LA CRÓNICA DE SAN ISIDRO

¿Qué le faltó, presidente?


viernes 7 junio, 2024

Tres errores garrafales de la máxima autoridad de la plaza le dieron la vuelta al recuerdo de una tarde que debió ser histórica

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Borja Jiménez se pregunta, sorprendido, qué más tiene que hacer para cortar la segunda oreja. © Luis Sánchez Olmedo

En un lugar de la plaza, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que moraba un hombre mortal al que las cosas del toro le dieron poderes plenipotenciarios, parecidos a los del Papa, para hacer y deshacer a su antojo en los entresijos de una corrida de toros. Y ese hombre, que no tenía detrás ningún esclavo susurrándole al oído «memento mori» (recuerda que eres mortal) como los emperadores romanos en sus triunfos, decidió que hoy era un buen día para dar la nota, justo cuando lo iluminaba el foco más grande del toreo. Y en la plaza, entre los profesionales, en los tendidos e incluso en la mente de Borja Jiménez, que había cuajado al segundo de todas las formas posibles, sobrevolaba una pregunta como misterio insondable: ¿Qué le faltó, presidente? ¿Qué debió hacer el de Espartinas con Dulce para que no quedase en la plaza tan mal sabor de boca?

Es cierto que, en una tarde como la de hoy, con una puerta grande, la primera de la feria para un matador de toros, no deberíamos estar hablando del presidente, pero es que su actuación embadurnó el devenir del festejo y ya no fue capaz de volver a tomar el mando. Él podrá escudarse en la excusa que desee, pero el toreo es pasión, es sensación y es un hecho artístico que mal puede premiarse al amparo de ningún Reglamento, como le recordaron 23.000 personas abucheándole después de liarla por primera vez. Porque no se le puede negar esa segunda oreja a un tipo que se va a portagayola, lancea con voluntad y con brillantez a un toro que derrocha clase, quita por chicuelinas despacio y muy templado, somete la embestida larga, se templa en doblones inmensos con la plaza coreando, pega los mejores muletazos que se han visto en esta feria, genera la emoción más grande que ha habido en Las Ventas en el año en curso y mata al toro de una estocada -es verdad- que tarda en hacer efecto. ¿Qué más faltó, Presidente? Y no me sea usted tan simple de escudarse en el Reglamento.

Ahí, además, erró dos veces, porque si mal estaba negarle a Borja Jiménez la segunda oreja a la faena, lo de negarle al toro la vuelta al ruedo es, desde luego, para quitarle el carné. Armonioso el animal, con las hechuras buenas del Victoriano bravo; caja amplia, prominente badana, cara fosca, sien proporcionada. Tuvo humillación en el percal, entrega en el caballo en dos varas brillantes de Juan Francisco Peña, fijeza en torero y trapo, celo en la muleta, recorrido en cada pase y repetición codiciosa. Todo mientras le llegaba Borja al morro con una bamba tan sutil que parecía no tocar para que se arrancase el toro. Pura emoción en la plaza. Pura pasión en un tendido que berreaba borracho de toreo. ¿Qué echó de menos el tipo en el comportamiento del toro?

Dos vueltas le hicieron dar a Borja al ruedo de un Madrid que era unánime en su aplauso. Y una más que ya le pareció desacato dar ante un presidente que debió de enrojecer de ira, de vergüenza y de bochorno, pero que no hay nadie para sancionar, para juzgar o para tirar de las orejas con un mínimo de autoridá. Esto debió preverlo el toreo cuando decidió que precisaba de un Reglamento que vertebrase el espectáculo, pero a lo mejor podemos solventarlo, poniendo un VAR que no sea donde te sirven los gintónics.

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Hoy le hubiera hecho mucha falta a Borja, al que una concatenación de errores del individuo que moraba en el palco le convirtieron una rotunda actuación de orejas en una controvertida puerta grande con una oreja del quinto que venía a intentar subsanar el robo. Y ese fue el tercer error del presidente, que quiso subsanar la metedura de pata metiéndola todavía más. Fue con el quinto bis, de Torrealta, que se movió mucho pero embistió menos, duró un suspiro y no sirvió para llegar al objetivo, pese a las dos oraciones en el altar de los sustos, el brillante saludo a la verónica al toro que se fue para atrás y el no menos solvente de Borja al castaño que se quedó. Fue todo actitud y todo acierto el sevillano, pero el toro no. Y le perdonará la historia la morcilla al presidente porque ocurrió, al final, como al Juli con Cantapájaros, lo que no lo exime del juicio sumarísimo de la afición.

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Tampoco a Emilio de Justo, que enlotó al otro toro superclase del encierro de Victoriano. Salió en primer lugar, con el público sin asentar, la tarde sin tomar rumbo y la plaza sin despertar, y por eso pasó inadvertido entre las telas que movía con desmayo y gracia el extremeño. También lo logró en un par de series con el cuarto, pero en ninguno de los dos casos tomó vuelo la faena, y con palmas y silencio cumplió Emilio con su participación.

Poco más fue lo reseñable de Roca Rey, que no tuvo suerte esta tarde con los lotes porque, viendo el suyo, uno se plantea si se enlotó bien. Ni el noblón tercero, soso y acochinado por toda virtud, ni el basto y feo sexto fueron material propicio para intentar la creación, pero es que, además, hay un sector de la plaza que ya no lo deja ni poner. Y eso que mostró su actitud en las saltilleras del quite al segundo, en las gaoneras con que quitó al sexto y en los pasajes en los que se impuso a dos toros que, entre los dos, no hacían un enemigo bueno para el peruano. Otra vez será.

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Porque, terminada la participación de los tres en San Isidro, es Borja Jiménez quien se lleva el gato al agua y la foto a su salón, pero no se merecía el sevillano que fuera de esta forma. Y habría que pensar en «¿quién nos protege de la autoridá…?».

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas. 25ª de la Feria de San Isidro. Corrida de toros. Lleno de «No hay localidades».

Toros de Victoriano del Río. Desiguales de presencia y distintos de tipo, cuajados en general. De extraordinaria clase y temple el gran primero; un derroche de virtudes el extraordinario segundo, ovacionado; noble y humillador el muy pesado tercerfo; mansurrón y a menos el cuarto; devuelto por blando el quinto; emotivo y con movilidad de media humillación el quinto bis; manso con genio el sexto.

Emilio de Justo (turquesa y oro): Palmas tras aviso y silencio tras aviso

Borja Jiménez (gris perla y oro): Oreja con dos vueltas al ruedo tras fuerte petición de la segunda y oreja

Roca Rey (marino y oro): Silencio tras aviso y silencio.

FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ OLMEDO

Fotogaleria Madrid 7 6 2024