En los pagos manchegos de Fernán Caballero (Ciudad Real) pasta una de las ganaderías con personalidad propia, un hierro cargado de historia que tiene como cuartel general a la finca ‘Pinos Bajos’. Se trata de una vacada que nada se parece a aquella que en 1933 fue formada por los señores Víctor y Marín con vacas y sementales de los hermanos Clairac y otra punta de vacas procedente de Albaserrada.
Ahora la sangre por la que apuesta la cuarta generación de ganaderos es bien distinta a aquella que hace más de 90 entró a formar parte de este proyecto, ese que llena a sus actuales propietarios, cuarta generación de ganaderos de la casa. Para conocer más sobre este hierro con antigüedad 16 de agosto de 1964 quisimos hablar directamente con Felipe Lasanta, uno de los encargados de seguir manteniendo viva la llama de esta tradición ganadera junto a su primo José Luis.
“Como bien sabes todo empezó en el 1933 tras ser invitados mi abuelo y a mi tío a un tentadero en una ganadería que había en la provincia de Ciudad Real, en Picón, de Izaguirre; desde aquel día, Alberto Marín, y su cuñado, Emilio Víctor, se decidieron hacer ganaderos de bravo”, comenzando entonces esta bonita historia ganadera, explicaba antes de seguir dando detalles sobre la creación de ésta. “Terminaron de ver el tentadero y a los pocos días se marcharon a Salamanca para comprar animales y formar su ganadería”.

Una ganadería que apostó por un tipo de toro con sello propio: «El origen era de hermanos Clairac -puro Gamero Cívico-, con una parte de vacas de Albaserrada; luego, en el 42 compramos un semental de José Escolar, de origen Graciliano. En el año 53 se dividió la parte de Víctor y Marín: aunque se seguía con el mismo hierro, tenía distintos dueños”.
Felipe recuerda un toro de Don Manuel Arranz llamado Tendero que se inutilizó en el caballo en la plaza de Manzanares: “Ese toro lo adquirimos en 1963 por 100.000 pesetas, parecía que estaba cojeando, pero no tenía nada, era bravo. Tras ser devuelto nos lo trajimos a la finca para echárselo a las vacas. Este nos cubrió 30 hembras y de ellas sacamos un semental extraordinario de nombre Gavioto que ha sido base en la ganadería” recalcaba.
Pero esta no fue la única adquisición, años más tarde entraría otra rama que poco a poco ha ido impregnando la vacada manchega: “Tras ello compramos un toro de Carlos Núñez que se lo añadimos a los nuestros; por último, en el 2002 nos trajimos veinte vacas de Espartaco, puro origen Torrestrella, vía Guateles, y al año siguiente compramos un semental y 10 vacas de Gerardo Ortega, por lo que desde ese año cambiamos totalmente la base de la ganadería”.

Una explotación ganadera que actualmente tiene un amplio número de reproductoras que son la base genética de este hierro, ese que para 2025 tiene una camada que ilusiona sobremanera a Felipe Lasanta: “En casa tenemos un total de 280 animales, entre ellos unas 115 vacas de vientre, y luego el resto son machos: este año lidiaremos utreros y erales, algunos de ellos en Villaseca de la Sagra en el certamen Alfarero de Plata, algo que nos hace muchísima ilusión”.
Una vacada que tiene un gran mercado al otro lado de los Pirineos, lugar donde es muy demandado este tipo de toro: “En Céret, somos la ganadería que más toros hemos lidiado de todos los tiempos. Llevábamos casi todos los años tres novilladas a Francia, porque eran toros fuertes, con mucha caja, que necesitaban mucho castigo en el caballo… y salíamos de las novilladas con 17 o 18 puyazos. Nos repetían en muchas ocasiones y eso nos animaba a seguir hacia adelante con la ganadería”.
Felipe tiene claro hacia donde debe ir la ganadería, de momento se enfoca en lidiar novilladas con y sin picadores un mercado donde tienen su cartel: “De momento, desde la pandemia, no nos guardamos todavía corridas de toros, criar un cuatreño cuesta mucho dinero y no nos trae a cuenta Nosotros apostamos por las novilladas, ya habrá tiempo de dar el salto nuevamente” explicaba para dar por finalizada la entrevista.
FOTOGALERÍA: PABLO RAMOS








































