TEMPORADA 2024

¿De qué sirve un triunfo en Madrid o Sevilla fuera de Madrid o Sevilla?


miércoles 15 mayo, 2024

La entrada en carteles de fuste fuera de Madrid o Sevilla de toreros que se lo han ganado en Las Ventas o La Maestranza no debe ser por compromiso, deber ser por puro convencimiento.

Borja Jiménez
Media de Borja Jiménez. © Luis Sánchez Olmedo

La meritocracia, en el toreo, ha sido un don que ha primado para que el hecho de ser figura no sólo sostuviese una carrera, sino a parte de la afición. Y con Madrid como eje, el mandamiento principal a la hora de construir el futuro de la Fiesta. Hay claros ejemplos, en el último año, de jóvenes que necesitan que la cúspide del escalafón le abra las puertas de una vez, fuera de abonos como Madrid o Sevilla, para dotar de futuro al sistema.

Un triunfo rotundo en Madrid debería ser aduana perfecta para estar muy bien colocado en todas las Ferias de España y Francia; sí, es cierto que, en el caso de un torero en boca del aficionado como Borja Jiménez, su triple apuesta en San Isidro es tardía para la construcción de las primeras Ferias del verano, o en el caso de Francia y del norte de mitad de la época estival, pero su rotunda tarde de tres orejas con la corrida de Victorino debería billete para entrar en todos los abonos.

Por el momento, y únicamente en plazas como Madrid o Sevilla figuras como Sebastián Castella, José María Manzanares, Alejandro Talavante o Andrés Roca Rey, no han rehusado la competencia con él, ¿pero y fuera de estas plazas?

Caso distinto es el de Fernando Adrián, quien injustamente se ha quedado fuera de Ferias como Fallas, Sevilla o San Isidro, y no sólo por su doble puerta grande consecutiva la pasada temporada en Las Ventas -una de ellas en Beneficencia-, sino por sus veinte puertas grandes consecutivas, un dato histórico en este siglo.

Pero este caso no es únicamente para el diestro de Espartinas o del madrileño; otros como Román -dos orejas en dos tardes en Madrid-, deben tener esa recompensa que se presupone que debe llevar intrínseca un triunfo del tal calado. Si un triunfo en la plaza más importante del mundo no abre puertas, ¿de qué vale la pena?. Tres diestros que están sudando sangre para poder meter la cabeza en determinados carteles. Tres espadas que van a encontrar acomodo en multitud de carteles a lo largo y ancho de nuestra piel de toro, pero ¿cuántos serán con la categoría que merecen dichos triunfos? ¿Están dispuestos los empresarios a buscarles ese acomodo que merecen?

Los triunfos en plazas como Madrid deberían ser pasaporte para que esos toreros estuvieran una serie temporadas arropados por las figuras, un tiempo prudencial para que estos espadas pudieran hacerse y ver realmente si dichos triunfos son flor de un día o hay mimbres para hacer un cesto. De los tres espadas antes mencionados ambos poseen un concepto del toreo bien definido, tres toreros que, por el momento, por sí solos no están en disposición de llenar una plaza, por ello es importante que las máximas figuras del toreo les tiendan la mano en carteles de fuste como a ellos le hicieron cuando luchaban por labrarse una carrera.

Todos sabemos la lucha encarnizada que existe por meter la cabeza en esos carteles de campanillas; si queremos que los aficionados del futuro no abandonen las plazas cuando las figuras actuales se vayan bajando del barco es esencial crear carteles imaginativos, ternas con interés para el aficionado que vayan dotando de cierto nombre a esos espadas que vienen con hierba en la boca.

Carteles rematados por tres figuras siempre han existido, pero el aliciente está en ver a esa nueva hornada que busca a toda costa escribir su nombre en la cartelería de las ferias. Igual que es innegociable la apuesta por los novilleros, debería existir un consenso para poder darle su hueco a esos matadores aún desconocidos por la gran masa.

Es cierto que cada vez van más jóvenes a los toros. Sevilla es un claro ejemplo de ello con las grandes entradas vividas durante su ciclo abrileño o en las primeras novilladas de abono. Los empresarios deben aprovechar ese tirón para anunciar carteles atractivos, donde la competencia se palpa desde días antes de trenzar el paseíllo. Buscar el remate y la excelencia es la base, pero el toreo debe ir mucho más allá de mirar el presente, deber ir ligado al futuro y ese pasa por toreros jóvenes -no sobrepasan holgadamente la treintena-.

Toreros que deben ser la base de las citadas ferias del futuro, abonos que den lugar a una serie de toreros con menos nombre, pero con triunfos solventes a sus espaldas. Es el momento de ver la valentía de los empresarios, pero de también de unos toreros y apoderados que deben ser conscientes que esta no es una tarta a comerse entre unos cuantos, sino algo mucho más importante, tiene que ver con el futuro de un sector que tiene que estar en constante movimiento, un futuro que dé entrada y salida a los toreros en función del momento por el que pasan.

Como nos citó en una reciente entrevista Curro Díaz, ”el futuro del toreo pasa por la apertura de los carteles y la apuesta por la diversidad”. Hay que ser valiente y apostar por darle al aficionado aquello que exige como aquel que sustenta el espectáculo, porque “el toreo no es únicamente lírica, ni estética, sino también épica” como ya se ha venido viendo en muchas tardes durante los últimos meses, por eso es el momento de apostar por las señas de identidad del toreo, y por dotar a este de esos carteles que siempre lo hicieron grande.

La entrada en carteles de fuste de toreros como Fernando Adrián, Román o Borja Jiménez no debe ser por compromiso, deber ser por puro convencimiento. Es de justicia darle oportunidades a tres toreros que han cortado un total de nueve orejas en la primera plaza del mundo, algo que no hace mucho les hubiera valido para estar anunciados en prácticamente todas las plazas de segunda, amén de los abonos programados en las plazas de máxima categoría.