Se esperaba más público del que se dio cita a los escaños de la bella plaza monumental merideña. Pero los que asistieron ayer disfrutaron una tarde entretenida, en parte, por la voluntad, solvencia técnica y veteranía de los espadas actuantes, que pudo ser de más orejas sí el displicente Castella no se pone necio en alargar una faena y luego insistir un indulto inexiste para su segundo astado de la tarde. Al final se quedó sin las orejas que la espada se llevó.
Por su parte Perera hizo gala de su impertérrito valor para trabajarse las tres orejas que paseó, un poco generoso la concesión de la segunda en el quinto de la tarde, ante un trasteo donde primó más el alarde de valor y quietud que emoción, el cual emanaba en sus embestidas el burel en turno. Y lo de Suárez, la confirmación de un torero que mejora en sus aspectos de técnica y sobre todo con la espada. Precisamente con el acero cinceló el par de orejas que se paseó por el redondel emeritense, en una clara demostración que ya es materia superada el uso del acero.
Los toros de la ganadería falconiana de San Antonio no dejaron indiferente a nadie, en especial a los toreros, quienes en su afán de lucirse, por momentos les faltaron el respeto a los toros, a tal punto de llevarse par de volteretas, Castella y Perera. Pero les faltó a los pupilos de don Edgar Varela la emoción que impone la casta, la raza y en especial ese elemento primordial en el toreo que es la sensación de peligro. Seis orejas se les cortaron, que bien pudieron ser más, signo halagüeño que va por buen camino, que es lo más importante. Por cierto los nombres de los astados, llevaron emotividad alegórica a nuestro beato próximo a canonizar, como lo es San José Gregorio Hernández.
Impertérrito cerrado en tablas abrió faena Castella, torero que gusta del toreo de cercanías como luego se prodigó en sacar partido al escurrido y cornalón astado, «Baltazar», el cual paso a media altura, donde se regodeo en lucirse en muletazos templados pero ayunos de emotividad por la limitada casta del astado. Tan a gusto y exultante se veía que resultó volteado por el animal, tomando a partir de alli emotividad el trasteo. La estocada entera, trasera y desprendida, valdría para el corte de una oreja.
Mucho más variado y entregado se le vio al displicente y apatico torero, en otra labor de amplio repertorio cercano a pitones, donde el temple y colocación milimétrica fueron elementos técnicos para resaltar virtudes del noble «José Gregorio» al que incluso el torero insistiría en la petición de los neófitos por el indulto improcedente, alargando más de lo debido la faena. Al final, el fallo con los aceros, tras haber escuchado un aviso antes de perfilarse, hizo que lo que era triunfo de dos orejas quedara en tímidas palmas tras dos avisos. Por cierto, acertado criterio del palco en mantener y denegar la enfermiza petición del perdón del indulto.
Perera luciría con autoridad frente al noblote «Santo», el cual recetaría la dosis de temple y delicadeza con los engaños, en especial por la derecha donde a base de firmeza y toreo en la corta distancia, hizo ver mejor de lo que era al mencionado burel. El espadazo trasero hizo doblar al animal y con ello la oreja.
Mayores ribetes de emoción tuvo su labor ante «Milagroso», animal de una pastueña y almibarada condición en su embestida, a tal punto de empalagarse un Perera que al igual que Castella fue volteadom, algo que fue el catalizador para que los presentes entraran en interés de la faena, la que luego tomaría emotividad que tras el espadazo entero, ligeramente trasera, desatarse una desaforada pañolada y con ello la concesión, un tanto excesiva de las dos orejas, cuando en realidad era para una. Pero qué más da…
La actuación de Antonio Suárez a lo largo de la tarde fue de interés desde todo punto de vista. Sabrosas fueron las verónicas de recibo, embarcando con propiedad las primeras embestidas de «Papa». Sería en la muleta donde Suárez decantaría su mejor versión, en intermitente trasteo, donde los mejores momentos fueron por naturales, donde largó con inspiración y torería la pañosa, ante el limitado “gas” de bravura del burel. El espadazo ligeramente desprendido valdría para la concesión de la oreja, mismo premio que alcanzaría en el que cerró plaza, otra labor con altibajos, donde de nuevo la solvencia y especial resolución a las embestidas cortas y poco humilladas del animal valieron para que nuevamente la seguridad con la espada, otra vez ligeramente desprendida, fue salvoconducto para la postrera oreja del festejo.
FICHA DEL FESTEJO
Plaza de Toros Monumental “Román Eduardo Sandia” de Merida.
Sabado 1º marzo de 2025. I Corrida la Feria del Sol 2025.
Con poco más de media plaza (7000 personas aproximadamente), en tarde soleada y con ligeras ráfagas de viento, se han lidiado toros de la ganadería falconiana de SAN ANTONIO (Edgar Varela), en su conjunto correctos de presentación, nobles en distinto grados, pero a menos y faltos de raza y casta en la muleta, sin sacar peligro.
Pesos: 435, 440, 452, 467, 480 y 430 kilos
SEBASTIÁN CASTELLA (azul marino y oro con cabos blancos), oreja y palmas tras dos avisos.
MIGUEL ÁNGEL PERERA (nazareno y oro con cabos blancos), oreja y dos orejas.
ANTONIO SUÁREZ (blanco y oro con cabos blancos), oreja en ambos toros.
Incidencias: Destacaron en las banderillas José Chacón y Carlos Pizutto en el 1º, y Fabian Ramírez y de nuevo Pizutto en el 4º, a las órdenes de Castella; Jesús Diez de la cuadrilla de Perera en el 2º y Abrahán Graterol en el 3º. En la brega destacaría asi mismo José Chacón y Gersón Guerrero. *** Previo al festejo fue coronada la Reina Taurina por parte de las autoridades de plaza y empresas de turno. *** Presidió con solvencia y criterio ajustado, la Lic. Clarissa Garbati de Picón. *** Antes del festejo fue paseada por las distintas escuelas de flamenco asi como devotos de la Virgen de Rocío su imagen, como de la misma, en manos del Cardenal Baltazar Porras Cardoza, la imagen del nuevo santo venezolano, San José Gregorio Hernández.