DESDE EL SUR

Madrid ‘espera’ a Juan Pedro Domecq tras su decepcionante inicio de temporada: ¿Por qué lo siguen demandando las figuras?


martes 24 mayo, 2022

Sin duda el toro bravo es una creación del hombre, del ganadero; su origen y evolución hasta nuestros días ha ido escribiendo la historia de la tauromaquia. El toreo nunca es definitivo, sino que tiene un pasado, un presente y un futuro, y su carácter histórico le hace estar sujeto a un proceso de renovación constante. Eso analizamos en la previa de la vuelta de Juan Pedro Domecq a Madrid.

Juan Pedro
Toro de Juan Pedro Domecq en los corrales de Las Ventas. © Plaza 1

Mucho se lleva hablando del momento que está pasando la ganadería sevillana de Juan Pedro Domecq, divisa madre de un gran porcentaje de los hierros formados en nuestra piel de toro así como en el resto del mundo taurino. En la finca Jandilla, Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio empezó a moldear el toro del futuro. Aquel bodeguero jerezano empezaba su andadura ganadera con un hierro mítico que con los años darían vida a un gran proyecto ganadero.

A la muerte de Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio, en marzo de 1937, la ganadería pasó a sus cuatro hijos, Juan Pedro, Álvaro, Salvador y Pedro, que inicialmente la mantuvieron unida bajo la dirección del primogénito hasta decidir separar sus caminos. Una vez separados emergió la figura de Juan Domecq y Díez, uno de los ganaderos más importantes de la historia del bravo. Amoldó un toro al momento que exigía la Fiesta, haciendo más grande en número su ganadería con reses de las divisas de don Ramón Mora Figueroa procedente de don Francisco Correa y García Pedrajas, a las que había añadido sementales del Conde de la Corte y Gamero Cívico. Poco a poco fue desechando ese animal de linea veragueña para apostar más por la de Tamarón y Conde de la Corte, creando con los años un encaste único.

Tras su fallecimiento en 1975 su hijo del mismo nombre cambiaría las tierras onduladas de Jandilla por la sierra sevillana en la que se encontraba ‘Lo Álvaro’, que traducido del español antiguo significa ‘en casa de’. Allí Juan Pedro Domecq Solis moldaría su tipo de toro, a ese que había soñado y criado su padre. A su muerte en 2011 tomaría el testigo su hijo Juan Pedro Domecq Morenés. Una historia ligada a la ganadería, a un concepto de toro y a una fidelidad hacia un sueño ganadero, esa que siempre llevó a gala Juan Pedro Domecq Solís. «Sin duda el toro bravo es una creación del hombre, del ganadero; su origen y evolución hasta nuestros días ha ido escribiendo la historia de la Tauromaquia. El toreo nunca es definitivo; tiene un pasado, un presente y un futuro, y su carácter histórico le hace estar sujeto a un proceso de renovación constante» como ya comentara en su libro el añorado y querido Juan Pedro Domecq, el criador del toro de las figuras, del toro artista.

A principios del siglo XXI, en el momento en que varias ganaderías procedentes de la suya apostaban resueltamente por más casta y presencia, Juan Pedro Domecq dormitaba, perdido en un callejón sin salida, debido a una serie de elecciones desafortunadas. Tras un cuarto de siglo de supremacía las criticas estuvieron a la altura de su inmenso éxito. Como bien comentó tantas veces antes de su fallecimiento la exigencia estuvo siempre acorde al lugar que ocupaba, ese en el que se sentía cómodo pese a la exigencia diaria, porque Juan Pedro pese a lo que muchos podían pensar tenía el toro que quería en la cabeza y pese a esas elecciones desafortunadas de las que nos hablaba André Viard en sus ‘Tierras Taurinas’ siempre supo salir a flote.

En la historia de la ganadería brava ha habido muchos ganaderos que se han adelantado a los tiempos, y ha sido precisamente ese detalle el que los ha convertido en leyendas. Desde que Joselito el Gallo -que ya tenía apalabrada la compra de su ganadería cuando Bailador se cruzó en su camino- comprendiese que había que seleccionar el toro que le fuese mejor al toreo que venía, los criadores han sido un baluarte fundamental en la genética brava hasta el punto de conseguir que naciesen animales con unas características determinadas previamente, alquimia a la que debe el toreo sus triunfos de hoy. Esa alquimia que siempre se buscó en esta casa ganadera, reatas que regaron el campo bravo de una simiente especial; los Bulliciosos, Embusteros, Licenciados, Decidores, Gamberros… todas reatas que ayudaron a consolidar un proyecto ganadero que hoy en día se tambalea por una justeza de fuerzas que a día de hoy no puede con el motor que lleva dentro. Ahora se exige un animal con mayor empuje, con una transmisión que emocione al que se sienta en un tendido, conseguir dotar de esas virtudes a los animales de la casa se antoja fundamental para conseguir ese toro del futuro que Juan Pedro Domecq tiene en la cabeza.

