CORELLA

Adiós a Pepe Teruel, con honores de figura


sábado 10 abril, 2021

Amigos y familiares despidieron al torero, al empresario, a la persona en su última vuelta al ruedo a la plaza de su amada Corella

Amigos y familiares despidieron al torero, al empresario, a la persona en su última vuelta al ruedo a la plaza de su amada Corella

Ha muerto José Luis Teruel Peñalver, «El Pepe», un taurino que fue matador de toros, banderillero, empresario y apoderado, y no sé cuántas tareas más en nuestro singular mundillo. El caso es que cumplió en todos esos cargos con dignidad -mucha dignidad, habría que advertir-, y hasta en ocasiones con brillantez, no obstante, y según aceptaba él mismo con la humildad de los grandes, sin llegar al estrellato que inexcusablemente uno se marca como meta en todos los casos.

Aunque tuvo «El Pepe» siempre la suerte de Dios a su lado, precisamente para llegar a ser rico, millonario y más, pues nadó en la abundancia, ya lo creo. Y fue su riqueza la gran cantidad de amigos que tuvo y ahora le lloran.

Por consiguiente tantas y tan hermosas voces le recuerdan en su adiós, con dolor y gratitud, por su extraordinaria humanidad y la clase que le distinguió. Por su generosidad y bondad, y por la educación taurina y de la otra que mostraba en el trato y el magisterio, y no sólo con los que empiezan, ya que se le requirió también en ocasiones por parte de los consagrados para prestar el asesoramiento que da la experiencia de los años, y que él supo ejercer con el debido respeto.

Tal fue «El Pepe», de una apabullante claridad de ideas, y al que adornaba una gracia singular por la que tanto le ensalzan sus devotos. Pues ha sido también y sobre todo un castizo como no hay dos. Por su porte pinturero, reflejo de un gracioso madrileñismo basado en un lenguaje cargado de giros y expresiones de lo más cariñoso,  muy propio del barrio de Lavapiés donde vino al mundo. Y así se recreaba en el habla, alargando sílabas o sonidos, o incluso alterando cualquier norma gramatical para decir cada palabra con una evidente lentitud y complacencia que le diera más rotundidad a su popular jerga.

Un hombre extraordinario, cuyo estilo de vida fue también pura filosofía. Ejemplo de caballerosidad y encanto torero, al que tuve la suerte de tratar en muchas ocasiones, en Madrid cuando acudía puntualmente a las grandes citas relacionadas con la feria de San Isidro, la última vez, en mayo de hace dos años, en el acto de homenaje a su hermano Ángel el día que se inauguró el azulejo que le recuerda por su dilatada y exitosa trayectoria que le llevó a convertirse en uno de los toreros más destacados de los años 60 y 70; y por supuesto en cada feria de San Fermín de su querida Navarra, ya que ha sido esta tierra su segunda patria desde que se trasladó e instaló para siempre en Corella con su amada Mari y las cinco hijas de su feliz matrimonio.

Hace algo más de dos meses, alertado por la preocupación de un amigo común, el matador de toros Julián Maestro, que sabía de una dura enfermedad que le estaba aquejando, sentí la necesidad de escribirle unas líneas y dedicarle un comentario radiofónico en RNE de alabanza y ánimo, que me agradeció desde lo más profundo de su corazón. A partir de ese día fueron innumerables sus muestras de cariño para mí y mi familia. Nos hicimos todavía más amigos. Qué hermosa ha sido la amistad con él, en tantas llamadas ilustradas por esa misma vitalidad y bondad suya que me llegaban por el teléfono.

De ahí que no cesan ahora las lágrimas por su adiós, y que yo quiera proclamar para su recuerdo el ejemplo que nos deja de persona y garbo torero. Porque atesoró los mejores valores del ser humano y de la torería, y porque supo hacer gala de los mismos con la más exquisita y estimable naturalidad. Torero por siempre. Por eso lo despido como se merece, con honores de figura.