La Tertulia Taurina El Porvenir entregó en la noche de ayer sus XIII premios a la Excelencia Taurina, que recayó en el diestro sevillano Juan Ortega, valorándose su concepto del toreo, su capacidad por apostar por la naturalidad, y su clasicismo en todas las suertes del toreo. El acto presentado por José Manuel Peña tuvo lugar en el restaurante Pando de la capital hispalense contando este con el espada premiado quien recibió el azulejo del ceramista Ángel Martínez. Además, se entregó una mención a la Hermandad del Baratillo de Sevilla por su estrecha vinculación con el mundo taurino.
El secretario de la entidad. Juan Miguel Pereda, leyó el acta del jurado, en el que se justificó los motivos para la designación de los premiados. En el caso de Juan Ortega, por su gran temporada y, sobre todo, por su faena realizada en Sevilla al toro Florentino perteneciente a la vacada salmantina de Domingo Hernández el 15 de abril de 2024. Con relación a la Hermandad del Baratillo se puso de relieve su tradicional vinculación con el mundo del toreo a lo largo de tres siglos, que en la actualidad se ha visto consolidada. La distinción fue recogida por Luis Fernando Rodríguez Carrillo, Hermano Mayor de la corporación.
Ortega sueña el toreo con un gran’ Florentino’ al que desoreja

Y Ortega toreó como todos soñamos hacerlo alguna vez en la vida. Dibujó una obra tan templada como honda al excelente ‘Florentino’ un toro de una clase infinita que se murió buscando los vuelos por abajo. Ya de salida el sevillano había dejado un cadencioso recibo de capa a un toro que pareció reducirse cuando le ganaba Ortega el paso con el capote mecido. Inicio de toreo a dos manos generoso en el trazo, larguísimo en el tiempo. Parecía tomarle el belfo al castaño y conducirlo sin oposición, sin prisa, dejándose hacer un animal que hasta entonces no había viajado nunca hasta tan lejos en los trapos. Solemne fueron los ayudados a dos manos, y los derechazos que quisieron, después, asentar al de Domingo Hernández, con una rodilla en tierra para pegar el de pecho, que le nació de dentro y no tardó en levantar. Ortega toreó con el alma reduciendo la embestida de un astado que permite precisamente este tipo de toreo. Un animal que siempre se sintió cómodo en la exigencia colocando este la cara y haciendo el avión. Si por el derecho se había roto con de Domingo Hernández no fue menos a zurdas, por ahí empujó un punto más esculpiendo Juan ese toreo del que tantas y tantas generaciones han mamado. Toreo de cintura y muñecas, de pulso infinito, de caricia y hondura ante un toro con “talento”. Sevilla se había entregado plenamente ante el inconmensurable toreo de un espada que tocó el cielo justamente en el 45 aniversario de alternativa de Pepe Luis Vargas. Labor intensa ante un toro que nunca se cansó de embestir, un ejemplar de gran categoría, esos que ponen su vida al servicio de la gloria de aquel que sepa entenderlo. Ortega volvió a poner en pie a la plaza con un ramillete de doblones al ralentí que provocaron ese olé ronco de la Maestranza. La estocada puso en sus manos un doble trofeo, este había firmado la faena de su vida por la rotundidad de la misma y el escenario donde la realizó. Un triunfo que no tuvo discusión alguna al igual que la cerrada ovación para un toro de gran nota, sin duda el de mayor clase de lo que llevamos de Feria.