EDITORIAL

¿Para qué sirve triunfar en Madrid?


miércoles 19 junio, 2024

El actual sistema y su devenir impide la progresión de los emergentes cortando su evolución natural en favor de los peligrosos cambios

Jarocho En Hombros
Jarocho sale en hombros entre una multitud de jóvenes en la última novillada de San Isidro © Luis Sánchez Olmedo

A pesar de lo que pueda parecer al público en general que desconozca cómo funciona eso que se da en llamar ‘El Sistema’ en la tauromaquia, la pregunta no es una perogrullada. Triunfar en la primera plaza del mundo es alcanzar la gloria que buscan los chavales cuando toman esa cada vez más ingrata decisión de querer ser torero. Sin embargo, ¿de qué sirve, en términos de evolución, para su carrera? ¿Significa algo más que una foto extraordinaria de 90×60 en el salón de tu casa?

Hace años -muchos, ya, aunque nos parezca mentira- un torero se daba un par de vueltas a España con una oreja que cortase en Madrid. No digamos si el triunfo alcanzaba una Puerta Grande que entonces tenía sentido alcanzar sólo con una oreja de cada toro. Entonces, la dificultad que entrañaba el hecho de cortar una oreja en la plaza más importante del mundo era suficiente aval para estar en todas las ferias; importaba lo que sucediese en ese ruedo, y una tarde exitosa en Madrid te ponía en el camino para desarrollarte en 40 tardes más al año siguiente.

Hoy, sin embargo, se dan un cúmulo de circunstancias que cambian las reglas del juego, y el ecosistema que se encuentra hoy un chaval recién salido de la escuela -por ejemplo- de Madrid, es diametralmente opuesto al que se encontró -por poner un poner- Uceda Leal en su momento. Son ejemplos claros de una misma realidad, porque ni siquiera el ambiente es el mismo para un matador como José Ignacio 30 años más tarde. Pero podemos irnos, ya que acaba de terminar la feria más importante del orbe, a los que han logrado abrir la Puerta Grande de Madrid en el San Isidro recién concluido. Diego Ventura va por su camino y nadie le tose, a estas alturas de la película -y 19 puertas grandes después-.

Vemos cómo los diferentes jurados otorgan ahora los premios del ciclo madrileño y los copan Borja Jiménez -con unanimidad en el jurado, por ejemplo, de Telemadrid y el de Plaza 1- y Jarocho, dado que Fernando Adrián actuó en Beneficencia, y esa corrida estaba fuera de la feria. Pero son esos tres nombres los que a uno le vienen a la cabeza al analizar la feria y sus actos más destacados. Bien, pues la realidad es que ni el novillero ni los matadores de toros están en los carteles de las ferias que hay de aquí a septiembre. Pueden haber entrado en sustituciones, como ocurre en Torrejón, o en novilladas de ferias de primera que tengan que anunciar a los más conocidos, como sucede en Bilbao con Jarocho -que tomará la alternativa a finales de agosto y tendrán que atenderlo conmo Dios manda, ya de matador-. Pero, fuera de Madrid y su fulgor, el pescado está ya vendido.

Por eso no vamos a ver estos nombres ni en Valencia en julio -excepto Jarocho de novillero-, ni en Burgos, ni en Murcia, ni en Badajoz, ni en Huesca -por citar algunos ejemplos-, como no los pudieron ver en Granada, ni en Jerez, ni en Córdoba, ni en Olivenza, por recordar otros, porque ni Fernando ni Borja son dos recién bendecidos por el triunfo en Las Ventas, dado que puede que sean los dos toreros más ‘consentidos’ de la afición madrileña, hoy por hoy. Sobre todo Borja, pero cuando se acabó este año la corrida de Victorino sin que hubiese pasado nada -a ojos del espectador que se sienta en la piedra- ya parecía que el sevillano estaba debiendo al que lo puso.

Y no; estas no son formas de tratar a los que deben sustentar el peso del toreo, si no queremos que se nos vayan quedando en el camino, como les sucede a toreros de la talla de Álvaro Lorenzo o José Garrido, matadores sobre los que estaba destinada a recaer la sucesión de los que hoy continúan en las ferias porque las dan sus apoderados, son cambios de sus apoderados con otros apoderados y se anuncian con mucho tiempo porque realmente da igual a quién pongas en la feria: manda el que lleva la gente a las plazas, y ese hoy es Roca Rey, es Morante y es Talavante o Manzanares fuera de lo que es Madrid. Mientras sigamos escondiendo los activos que tiene el toreo porque tenemos que poner al de fulanito porque él nos pone al nuestro, esto se muere mañana. En cuanto no estén ni Fulanito ni el nuestro.

No es la primera vez -ni la última- que este medio se manifiesta a este respecto, pero es que considera la cuestión asunto de Estado. Si dentro de 20 años tenemos que buscar una reaparición de Juli patra atraer a la gente a las plazas, la tauromaquia está perdida, porque no se habrá hecho bien el trabajo. Si para entonces no son los Rufo, Borja, Adrián, Jarocho y compañía los que soportan el peso de la taquilla y hay que tirar de geriátrico –dicho con ironía, no con falta de respeto-, es mejor que vayamos marchándonos, que esta gente se querrá acostar. Y el último, que apague la luz…