LA CRÓNICA DE SAN ISIDRO

Maduro no merece a este torero


lunes 22 mayo, 2017

La Venezuela opresora que vive estos días como Bastilla en rebeldía libertaria no merece a un matador que dejó su patria para hacerse libre: Jaén le ha dado la gracia y Madrid, hoy, la credibilidad

Maduro no merece a este torero

JAVIER FERNÁNDEZ-CABALLERO / FOTOGALERÍA:
LUIS SÁNCHEZ-OLMEDO

Maduro no merece a este torero. La Venezuela opresora
que vive estos días como Bastilla en rebeldía libertaria no merece a un matador
que dejó su patria para ganarse el pan y la sal a base de liberarse de los
tiros que allí lo hacían preso
. Aquí la gracia de Jaén lo ha hecho emancipado, el romero de Sierra
Morena le ha impregnado la ilusión y la apuesta de la casa que lo apodera –la misma
que sacó al chavalín de Chiva que quería conquistar el mundo- está moldeando el
barro de su alegre desparpajo.

Se llama Jesús Enrique Colombo, es venezolano
y de padre matador, y el Maduro de la tiranía no merece al torero que
hoy le llegó a la calle de Alcalá, que es corazón de España
. La Venezuela en la que por
robar el pan que el Estado no te da te ganas la trena para morirte de hambre.
La Venezuela que es gloria de Valencia,
Maracay, Mérida, Tovar, Maracaibo y San Cristóbal en estado de putrefacción taurina por culpa del Estado. Que es recuerdo de Caracas.
Que es serial ya desde febrero sin figuras hispanas porque el cambio de divisa
impide traerse el dinero fresco directo a Barajas.

Esa es la del Colombo que tiene en su mano
llevar de nuevo la gloria del toreo a su patria, la que será de todos como lo
está siendo el Perú taurino porque Roca Rey lo está consiguiendo.
No merece Maduro al torero que
vino a la antigua a presentarse en Madrid: primero de la terna, pasando estival quina previa entre el terror de los pueblos que visitó y las noches de insomnio por esperar el
momento justo de ir a la catedral de la Fiesta. Y llegó con El Montecillo, la encastada movilidad sin clase –solo la
tuvo el quinto- con la que Paco Medina viene justificando su presencia menor en
San Isidro durante estos años.

Porque
le dio patria a ese cuarto en el que la frescura ya impregnó el tendido desde
el saludo capotero. Y le metió riñones en el quite. Y le enjaretó gracia ante
la alegre movilidad del Montecillo que vende como genial clase y lidia como
geniudo motor toreable. Ese fue el que toreó Colombo: el «medina” de la
transmisión emotiva en el que las tandas a diestras fructificaron patria en el
tendido. Y patria venezolana le dio también a zurdas, por donde era más zorrón
el animal.

Y de
nuevo a diestras le formó un lío de frente antes de las bernadinas ya con la
casta motora transformada en bruto vaivén. Y el final por diabluras, en el que
la chispa eléctrica que aún salpicaba el novillo no se chocó contra el muro
hierático con el que la figura erguida de Jesús Enrique le planteó el toreo. Y
el hambre trastabillada con la que se tiró a matar. Y el robo de un palco que
le birló el pan al novillero que hoy más lo necesitaba. En banderillas mostró
desparpajo en ese novillo además de domeñar la situación en el animal
abreplaza: aduanas para traerse a Jaén
el pan y llevarse a Venezuela de nuevo la ilusión por la tauromaquia

En
medio del venezolano, dos sevillanos en la recta final de sus carreras novilleriles volvían a la capital antes de la
alternativa a la vera del Guadalquivir. El oficio de Aguado no se hizo con la
embestida del pasador segundo y fue silenciado. Una ovación se llevó del quinto,
novillo enclasado por el derecho del que sí pudo obtener premio de haberlo
cuajado por ese lado. Serna, sin lote, dejó detalles de querer y saber ante el
tercero.

Para entonces Madrid ya sabía que Maduro no
merecía a Colombo. El que vino a tirar la moneda a la antigua, a quemar el
último y el primer cartucho a la primera del mundo, a combinar la seguridad con
la tranquilidad para saberse libre ante el peligro que Venezuela le niega y
España le ofrece para transformarlo en gloria
. Hoy solamente un palco protagonista le robó
la oreja. Que se mantenga al mismo nivel durante toda la Feria: a ver cuántos Colombos
sobreviven a la guerra presidencial de este San Isidro.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza
de toros de Las Ventas. Duodécima de la Feria de San Isidro. Novillada picada.
18157 espectadores.

Novillos
de El Montecillo, soso el primero; pasador sin más y con la cara alta el segundo,
que se dejó la vida en el caballo; de movilidad sin entrega la del tercero;
chispa encastada la del novillo cuarto; enclasado tranco el del quinto; imposible
por peligroso el sexto.

Jesús Enrique Colombo, ovación y vuelta tras fuerte
petición.

Pablo Aguado, silencio tras aviso y ovación.

Rafael Serna, silencio y silencio.