REPORTAJE

El SOS de la hostelería venteña golpeada por el puyazo del COVID: "Estamos arruinados, no podemos sobrevivir sin toros"


sábado 27 febrero, 2021

Sin toros en Madrid desde octubre de 2019, los hosteleros venteños atraviesan una situación límite: “Hemos reducido los ingresos un 75% por la pandemia. Esto es una ruina”, señalan los hosteleros.

Sin toros en Madrid desde octubre de 2019, los hosteleros venteños atraviesan una situación límite: “Hemos reducido los ingresos un 75% por la pandemia. Esto es una ruina”, señalan los hosteleros.

Las restricciones sanitarias han golpeado especialmente a los hosteleros de nuestro país, que intentan sobrevivir sin luz al final del túnel a la pesadilla del COVID. Los afortunados que han podido sostener su negocio en pie tratan de mantenerse a flote en medio de una tempestad en la que las trabas impuestas al sector están llevando a la quiebra a una gran cantidad de bares y restaurantes. Entre estos hosteleros están los propietarios de míticos establecimientos situados en los alrededores de la plaza de Las Ventas, que son parada obligada para muchos aficionados en la previa de cada tarde de toros en la feria de San Isidro. Sin festejos en Madrid desde octubre de 2019 y en una situación límite, los hosteleros venteños lanzan su SOS particular y piden la vuelta de las corridas: “Si no se dan toros, no podemos sobrevivir”.

Para muchos aficionados, las tardes de toros de San Isidro comienzan con la previa del festejo. Los establecimientos aledaños a la plaza se convierten en centros de debate entre los partidarios de unos u otros toreros, de apuestas sobre qué toro embestirá esa tarde o de análisis de las corridas de feria. El buen tiempo suele acompañar y los locales presentan un aspecto envidiable. Es el ambiente previo a una tarde de toros en Madrid. Sin embargo, la llegada de la pandemia y el cierre a cal y canto de la gran catedral del toreo ha arrastrado también a estos establecimientos hosteleros, cuya facturación depende prácticamente de los toros.

“La feria de San Isidro supone prácticamente el total de la facturación de todo el año, para nosotros significa todo”

Uno de estos locales emblemáticos es la taberna “La Tienta”, punto de encuentro para muchos aficionados. Su propietario, César Molero, explica que durante la feria se ven obligados a doblar la plantilla de trabajadores. “El ambiente es increíble, además dura todo el día, desde el apartado de los toros hasta que termina la corrida. San Isidro representa más del 50% de la facturación de todo el año” explica.

Así lo corrobora Verónica Ron, que regenta el restaurante “Los Timbales”, ubicado en plena calle Alcalá. “La feria de San Isidro supone prácticamente el total de la facturación de todo el año. Para nosotros, la feria significa todo, podemos fácilmente cuadriplicar nuestro personal en sala, cocina y barra. El resto de los días que se dan festejos y en la feria de Otoño también hay ambiente, pero lo más fuerte es San Isidro” cuenta a Cultoro.

“Los ingresos han podido reducirse en un 75% a raíz de la pandemia. No puedo mantener a la plantilla, es insostenible. Esto es una ruina”

Sin embargo, las consecuencias de la pandemia para ellos han sido devastadoras. A las restricciones impuestas a los hosteleros, se suma la ausencia de espectáculos taurinos, lo que les ha condenado a una situación agónica.

“Los ingresos han podido reducirse en un 75% a raíz de la pandemia” explica José Luis Martín, que junto a su hermano Miguel es propietario de uno de los restaurantes taurinos con más señorío de Madrid, «Puerta Grande». En condiciones normales, el restaurante hubiera acogido durante todo el año una gran cantidad de conferencias y tertulias con toreros y ganaderos, comidas de peñas taurinas, entregas de premios e incluso presentaciones de carteles de otras ferias de localidades de la Comunidad de Madrid, pero “este año todo eso ha desaparecido”. José Luis Martín explica que ha tenido que enviar a ERTE al 50% de la plantilla. “No puedo mantenerlos, es auténticamente insostenible, esto es una ruina” confiesa. 

“Estamos arruinados. Si no se dan toros, no vamos a poder sobrevivir”

“En la zona ha habido muchos bares que desgraciadamente han tenido que cerrar” explica César Molero, que cifra la reducción de los ingresos en más de un 50%. “Nos dieron espacio como terraza COVID, pero eso no nos ha solucionado mucho”. En una situación similar se encuentra “Los Timbales”, que ha intentando paliar el problema invirtiendo en “calidad y buen servicio”. Sin embargo, se trata de esfuerzos que parecen insuficientes ante la dureza de las restricciones y la ausencia de festejos: “Estamos arruinados, si no se dan toros, no vamos a poder sobrevivir” explica su propietaria.

“Como esto siga así, nos llevará por delante a todos”

Otro de los legendarios locales venteños es «Casa Toribio», que, pese a servir uno de los platos más típicos como el rabo de toro, tampoco ha sido ajeno al revés propiciado por el coronavirus. “En San Isidro lo teníamos todo lleno, no podíamos dar más mesas, en la feria se consumía el 60% del rabo. Pero ha venido esto y como todo siga así nos llevará por delante a todos porque el futuro no pinta bien. Mis proveedores ya están matando toros de los que tenían pensado lidiar este año”. Además, “la gente tiene miedo a entrar en los restaurantes” explica su propietario, Toribio Anta Anta, que lleva más de cuarenta años al frente del negocio.

Pese a lo adverso de las actuales circunstancias, los hosteleros tratan de no dejarse llevar por el pesimismo para salvar al menos la próxima temporada de verano. “Soñar es gratis y nosotros trabajamos con la ilusión de que todo esto pase cuanto antes. No sé si habrá toros, pero creo que nos irá un poco mejor que el año pasado” señala Verónica Ron, propietaria de “Los Timbales”. Una opinión que comparte el propietario de “La Tienta”, César Molero. “Cuando hablo con la gente del mundo del toro, son optimistas, pero todo depende de que los de arriba quieran”.

Hasta que lleguen los toros, sólo les queda reinventarse para sobrevivir y extremar las medidas de higiene para así tratar de garantizar lo máximo posible la seguridad en sus locales. “Nosotros intentamos tener toda la ventilación y toda la limpieza del mundo. No hay sitio más seguro que un bar, es muy difícil contagiarse” sentencian los hosteleros.