Esa evolución que parece haberse estancado en las tierras sevillanas de Lo Álvaro. Ser criador de bravo no es nada fácil, estás sujeto a una serie de parámetros que muchas veces se nos van de las manos, de ahí que la intuición del ganadero sea básica para encontrar el toro del futuro. Buscar dentro de tu casa es fundamental pero también no tener miedo a acudir allí donde tienen esa simiente que necesitas para dar un nuevo salto en la ganadería. Por eso no hay ganadería sin ganadero, ser un ganadero excepcional es muy complicado, casi como llegar ser Papa o figura del toreo. Aquí no vale darse coba, tampoco las medias tintas, el ser ganadero es una continua cura de humildad, como decía Gerardo Ortega «ser noble es también saber perder», y eso es algo que está a la la orden del día en una plaza de toros, tanto en el comportamiento de un toro como en el análisis de un ganadero. Pero por H o por B la ganadería de Juan Pedro Domecq no pasa su mejor momento, los últimos resultados así lo atestiguan. Pese a la petición de un número de toreros la gasolina de la casta en plazas de gran exigencia anda con la luz de reserva encendida. Nadie duda del fondo de esta ganadería, de lo que puede seguir dando a la fiesta, pero ahora es el momento de replantearse ciertos temas que no pasan por ejemplo por hacer triplete en un abono como el sevillano o estar anunciado en multitud de ferias cuando en años anteriores el juego de los toros ha dejado mucho que desear.

Ese momento que sin embargo parece cambiar cuando lidia en la primera plaza del mundo, allí cuando más cuesta arriba parece ponerse todo tanto el hierro de la V de Veragua como el de Parladé han lidiado toros que han convencido plenamente a la parroquia venteña: ‘Alboroto’, ‘Festivo’ ‘Jergoso’, ‘Disparado’, ‘Despreciado’, ‘Disparate’, ‘Ombú’, ‘Rapiñador’, ‘Cabreito’, ‘Gruñidor’, ‘Grosella’ o ‘Maderero’ -entre otros- ya forman parte de la historia de una plaza que espera a Juan Pedro Domecq para ver si consigue remontar el vuelo, porque Madrid puede ser uno de los bastiones de esta casa ganadera pese a que las cosas no siempre salieran como Juan Pedro esperaba. Un hierro que pese a lidiar toros de importancia también escribió páginas para olvidar, corridas bajas de casta y fuerza que desesperaron a la parroquia madrileña por su escaso juego. Juan Pedro vuelve tras un inicio de temporada decepcionante donde los toreros siguieron pidiendo sus toros pese a pasar un momento más que delicado, algo que no pasa con otras ganaderías, las cosas del toreo.

Juan Pedro afronta el jueves un compromiso con Las Ventas, una plaza en la que lleva lidiando animales interesantes en los últimos años pese a que el tipo de toro que se exige en este ruedo no es el que a uno le viene a la cabeza cuando piensa en un toro en tipo. El día 26 volverán Morante, Ortega y Aguado a apostar por los pupilos de Juan Pedro Domecq Morenés, ojalá por el bien de la ganadería, del propio Juan Pedro y de la Fiesta en general de un golpe de timón y volvamos a disfrutar de esas embestidas con ritmo, entrega y humillación que son señas de identidad de la casa, de lo contrario seguirán arreciando las criticas de una afición que hace tiempo que perdió la fe por esta ganadería.

Esa fe que tiene que recuperar un aficionado que no salió disgustado con el juego y la presentación del toro que lidió el pasado Domingo de Ramos Álvaro de la Calle en Madrid, pero el cual sí mostró su enfado por la discreta presentación del ejemplar aprobado por la autoridad el pasado sábado. Un animal que a criterio de la afición madrileña dejaba mucho que desear. Un toro que no estuvo a corde a lo que se exige en la primera plaza del mundo y que fue devuelto a corrales. Ojalá las aguas no bajen revueltas el próximo día 26, para ello es muy importante que la corrida dentro de la armonía y flexibilidad que tiene que tener el toro bravo mantenga una seriedad digna de esta plaza, de lo contrario la tarde empezará torcida.