Morante y Talavante firmaron dos obras premiadas con dos orejas y el palco se las facilitó a un Javier Blanco que falló con el acero
Un solvente Javier Blanco deja momentos muy templados con el primero
Terciado y estrecho de sienes salió Rabioso, toro de pitón derecho en el percal del toricantano y de escasa visión por el izquierdo, que correteó mucho y fijó poco el objetivo hasta el duro primer puyazo. Ni el matador ni los banderilleros le pegaron un capotazo por el pitón derecho. El brindis de Javier fue para Cristina, su esposa, y sus hijas, y salió espoleado, porque firmó un sobresaliente inicio por ambos pitones, con trinchera o de mucho gusto por el pitón malo y una firma para recordar. Lastima que se frenase el torete, que no lució luego al natural, por donde acudía sin celo, sin entrega y sin fijeza. Por eso volvió a la diestra el torero, por donde llegó una tanda ligada y riñonada que caló mucho en el tendido. Solvente Blanco, que mostró facilidad y mucha capacidad para andar delante y hasta paciencia para saber cuándo se había desengañado el animal y soplarle una serie al natural de mucha confianza y trazo suave. Unas manoletinas bienintencionadas pusieron el epílogo a una faena que el charro rubricó con media estocada tendida que precisó de descabello, con el que no estuvo acertado. Al final, sonó un aviso y el premio quedó en silencio.

Un Morante inteligente y templado empaña con la espada una faena de mucho aseo
El saludo a la verónica de Morante al segundo fue sencillamente magnífico. Sin ligazón alguna, pero aprovechando cada arrancada desde un metro antes de llegar y vaciando con la cintura tras la cadera, todo con suavidad, con armonía, pese a la intención del toro de buscar las tablas. Medido el puyazo de Pedro Iturralde, que dejó al animal más templado en el capote de brega de juan José Domínguez; largos y escasos sus capotazos. Y lo mimó Morante en el inicio, con estatuarios sin dejar que tocase la tela, un molinete galleado y una firma magnifica, todo muy celebrado. Menos lo fue una primera tanda diestra sin exigencia, donde lo quiso pasar sin más y una colada a pitón diestro le pidió gobierno. Se lo dio desde ahí, y desde ahí se puso más serio, siempre embarcando muy bien en el primer muletazo de cada serie. Pero no duró mucho un animal muy en el límite de todo, y anduvo inteligente José Antonio para hacerle cositas por arriba antes de matarlo. Pinchó dos veces el sevillano, y la estocada trasera con la que despenó al animal no dio para más que una ovación.

Talavante se emborracha de toreo con el magnífico tercero y la espada le hace guardia
El Castaño chorreao que hizo segundo se llevó una aguda protesta por chico, pero embistió con más intención que largura en un saludo de mucha facilidad de Alejandro Talavante. Le valió con un puyazo, y blandeó luego en banderillas, haciendo presagiar una duración escasa en la muleta. El inicio genuflexo y suave de Talavante, muy suyo, quiso echar hacia adelante la arrancada del animal, y lo consiguió, porque tiró de celo y fijeza para seguir hasta atrás la muleta que le dejaba el matador a dos dedos del morro. Gran clase la de Cartucho, con el que se emborrachó Alejandro de muletear al natural, siempre encajado y entregado a la calidad enorme del de Domingo Hernández. Cambiados, arruinas en medio de la tanda, firmas espléndidas y un bellísimo toreo a dos manos para poner el epílogo jalonaron la obra de Alejandro, al que una estocada que hizo guardia dejó en una oreja el botín.

Morante mima al pasador cuarto hasta cortarle las dos orejas
Alberguero se llamaba el cuarto, un toro castaño oscuro y listón, de escasa entidad, que Morante lanceó a la verónica con encaje, con seguridad y con personalidad para dejar el aroma en los tendidos. Monumental fue la media, como el galleo por chicuelinas para colocar al toro en la suerte de varas, donde se le midió mucho. De hecho, también la templada brega de Joao Ferreira fue suave y mimosa para no quebrantar al animal. A Paco Alcalde fue el brindis del sevillano antes de iniciar larguísimo, rodilla en tierra, el trasteo de muleta, que ya había dejado un trinchera o y una firma de morirse cuando empezó ‘de verdá’. Pero no tenía fondo el animal para la exigencia habitual de Morante, que tuvo que buscar una media altura correcta para conseguir que las series fueran ligadas. Y no era lo mismo sin la brillantez del genio con el bravo poderoso. Aún así, fue hermoso en toreo al natural a pies juntos, en el que deslizó alguno francamente bueno. Una estocada hasta las cintas le puso en las manos el doble trofeo.

