en casa sin duda tenemos un tesoro a proteger.

Dentro de ese encaste Santa Coloma y el toque que puede darle, en menor proporción, lo de Martínez o Veragua, habéis conseguido crear un toro muy particular y diferente al que podemos tener en la cabeza cuando pensamos en Santa Coloma.

Así es, en casa esas particularidades vienen sobre todo en las capas. Muchas veces tenemos saltos atrás y vemos toros muy parecidos al del origen fundacional. De una vaca cárdena y de un toro negro te pueden salir animales sardos, salineros o incluso coloraos. Luego mucha gente se alarma al ver estos pelajes y es porque desconocen que en Santa Coloma ocasionalmente, sí se dan este tipo de pelos, otra cosa es que se enseñe menos.

«Esto es un trabajo de muchos años y entre otras cosas nuestra mayor pasión»

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Mara Mayoral, en un tentadero. © T. P. M.

Existe una historia muy bonita en tu casa referente al pelo jabonero.

Mi padre siempre tuvo debilidad por la capa jabonera, salía en casa de lo que venía del chispazo de Veragua, vía Curro Chica; dejó mucho tiempo un semental con ese pelo, dentro de que era un apasionado de Santa Coloma. Actualmente sale poco o nada, pero hace como tres años o así, aprobamos una becerra, la única que había. La toreó Javier Jiménez y ahora está en la piara de vacas. De momento no ha dado cría de ese pelaje. Ojalá pronto salga alguna, sería un bonito homenaje a mi padre.

Los ganaderos sois los que estáis sufriendo en mayor medida esta pandemia. Sin duda un momento en el que muchos se pueden llegar a plantear incluso abandonar. Sabemos de vuestra afición y sacrificio por sacar adelante vuestra ganadería, pero ¿la pandemia os hizo replantearos vuestra idea de ganadería?

No, para nada. Esto es un trabajo de muchos años y entre otras cosas nuestra mayor pasión. Evidentemente es un negocio, porque si no lo fuera aquí aguantaríamos lo justo y lo necesario. Es verdad que te atiza, te da duro pero bueno en nuestro caso pese a los muchos problemas que estamos teniendo seguimos al pie de cañón. Tengo que decirte que nos puede mucho el corazón, en este caso gris, -se ríe-, y el apego a aquello por lo que tanto luchó nuestro padre: el cual siempre está muy presente en nuestro día a día.

«Duele mucho que tú llegues a un pueblo con una tradición de más de 40 años y que te digan que vino fulanito de tal y se ofreció»

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El bello paisaje de la finca. © T. P. M.

Vuestra familia era, y es, eminentemente ganadera. Hasta no hace mucho llevabais bajo el paraguas del apellido Mayoral dos hierros con dos encastes diferentes. Cuéntanos como os organizáis actualmente para llevar ambas sangres.

Nosotros hace unos años partimos las ganaderías familiares. Como bien sabrás, estaba la ganadería de La Laguna y la de “Toros de Pablo Mayoral”. La primera de encaste Domecq y la segunda, como antes te expliqué, de la rama Santa Coloma. La de la Laguna se lleva en otra finca y actualmente es propiedad todos los hermanos, mientras que la de Pablo Mayoral la llevamos directamente entre dos de mis hermanas y yo. Personalmente le tengo más apego a la de Santa Coloma, es una ganadería con más personalidad, con unas características propias que me llenan más como ganadera. Si a eso le unes que fue el sueño ganadero de mi padre tienes la respuesta. Para mí el hierro de la P y la M es legendario, no entendería que estuviera herrado a fuego otro tipo de animal.

Una ganadería de Toros de Pablo Mayoral que, pese a tener un importante número de animales, apuesta por lidiarlos en festejos menores como son becerradas y novilladas sin caballos. ¿Cómo os tomáis que ciertas ganaderías que nunca necesitaron de lidiar en este tipo de festejos ahora intenten meter la cabeza y entrar en ese tipo de mercado?

