En un auditorio lleno y ante una audiencia poco habitual para el mundo del toreo, Andrés Roca Rey cautivó a expertos en gastronomía y pensamiento en el congreso gastronómico Diálogos de Cocina en San Sebastián. Sus palabras, cargadas de profundidad y autenticidad, generaron un impacto inesperado. Mentes expertas en este congreso escucharon atentamente su visión sobre el miedo, la pureza y la conexión espiritual con el toro, y luego dialogaron con él en un intercambio enriquecedor. La admiración por su labor y, sobre todo, por la honestidad de sus reflexiones, quedó patente en la gran ovación con la que fue recibido y despedido.
Buscar al niño: el camino hacia la libertad
“Busco al niño día a día”, confesó Roca Rey. Explicó que en algún momento sintió que lo había perdido, que había un vacío dentro de él porque se obligaba a triunfar. Pero con el tiempo entendió que cuanto más cerca está de ese niño interior, más libre se siente.
Para él, la pureza es un valor fundamental, tanto en la vida como en el toreo. “Me preocupa que el mundo ya no tenga pureza. Eso me molesta por la falsedad de muchas cosas que hay hoy en la sociedad. Mi meta es buscar esa pureza”, aseguró.
El miedo y el valor: una relación inevitable
Roca Rey recordó que el miedo apareció en su vida desde niño, aunque al principio el valor que tenía era pura inconsciencia. “El mundo del toro es ir contra tu instinto de supervivencia y lo único que puede hacer que hagas eso son tus sueños y metas”, explicó.
Sobre el valor, fue contundente: “No sé si el valor se irá acabando. Estoy seguro de que en algún momento me voy a ir de esta vida. Al saber que eso pasará, me siento lleno de valor. Eso será lo último que pase y es lo que más miedo me da. Pero cuando eres consciente de que eso llegará, lo demás ya no te da tanto miedo. El valor aumenta y el miedo baja.”
El toreo como ejercicio de espiritualidad
Para Roca Rey, el toreo es mucho más que un espectáculo; es un diálogo, una entrega, una conexión con algo superior. “Cuando toreo, siento que mantengo una conversación con el toro en paz, en armonía y con entrega. Le pongo la muleta y le doy a escoger”, explicó.
En ese mismo sentido, expresó que no siente rencor cuando el toro le hiere: “El toro me da la gloria y a veces debo pagar un sacrificio. Vivo en gratitud absoluta. El toro bravo no es un negocio”.
Soledad, conciencia y el sentido de la vida
El torero también habló sobre la soledad antes de una corrida, sobre cómo vestirse de luces es un ritual y sobre lo que sintió en la tarde de Santander, cuando una cogida brutal lo dejó en el suelo: “Cuando al toro se lo llevaban, dije: ‘Me has perdonado la vida’.”
Finalmente, dejó una pregunta abierta que refleja la intensidad de su experiencia en el ruedo:“Me pregunto en qué nivel de conciencia o qué dimensión estaré cuando toreo, porque cuando me vi me impactó.”
Con estas palabras, Andrés Roca Rey dejó en Diálogos de Cocina una huella profunda, mostrando que el toreo es más que un arte: es una forma de entender la vida, el miedo y la verdad.