Experto, adjetivo que lo dice todo y no dice nada

EL TENDIDO DE LOS SASTRES

Experto, adjetivo que lo dice todo y no dice nada


martes 10 agosto, 2021

. Y cualquiera de ellos, en mayor o menor grado, con más o menos ostentación, hace gala de ello a lo que puede

Morante El Puerto 7 8 2021

En la retahíla de (odiosos ) modismos lingüísticos que la pandemia nos hay traído “para quedarse”, la palabra  “experto” se alza con el liderato. Jamás en mi ya provecta existencia había oído y leído tantas veces tal adjetivo, aplicado-además- a las más diversas disciplinas y quehaceres.

Los “expertos” lo saben todo, no sólo de lo suyo (sic) sino de todo y así se les presenta y se nos aparecen en medios de comunicación y redes sociales. Muches de elles  ya son como de la familia y, como a tales, se les odia o quiere, según afinidades, aunque me pregunto a qué dedicaban el tiempo libre- que esa es otra y de donde lo sacan pa tanto como destacan- antes de que el maldito virus llegara a nuestras vidas, ojalá que no “para quedarse”. Con perdón, que ya me he repetido.

En el mundo de los toros, también hay expertos, faltaría más. Pero son entrañables. Es más, desde aquí mi cariño y homenaje a ese “Comité de expertos” que desde hace años pone luz y gracejo en el análisis de la actualidad taurina en Canal Sur Radio, con el inigualable Juan Ramón Romero – abrazo grande- al frente y en el que colaboró tanto tiempo, desde Barcelona, mi amigo y compañero Enrique Avellán, tristemente fallecido hace unos meses. Avellán, además de pertenecer a ese Comité de expertos, retransmitía para Carrusel Taurino de la misma emisora las corridas en La Monumental y, durante  sus intervenciones, los vecinos de tendido casi prestaban más atención a lo que decía que a lo que sucedía en el ruedo. Y no digamos cuando cantaba los puyazos, los pares de banderillas, los naturales, las estocadas o los trofeos, como si fueran penaltis o goles.

Los “expertos” taurinos  son- valga la redundancia-  los taurinos, término a veces peyorativo pero que en su esencia abarca a quienes, profesionalmente en sus distintas facetas como en condición de aficionados, se reconocen en la tauromaquia. Y cualquiera de ellos, en mayor o menor grado, con más o menos ostentación, hace gala de ello a lo que puede. Y cuanto de mayor edad, mejor, pues si no han visto a Manolete, poco les ha faltado.

Quien más quien menos, salvo los que con falsa modestia intentan disimularlo, se considera si no un “experto” sí con el suficiente bagaje para, más allá de opinar, sentenciar. Y a ello se ponen, nos ponemos, en una tertulia de bar ( con mascarilla en interiores, sin ella en las terrazas) o en el sanedrín de las redes sociales. Otros, en su condición de críticos- “crítico, qué palabra tan fea, sentenció el Faraón de Camas”-  lo hacen en los medios de comunicación que aún reservan un espacio para los toros o en los portales taurinos, como este.

En esta temporada taurina tan a contracorriente y plena de incertidumbres que a veces se despejan para bien y otras para mal, uno diría-en su condición de “experto”, con perdón- que estamos viviendo un renacer del toreo. Qué cosas.

Un renacer que unos cuantos privilegiados lo ven en las plazas- con aforo reducido- y otros a través de las televisiones, pese al repelús que tan legítima como discutiblemente les ha entrado a algunos toreros (figuras) a dejarse televisar. Toreros y apoderados que quizás desconozcan lo que dejó escrito un auténtico experto en comunicación de masas como Manolo Vázquez Montalbán allá por los inicios de los años setenta: “La revolución será televisada, o no será”.

Un renacer que, en versión Morante, mira hacia atrás en el tiempo para llevarlo a nuestro ahora, a veces- muchas- con éxito y con algún desaguisado como el de El Puerto. Una mirada atrás sin ira- al contrario- que incluye la apuesta de Ceret por la corrida de Casta Navarra, que salió como salió, pero que también contribuye a la causa.

Un renacer que, a la par que mantiene el interés en figuras consagradas, que, además, están dando la cara de forma encomiable, ha alumbrado un manojo de toreros que hacen las delicias de la afición. Y si digo Aguado y Ortega digo mucho, pero no todo.

Un renacer que también pasa, o debería, por las ganaderías, que tanto han sufrido  y siguen sufriendo los estragos de la pandemia. El abanico ganadero es –aún- amplio y las empresas y los toreros son fundamentales para que así siga o, por lo menos, deje de menguar.

No sé yo lo que opinarán los “expertos”, pero a la temporada taurina aún le quedan muchas alegrías que darnos, regreso de Talavante en Arles entre ellas.