Nosotros somos ganaderos de festejo menor. Sin duda también nos gusta meter la cabeza en novilladas con picadores y corridas de toros, pero sabemos cómo está el mercado. Somos conscientes que nos hicimos un hueco en ese tipo de festejos y no lo vamos a abandonar. Llevamos toda la vida, fíjate, yo no había nacido y mi padre ya lidiaba en Burgohondo, en El Barraco o en Navalperal de Pinares. Son sitios donde estamos muy arraigados y donde tuvimos siempre nuestro mercado. Creo que hay muchos ganaderos que se están apuntando al carro de los pueblos ahora que le vieron las orejas al lobo y se dieron cuenta que esto iba para abajo. Y eso no me parece justo. Vamos a respetarnos todos un poco. Si ganaderías como la mía no entraron en el circuito de las corridas de toros porque o bien no se me ha permitido o bien no estaba en el mercado, ahora no vengan ustedes a lidiar en festejos menores y le quiten el pan a los que llevamos toda la vida apoyando a esas tradiciones y a esos pueblos. Evidentemente esto es la ley de la libre competencia y aquí el primero que llega puntúa y gana, pero si te soy sincera tengo que decirte que te intentan quitar, esto es muy jodido decirlo, pero es así. Duele mucho que tú llegues a un pueblo con una tradición de más de 40 años y que te digan que vino fulanito de tal y se ofreció. No es cuestión de ir pisoteando al débil. Eso duele y mucho.

«Seguimos con 200 vacas de vientre»

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Otra imagen de la ganadería. © T. P. M.

¿Y cómo escapasteis en estos dos años que llevamos de pandemia?

En el primer año de pandemia lidiamos únicamente cinco animales en una clase práctica con la escuela de Badajoz, mientras que en 2021 lidiamos la mitad de lo que teníamos que haber lidiado. No llegamos a los 40 animales y eso quieras o no hace que para el año siguiente tengas cierto excedente de cabezas en la ganadería.

Supongo que viendo el panorama habréis reestructurado la vacada para hacer frente a esta situación.

Se quemó mucho animal en el campo, gracias en buena parte a eso conseguimos sacar hasta ocho sementales nuevos. Respecto al tema de hembras no tocamos nada. Seguimos con 200 vacas de vientre. Bien es cierto que antes de la pandemia pensamos en subir un poco el número hasta las 250, pero al final no tomamos esa decisión y apostamos por mantener lo que teníamos. En la medida que podamos vamos a seguir manteniendo esta idea. Lo que sí me consta es que hay muchas ganaderías de renombre o cierto renombre que pasaron de tener 600 vacas a 300-350.

El campo bravo vive una situación muy complicada, se le intenta dar salida a los animales que pueden. Vosotros tenéis una ganadería que cuenta con muchos partidarios, ¿se tiró de vosotros para algún festejo? ¿Algún torero pidió los toros o novillos de Pablo Mayoral?

Ahí estoy algo decepcionada. A muchos se les llena la boca con las bondades de la ganadería de Toros de Pablo Mayoral, Santa Coloma…, y a la hora de la verdad no se apunta nadie. Otra de las cosas que más nos dolió en la pandemia es que muy poquita gente se acordó de Pablo Mayoral, por no decir prácticamente nadie. Eso es algo que me duele profundamente. Podremos ser una ganadería mejor o peor, más o menos regular, pero nuestros toros ‘no pegan bocaos’. Ves que salen concursos de plazas y dices ‘jolín’ aquí no me llama nadie y luego al final esas llamadas solo son para pedir tentaderos, pues que quieres que te diga eso es un pelín ingrato.

Ana Mayoral, los animalistas y el feminismo

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Las hermanas Mayoral, en un tentadero con Álvaro Lorenzo. © T. P. M.

Lo que sí tengo entendido es que una figura del toreo apostó por vosotros en un momento complicado. Cuéntanos.

