MARCO A. HIERRO / ILUSTRACIONES: JUAN IRANZO
Los tres toreros anunciados saben lo que es que Sevilla se les entregue en el medio de una faena. Y los tres, sin embargo, han obtenido resultados esta feria menores de lo expuesto con las telas. Y es esa adicción a romper Sevilla lo que mueve a los toreros. Y a los anunciados hoy más aún, porque es su segundo paseíllo y último en esta feria. Y será con la corrida de El Pilar, uno de los hierros con más regularidad en el Baratillo de las dos últimas décadas.

El Ciclón jerezano hace su seundo y último paseíllo en esta feria con la impresión de haber recibido un mangazo monumental en el compromiso anterior, con la corrida de Jandilla y con dos de los toros buenos que han salido en esta feria. Con ellos se le entregó La Maestranza a uno de los toreros más queridos en esta plaza, donde siempre viene a intentar el toreo tal como él lo sueña.
La
trayectoria de Juan José Padilla es indiscutible por todo y por todos. Aunque
su toreo no haya calado en la ortodoxia de ciertas Ferias, sí que ha sabido
congeniar perfectamente a lo largo de su trayectoria el amor por el pópulo que lo
mantiene vivo y el contento con el aficionado más exigente que pide más de él. Antes
del percance de Zaragoza con las duras y tras éste en puestos más reconocidos
en los carteles, el jerezano sabe que se juega mucho siempre en la primera plaza de
Andalucía.

El extremeño ha visto cómo se hablaba de él y de su faena a Platino durante toda la semana por las calles de Sevilla y en la globalidad de La Red. Medios de comunicación y aficionados han calificado de corto el premio de la oreja recibida en aquella ocasión y esta es una tarde extraordinaria para enmendar ese hecho. Y la corrida de El Pilar, en Sevilla, es la propicia.
Han sido casi dos años en el dique seco y ha regresado Ferrera con el recordado «decíamos ayer» que utilizó Fray Luis de León. Torero de raza el extremeño de Ibiza, ha logrado ir evolucionando su
manera de torear y acoplarla a la madurez que va alcanzando. Sin perder
identidad en esa forma peculiar de lidiar y de banderillear, con ese
saltito en la cara que supone su sello particular, Antonio ha sabido
cambiar el comerse el toreo a dentelladas por paladear lo bueno con
mucha más calma, con serenidad y con poso.
Hoy, además, tendrá a la plaza a su favor.

Fue el torero que abrió la lata de la revolución hace dos temporadas,
con tres puertas grandes consecutivas en Madrid que amplió el pasado
año con una más en la corrida de Beneficencia. Sencillo y espiritual, López Simón trajo una bocanada de aire fresco a la fiesta, además de la exigencia a
las figuras de la apertura de carteles, lo que subrayó con sus propios
triunfos incontestables. No fue, sin embargo, el año 2016 el mejor de su
Tauromaquia, aunque sí de su cartera. Y esa pasa siempre por superar
carteles como el de hoy.
La tarde de hoy servirá para evaluar el
torero que se encuentra quien acuda a la plaza.

Porque la excelencia en el toro exige un animal que embista despacio, y eso casa mal con la exigencia de algunos públicos de que el toro corra mucho. La humillación la entrega y la clase complementan la lentitud en la embestida, y para cuajar ese tipo de animal hay que ser un superclase. Aunque en algunos tendidos se confunda la lentitud con la falta de fuerza o de raza.
La Maestranza es la plaza que obsesiona a Moisés Fraile y el día llega de nuevo hoy.