AL SUR DEL CIELO

Talavante: ¿Repercutirá en su temporada que su apuesta de Madrid haya terminado en decepción?


lunes 6 junio, 2022

Esperaremos a ese instante, a esa chispa que nace del dialogo entre toro y torero para que volvamos reencontrarnos con el Talavante que todos queremos ver.

Talavante
Talavante, el pasado sábado en Madrid. © Luis Sánchez Olmedo

Se esperaba con gran expectación el paseo de Alejandro Talavante por la Feria de San Isidro; cuatro tardes perfectamente estudiadas, pensadas al milímetro para que esa vuelta tan esperada tuviera un resultado satisfactorio para todos. Jandilla, Garcigrande, Victoriano del Río y Adolfo Martín eran las divisas reseñadas para su vuelta a la primera plaza del mundo. Esa plaza que le dio tanto que ya no puede vivir sin ella, allí probó por primera vez las mieles de la gloria y en ella ha decidido estar para comenzar de nuevo. Una apuesta que hay que valorar pese a que haya terminado en decepción, porque tocar el cielo de Madrid no es baladí y si casi un milagro.

Pero las cosas no siempre salen como se piensan. Alejandro ha vuelto, eso es incuestionable, pero sin la frescura de antaño, si esa conexión con los tendidos que hacía que la mecha prendiese. Ya contábamos hace unas semanas que el volver tras varios años de inactividad pesa, te encorseta de alguna manera y no te deja expresarte con soltura. Su apuesta por Madrid fue firme y decidida, sabía que era arriesgado tras tanto tiempo parado, pero su vuelta -según su planteamiento- debía de ser allí donde el foco estuviera puesto. Ese foco de Madrid que ha tenido afligido a un Talavante que fue otro cuando se quitó la presión de la primera plaza del mundo. Ese que vieron en Córdoba sin espada y que en menor medida disfrutaron en Aranjuez.

Su balance ha sido el de una oreja en cuatro tardes, pero aquí lo numérico no debe tapar una apuesta que salió cruz. Ahora tras el paso por Madrid la cuesta toma un sentido descendente, afronta nuevas tardes en cosos de menor exigencia en los que debe soltarse y volver a ser el mismo. Un camino en el que debe encontrarse ese toro que le ponga de nuevo en el camino, ese que le haga reencontrarse con el Talavante que todos esperamos. Hasta Pamplona aún quedan plazas como Granada, Algeciras o Alicante, plazas en las que por exigencia de los públicos y animal que se lidia son las idóneas para volver a encontrar su camino. Ese camino que empezó a marcar en Córdoba y que reafirmó en Nimes ante un buen toro de Toros de Cortés. Ojalá que la tarde de hoy sea un volver a empezar en su temporada.

Porque es normal que en Madrid aparezcan las dudas, esas que como es lógico seguro que han rondado por la cabeza del extremeño, ya no por sus actuaciones isidriles, sino por esa conexión que ha faltado con el que se sienta en un tendido. Porque aquí todos hemos tenido dudas alguna vez, y el que no las tenga es o un mentiroso o un arrogante. Alejandro debe mirarse en el espejo y decirse a la cara aquello que no funciona, porque nadie sabe mejor de nosotros uno mismo; el espejo nunca miente. Pero esas dudas o tropiezos son muchas veces hasta positivos mientras te ayuden a tomar impulso, a saber que falló y ser capaz de corregirlo. Ese impulso que buscará Alejandro en un mes de junio cargado de festejos antes de volver a afrontar la empinada cuesta de las plazas de primera.

Con el paso de las tardes debe ir encontrándole ese pulso a la temporada, ese que pareció cogerle a un toro de Álvaro Núñez en Córdoba y reafirmó con uno de Toros de Cortés en Nimes. Ahí pareció desencorsetarse, quitarse esa cierta apatía que dominaba sus faenas. En este comienzo de temporada el aficionado ha notado a un Alejandro algo ausente, desconectado del tendido, buscando el toreo que lo hizo encumbrarse pero sin saber muy bien como llegar a el. Un quiero pero no puedo que debe se mucho más frustrante que el saberte incapaz de cruzar la linea. Porque esa linea sabe que es capaz de pasarla, pero el hilo conductor con el tendido parece roto.

Sin duda el primer decepcionado es el mismo, el no verse capaz -por el momento- de plasmar su toreo delante de la cara de los animales. La preparación en el campo es básica, fundamental, pero ahí no sientes el peso de la púrpura, ese que te agarrota si no estás despejado de mente. Yo quiero seguir viendo a Alejandro colgado en los carteles, porque pocos toreros he visto cincelar obras comos las que ha cuajado el extremeño. Talavante es un torero atemporal, impregna su toreo de una emoción indescriptible, verdadera. Un concepto que busca el sometimiento por la vía de la pureza más absoluta. Un torero que se rompe con los toros sin necesidad de enseñarlo, de quebrantarse; la exigencia por la vía de la sutilidad, de la caricia. La entrega y la exigencia no se negocian, su búsqueda del toreo es una continua moneda al aire, la cual camina sobre una delgada linea, esa que separa la gloria del fracaso, porque para Alejandro no valen las medias tintas.

El paso de Talavante por Madrid debe servir de reflexión, de buscar esos que falla para que su conexión con el tendido no fluya como antes. Debe analizar interiormente que ha pasado en esas cuatro tardes y tomar un camino que le lleve a volver a ser ese Alejandro de muñecas dormidas, zapatillas asentadas y corazón volcánico. Porque la chispa puede prender en cualquier momento, es cuestión de sentirlo en las yemas de los dedos, poner el pecho por delante y crujirse le embestida hacia atrás. Como muy bien decía Álvaro Núñez «Hay muchísimos paralelismos entre la bravura del toro y el buen toreo, para empezar la calma; cuando un torero es valiente está calmado, allí hay poco ruido, los toques son suaves, cuánto más valiente es torero más suave toca al toro, más ventajas le da» por eso merece la pena que esperemos a Alejandro, porque no está la tauromaquia para estar dándole la espalda a este tipo de toreros.

Hay que ser exigentes, indudablemente, pero también hay que ser conscientes que las prisas en el toreo nunca han sido buenas, por eso hay que seguir esperando a que prenda esa chispa de la que antes hablábamos, porque una vez que se enciende el toreo se vuelve grandeza. Esa grandeza que tienen los Talavante, Ortegas o Aguados, porque el toreo que te arrebata es el que nace de la calma, esa de la que habla siempre Álvaro Nuñez. Esperaremos por tanto a ese instante a esa chispa que nace del dialogo entre toro y torero para que volvamos reencontrarnos con el Talavante que todos queremos ver.