Así es, una persona fundamental y clave para nosotros este 2021 ha sido Morante de la Puebla. Aparte de su gran temporada tengo que decir que tuvo la deferencia de matar un festival en Montehermoso y exigió que los toros tenían que ser de su amiga Mara Mayoral. La verdad que eso es loable, que una primerísima figura del toreo te diga eso en plena pandemia se agradece mucho. Tengo que decir también que Morante aún no pisó la plaza de tientas de casa, es decir, no nos debe nada y aun así se acordó de quien peor lo está pasando, del más débil, y esas cosas se agradecen.

Vivimos una sociedad en la que se enarbolan dos tipos de banderas por parte de un cierto sector de la política; una la del animalismo y otra la del feminismo. Siendo como eres mujer y ganadera, ¿qué piensas de esto?, ¿te sientes representada?

Para nada me siento representada. Aquí hay dos partes completamente diferenciadas. Por un lado, está el animalismo, el cual yo creo que es un problema social grave. Los niños hoy en día no van al campo, no saben lo que es una oveja, ni un pollo, van a la compra y se creen que las hamburguesas salen de un blíster de Mercadona, porque es así de triste. Y la sangre es algo que está mal visto. Les da pena la muerte de un animal, cuando un animal ha muerto toda la vida. Los animales tienen que morir para que nazcan otros y podamos comer los demás. Es un tema de origen educacional. A los niños se les adoctrina para que vivan en un mundo de cristal. Yo desde niña vi matanzas en mi casa y no tuve ningún tipo de trauma. Como te digo es un problema de la sociedad actual, un problema social grave, en este país hay un desconocimiento total sobre la realidad. La gente es cosmopolita y esnob, son ecologistas de sillón. Te está hablando un político desde su despacho haciendo las leyes que tienen que imperar en el campo, cuando usted no pisó el campo en su vida. Por eso es imposible que esto funcione. Pasa con la caza, a la cual tienen arrinconada. Pero lo peor es que gestionan sin conocimiento. No saben de qué va esto. Con el lobo tres cuartos de lo mismo. No saben que los lobos en manada matan ganaderías enteras, pero siguen en su mundo de fantasía en la que este animal es bueno y no ataca. Hasta en los colegios te están enseñando este tipo de cosas. Viven de espalda a la realidad. Es una vergüenza que ni se preocupen de lo que están legislando. De verdad, esto me indigna.

¿Y qué piensas del feminismo?, te ves representada o no compartes esta corriente que está imperando actualmente.

Pienso que el feminismo es también otro tema social. Es una historia que se sacó ahora de pronto la ministra de ‘Igual le da’ como le digo yo, porque de igualdad tiene poco. Esta señora tiene una animadversión enorme por los hombres. Yo no soy para nada partidaria de estas historias, tampoco soy ni feminista ni machista, yo soy una persona trabajadora que piensa sus propias decisiones con la coherencia que te va dando el día a día. A nosotras siempre se nos ha respetado en el mundo del toro, tanto mis hermanas como yo recibimos el mismo respeto que le damos a nuestros trabajadores, todos hombres, por cierto. En el toro rara vez sentí que me hicieran de menos por ser mujer, no recuerdo a si a voz de pronto una situación que pudiera ser machista o vejatoria hacia mi persona o la de mis hermanas. Yo todo me lo gané con mi trabajo y mi esfuerzo, no quiero que me den ni más ni menos que a un hombre por ser una mujer, eso me haría sentir inferior. A mi sinceramente me gusta que un hombre me abra la puerta y me regale flores, no lo veo para nada como un insulto, lo veo más como de buena educación. Una mujer siempre valora detalles como esos. Por eso toda esa corriente que implora ahora no va para nada conmigo.

«Los políticos nos tratan como a borregos»

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Otra imagen de la ganadería. © T. P. M.

Entiendo que estás radicalmente en contra de la sociedad que quieren imponernos desde ciertos sectores de la política y la sociedad.

