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El oficialismo antitaurino campa a sus anchas

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ARTÍCULO

El oficialismo antitaurino campa a sus anchas


martes 9 febrero, 2021

La Fundación Toro de Lidia debería haber rechazado la miseria del Premio Nacional de Tauromaquia y empezar por ahí la cruzada pendiente contra el antitaurinismo en el Gobierno.

La Fundación Toro de Lidia debería haber rechazado la miseria del Premio Nacional de Tauromaquia y empezar por ahí la cruzada pendiente contra el antitaurinismo en el Gobierno.

Por Juan MIguel Núñez Batlles

La cosa viene de atrás, como dice un amigo mío tan enfadado y decepcionado como yo por lo que está pasando. Este sufrimiento que nos martiriza con tantos ataques de la oficialidad al mundo del toro, sin duda, es consecuencia de nuestra propia pasividad, de la desunión en el sector. Nos comen cada día más el terreno, insultándonos y haciéndonos de menos con injurias y despiadadas ofensas. Y nosotros perdiendo el tiempo y las fuerzas en guerrillas internas e inútiles, cuando los políticos no dan puntada sin hilo.

Dicen todo tipo de estupideces, barbaridades que sorprenden al mundo civilizado y hasta destrozan la misma democracia cuando quieren hacer de menos a nuestro espectáculo de los toros. Pero siguen ahí, sin nadie que les tosa. Porque las instituciones con más arraigo, y suponemos que igualmente con responsabilidad para defender la tauromaquia, están casi en silencio.

Yo venía callándome también desde hace un mes, cuando las nefastas declaraciones del nuevo Director General de Derechos Animales, Sergio García-Torres, que arremetió de manera burda y sin sentido alguno contra La Fiesta de los Toros. No quise hablar entonces, pero en absoluto pensaba desentenderme. Estaba esperando que, ante la profundidad y gravedad de aquellas nefastas y perversas manifestaciones, el toreo saliera en tromba a protestar. Pero, vana ilusión.

Dijo el director general de marras que «el toreo es un negocio de señores de la corte» y una forma de «control masculino sobre la naturaleza». Y tan ridículo fue tildar a José Tomás de «suicida» y asegurar que Curro Romero «fue conocido por sus grandes carreras delante del toro y sus saltos mortales sobre la barrera».

No se si caben más imbecilidades en un artículo que escribió García-Torres, o al menos firmado por él, en Eldiario.es.

Y hay más perlas por el estilo, que ya no vale la pena comentar; porque quizás hay que contenerse para no dar publicidad a la ineptitud e ineficacia que casi siempre hay detrás de este tipo de actuaciones.

Y como es, o debería ser,  responsabilidad de otras personas e instituciones salir al paso de estos desmanes, y no lo han hecho con la contundencia debida, a ellos también hay que darles su ración.

Ya está bien, que unos digan lo que no tienen que decir, porque hablan sin sentido (o en todo caso movidos por el odio y la inconsciencia) y que otros (que deberían sentirse aludidos) sigan mirando para otro lado.

La respuesta a las declaraciones del llamado Director General  de Derechos Animales ha sido hasta ahora tibia, en medios, entidades y departamentos con influencia muy relativa. 

¿Dónde han estado este mes los taurinos de peso?

Escondidos, o tapados, la Fundación del Toro de Lidia, y las asociaciones de profesionales del sector con verdadero peso, y no digamos el organismo gubernamental del que depende directamente el toreo, el desdibujado -taurinamente hablando-  Ministerio de Cultura. Todos a tragar. Todos a callar. Pues así se exhibe, y hasta se pavonea el oficialismo antitaurino. 

Lo último fue esta semana última, en una entrevista televisiva al titular de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes, que sigue insistiendo en que la colaboración de su departamento con La Fiesta ha de ser sólo desde el punto de vista cultural, sin más compromiso.

Y a todo esto, se jacta de que él personalmente tiene una relación fluida (son palabras textuales) con la Fundación del Toro de Lidia (FTL) que ha recibido el premio a la Tauromaquia. No sé si son treinta mil euros; nada en comparación con la millonada que aporta el toreo a las arcas del Estado. Una miseria que, por vergüenza, tenían que haber rechazado. Y empezar por ahí la cruzada pendiente.

Así está el toreo, administrativamente hablando. Y bien que siento decirlo.