En Madrid también caen las bolitas, Rafael

LA CRÓNICA DE OTOÑO

En Madrid también caen las bolitas, Rafael


sábado 8 octubre, 2022

Uceda Leal da una clamorosa vuelta tras petición en el primero, Morante de la Puebla no quiere ver al deslucido segundo y lo intenta con el cuarto y Ángel Téllez se equivoca de estructura en una faena de altibajos al tercero y no tiene opciones con el cierraplaza. Desigual corrida de Puerto de San Lorenzo con un sobrero cuarto de José Vázquez aplomado.

Uceda Leal
Uceda Leal. © Luis Sánchez Olmedo

Iba la silla de ruedas parsimoniosa de Rafael de Paula haciendo su particular paseíllo minutos antes de que la terna se enfrentase a la corrida de El Puerto de San Lorenzo. La gloria de un jerezano que conquistó la capital y que venía a ver a Morante. A su eterno poderdante. A su torero. Y vio cómo en Madrid también caen las bolitas.

Aquí, donde los toreros que nacen cañís y tienen corazón para aguantar el embroque bravo calan en el alma; aquí, donde los sueños se hacen realidad en la castiza Alcalá, también caen las bolitas que del cielo de Jerez se posaron sobre tu sien, Rafael. Hoy Uceda Leal, un tío que lo exige tan de verdad como lo entrega, lo demostró a pesar de tener el culo pelao de mil batallas, de las injusticias de un sistema que no cree en quien no tiene armas para profesar su concepto. Hoy, que abría la tarde escrita para una Puerta Grande de Morante que no llegó, caló el fuego del toreo eterno, que es lo clásico. Lo que nunca muere. Y Uceda lo lleva dentro.

El mentón metido en el corbatín, el peso descargado en la cadera que cimbrea, el toque sutil pero firme, el compás cerrado y casi sin importancia para dejar el viaje natural. Así fue como brotó el toreo de José Ignacio en la tarde que Madrid y Rafael tenían señalada para José Antonio. Porque se pasó el de Usera a ese primer toro por la barriga despacio, muy despacio, inventándose el toreo con el «atanasio» para volar cuando estaba más acá y someterlo con gobierno cuando se quería ir. Sublime.

Antes, a la verónica, ya había dejado el poso que la tarde podría aventurar. Y respondió Morante también por verónicas tan cadenciosas como llenas de ritmo tras las varas de Pepe Aguado. Una locura la segunda y la media a pies juntos. La plaza ya volcada. Como en la respuesta por chicuelinas de Uceda con el animal humillando, tan torera cada una que explotó de clasicismo el remate de José Ignacio. La suma limpieza en el detalle de llevarse el toro al caballo, todo con el toque ecuánime, antes de una primera serie por la diestra en la que humilló el de El Puerto. Una obra llena de perlas toreras y en la que tuvo que navegar Uceda con la contraquerencia para evitarle vicios mansurrones al Atanasio. El final de obra, con torerísimos doblones, preludió a una estocada casi entera que lo tumbó. Y arrastraron al buen toro sin que el palco concediese el premio. Vuelta al ruedo. Cuando Uceda le hizo frente al sobrero cuarto de Vázquez y el esfuerzo tuvo que salir a la palestra, Madrid aún tenía en la retina el toreo del primero.

Pareció mansear el tercero en las verónicas de Ángel Téllez, que templó el trazo, y en el posterior quite por chicuelinas. Y tras los buenos pares de sus hombres de plata, se puso con la muleta a pies juntos en el centro del ruedo -quizá domeñándolo por abajo se hubiese comportado de otra forma y hubiese sucumbido al poder del matador-, pero no tomó vuelo hasta una serie por derechazos de buen son. Fue ahí cuando le vio el aire el toledano a la raza atanasia del buen animal, que respondió a la distancia corta que le planteó Téllez. Aunque en estructura marró, no en entrega el joven, porque aunque le faltó cierto ajuste por momentos siempre quiso cruzarse y agradar. Pero ese paso más se echó en falta. Tras las manoletinas finales, pinchó al de El Puerto. Silencio tras dos avisos. Con el sexto sí que no hubo opción.

No pudo Morsnte conseguir la Puerta Grande de sus sueños. El segundo fue un animal que embistió bruto a las telas de inicio. Y tampoco hizo cosas buenas ni en las desacertadas varas de Cristóbal Cruz ni en el capote de Juan José Trujillo, dando un feo tornillazo a mitad de viaje. Lo despachó pronto y no acertó para más inri con el acero. Lidiador y domeñando al frío de salida quinto fue el recibo de Morante, cantando Madrid los lances lidiadores; con el cartucho de pescao inició la faena a un toro que se quedaba cada vez más corto y no humillaba… y ahí terminó la historia venteña del año de las 101 tardes de Morante.

La tarde estaba escrita para Uceda, su poso, su eterno trazo, su maravilloso gobierno… y las bolitas que también cayeron en la capital, maestro Paula.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas. Quinta de la Feria de Otoño. Corrida de toros. Casi lleno.

Toros de El Puerto de San Lorenzo y uno, el cuarto bis, de José Vázquez. Con humillación y entrega el buen primero; manso el segundo, que daba un tornillazo a mitad de viaje; enrazado y con calidad en e viaje el tercero; aplomado el cuarto; de díscolo viaje el complejo quinto; deslucido y a menos el sexto.

Uceda Leal, vuelta y ovación.

Morante de la Puebla, silencio y silencio.

Ángel Téllez, silencio tras dos avisos y silencio.

FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ OLMEDO

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