EL EXILIO INTERIOR

Aquel 23 de julio en Valencia cuando José Tomás regresó de la muerte en Aguascalientes


sábado 22 julio, 2023

En la llamada jornada de reflexión (sic) la memoria, que no la melancolía, me lleva a Valencia, Feria de julio de 2011.

José Tomás
José Tomás. © M. A. H.

En la llamada jornada de reflexión (sic) la memoria, que no la melancolía, me lleva a Valencia, Feria de julio de 2011.

Habían transcurrido quince meses del encuentro de José Tomás con “Navegante” en Aguascalientes en el que el torero de Galapagar venció a la muerte. La cita era el 23 de julio en Valencia y a las 19,30 hs en todos los relojes el Planeta de los Toros orbitaba alrededor de aquella figura enjuta embutida en un terno malva y oro bordado en lunas, un incipiente mechón blanco en la alborotada y poblada cabellera y perceptible debilidad en su pierna izquierda, la de la cornada. Con él, en el paseíllo, acaso más solemne que nunca, Víctor Puerto y Arturo Saldívar. En los chiqueros, seis toros de El Pilar.

Brindó José Tomás el toro del regreso, “Barreñito”, a los médico mexicanos, allí presentes, que le salvaron la vida y la faena fue una búsqueda perpetua del torero consigo mismo sin que el toro ayudase al reencuentro.

De su segundo toro, en mi memoria siguen las chicuelinas del quite, el cite cruzado, ofreciendo pecho y femorales. También el brindis en los medios, la llamada al toro desde el mismo lugar, los brazos que esperan el último instante para vaciar la embestida, el cuerpo del torero volando como un pelele, la caída a plomo sobre la arena, la conmoción del torero y la del público y, ya repuesto (s), el toreo excelso, la pureza toda, la entrega sin límites. La estocada con la misma verdad, la emoción del gentío y, en el palco, un individuo malcarado, de gesto hierático y sensibilidad de estropajo, guardándose un pañuelo.

Daba igual, había vuelto el “rey republicano de los toreros” y en el tendido, Fernando Bergamín, siempre fiel a su estirpe, se abrazaba con temblorosa emoción a quien esto firma.

Un año después, un joven cineasta francés nacido en Arles, Meryl Fortunat Rossi, llevó a diversos festivales europeos (Aix en Provence. Amiens, Bruselas, Split e incluso Badalona), un mediometraje con el título  APARICIÓN, dans leurs yeux. José Tomás,  donde se recogen -sin ver en ningún momento a toro y torero-, a cámara fija y plano abierto, las reacciones del público mientras José Tomás toreaba. Y en ellas toda la intensidad, la emoción suprema, la alegría desbordada, el sufrimiento, el miedo y, ya al final, tras la estocada, la liberación volcánica, el estallido gozoso. En los gestos, en los ojos de quienes, en la plaza, eran testigos.

Las “apariciones “ de José Tomás se espacian cada vez más en el tiempo. Pero, citando al filósofo catalán Víctor Gómez Pin: “En su caso, creo que es injusto cuantificar sus apariciones, cada vez que la confrontación del torero consigo mismo parece exhaustiva”.

Suscribo y, como cada año por San Jaime, pongo el dvd de la película y vuelvo a ver a José Tomás a través de la mirada de quienes aquel 23 de julio de 2011 en Valencia, fueron, fuimos testigos de su regreso de la muerte en Aguascalientes.