Evidentemente. Nos quieren llevar como a borregos, decirnos qué comer, cómo educar a nuestros hijos, qué programas ver y cuáles no, lo que está bien y lo que está mal. Creo que ya vale. Vivimos en una sociedad que parece sacada de una película de Disney. Es una sociedad que tiene un grave problema con la sangre y la muerte. Esa en la que no se puede ver más allá de lo perfecto, una sociedad, valga la redundancia, idealizada, siendo la realidad de la vida bien distinta. La muerte no hay que esconderla, la muerte forma parte de la vida y hasta que no entiendan eso van a seguir viviendo en la ignorancia. Esa en la que parece que se sienten como pez en el agua.

Volvamos al campo, ese lugar donde Ana Mayoral se siente cómoda. La situación por la que estáis pasando muchos ganaderos es casi insostenible. Toros en el campo, subida de las meterías primas, estancamiento y bajada de los precios de los animales…, sin duda una papeleta la que os toca afrontar.

Ya sufrimos una crisis muy gorda que se llevó por delante a un buen número de ganaderos, esta es la segunda crisis que yo como ganadera voy a sufrir. Pese a todos esos problemas que me hablas nosotras vamos a seguir hacia adelante. Tocará apretarse el cinturón, pero lo que es seguro es que no vamos a bajarnos del barco. Ya veremos cómo nos ajustamos, pero aquí vamos a seguir.

Entiendo entonces que tras tomar la decisión de seguir luchando por el toro de Pablo Mayoral tendréis a disposición de las empresas todo tipo de animales para dar cubertura a la demanda existente de los animales de la casa.

Nuestra camada es quizás un puntito más larga que la de 2021, al tener algunos animales que no pudimos lidiar el pasado año. Bien es cierto que quemamos en la plaza un buen número de machos, por lo que para este 2022 tenemos unas dos corridas de toros, una de ella más cómoda y otra más seria. Luego también tenemos una buena camada de utreros, erales y añojos de las que saldrán cuatro novilladas picadas, seis sin picadores y alguna becerrada. Eso es lo que tenemos en mente poder lidiar, así como algún animal que salga para las calles. Ojalá se dé el año sin problemas, sería la mejor señal.

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Ana Mayoral, en la finca. © T. P. M.

Estábamos terminando la entrevista y Ana me interpeló. «Oye. ¿y no me vas a preguntar por ‘Almeida?, es el becerro más mediático del campo bravo». Claro que sí, cuéntanos que tal está.

Almeida sigue muy chico, como el alcalde -se ríe a carcajadas-, se herrará seguramente o bien en febrero o en marzo al ser de la cola de la camada. De hecho el alcalde puso mucho interés en venir ese día, veremos si sus compromisos políticos se lo permiten. Fíjate que me llamó cuando vio la noticia, porque le encantó la historia del becerrillo Almeida y me dijo: «Tendré que ir a la herradura», y le dije no alcalde, se llama herradero, y me dice: «eso, eso. Además me han dicho que tienes una finca preciosa», pues no le han engañado la verdad. Estuvo muy agradable. Sin ir más lejos el otro día alguien que estuvo en el entorno del alcalde me comentó que estaba muy ilusionado con su becerrito. Lo lleva a gala.

¿Cómo se os ocurre bautizar al becerro con ese nombre?, ¿de dónde vino la idea?

Lo de Almeida tuvo su gracia por la historia. Era muy espabilao, muy listo, se escapó dos veces de la manga en el saneamiento, no aparecía. Nació muy chico, distaba mucho del tamaño normal de sus hermanos, eso sí, a viveza no le ganaba ninguno, muy vivo y muy listo, muy listo, muy listo. Entonces mi hermana Mara me dijo: «este becerro me tiene loca, no para quieto, hay que escribirle una historia y buscarle un nombre especial», entonces le dije “Almeida”, y así quedó bautizado.

Y si hay un Almeida, supongo que también habrá una Ayuso, ¿no?

Pues también. Almeida es un becerro del G1 y ahora tenemos a una hembrita del G2 que le pusimos Ayuso. Es la primera becerra que nació en la paridera de este año, la verdad que como esto siga así no vamos a dar a basto con nombre de tanto político, pero bueno, creo que sirvió para dar a conocer un poquito más el campo bravo. Creo que, a todo el mundo, al menos, le habrá sacado una sonrisa.