Talavante se explaya en dibujarle el toreo al fabuloso Sacristán que hizo quinto
También al quinto le faltaba remate, pero aún así era el más toro de cuantos habían saltado al ruedo, aunque no puso atención ni intención en el capote que le mostró Talavante de salida. Una vara le bastó al animal en el caballo, y tuvo la suerte de encontrarse con Álvaro Montes en la brega y con Ambel en banderillas. Brindis a la concurrencia e inicio al hilo de las tablas y de rodillas, con tanta suavidad en el trazo, incluso en el cambiado de mitad de serie, como falta de espíritu en el toro de Domingo. Al ralentí tenía que ser, porque no había fondo en el físico del animal, pero sí un celo y una entrega que le hacían perseguir el trapo incluso sin poder para ello. Por eso le fue deletreando Talavante cada trazo a Sacristán, un toro de vacas si hubiese tenido más entidad y, sobre todo, más poder. Almibarado el extremeño al natural, abusando, incluso, del extraordinario animal, dejó una faena de profunda entrega a dibujar el toreo. Muy despacio hizo la suerte al matar, pero cayó la estocada trasera y no acertó el torero con el descabello. Aún así, salieron los pañuelos para pedir -y conceder- las dos orejas.

Javier Blanco emborrona con el acero una faena para tocar pelo y el palco lo arregla
Le funcionaron los brazos y la cintura a Javier Blanco en el saludo al sexto, un castaño apretado de carnes y reunido que tuvo brío para repetir mientras le ejecutaba el salmantino verónicas muy castellanas. Este fue, de todos, el de más poder en el caballo, donde se llevó un formidable puyazo de Alberto Sandoval, antes de que Blanco ejecutase el quite por el mismo palo que el saludo. Largo, muy largo lo llevó en la brega Juan Carlos Rey, justo antes de que brindase al público su matador. El inicio, con la rodilla flexionada, tuvo intención y saber hacer, a pesar de la renuencia del toro a la arrancada. Pero tenía cuatro o cinco embestidas vibrantes al arrancar, y eran esas las que debía aprovechar Blanco. Asentado, sin una duda, el charro supo darle trapo al castaño sin un miserable tirón, en una faena más reunida que ligada. Muy encajado al natural, despacio y sin querer ligar ni amontonarse, Javier dejó dos series de calidad que tuvieron respuesta contundente en el tendido. Tampoco se arredró al ir a buscarle el morro con la diestra, con la que dejó otra tanda de mucho aplomo, y seguro anduvo en los circulares que llegaron antes de entrar a matar. El acero, sin embargo, se llevó sus opciones de tocar pelo. Pero el palco lo arregló sacando los dos pañuelos para que se despidiese con una foto en la puerta grande.

FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de Moralzarzal. Corrida de toros XX aniversario del coso. Más de tres cuartos de plaza
Toros de Domingo Hernández, noblón y con cierta calidad el primero, docilón sin espíritu el segundo, enclasado y de enorme ritmo el terciado tercero, sin fondo ni clase el pasador cuarto, de clase fabulosa pero escaso poder el formidable quinto, premiado con la vuelta al ruedo y vibrante al arrancar, pero a menos el sexto.
Morante de la Puebla (de celeste y oro): Ovación y dos orejas
Alejandro Talavante (de negro y plata): Oreja y dos orejas
Javier Blanco, que tomaba la alternativa (nazareno y oro): Silencio tras aviso y dos orejas
Sonó el himno nacional al romper el paseíllo. Javier Blanco tomó la alternativa con el toro nº 1, «Rabioso»
FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ OLMEDO
