EL EXILIO INTERIOR

Colombia y España: tan lejos… tan cerca


sábado 7 enero, 2023

El argumentario (sic)  de Petro y afines era, sigue siendo, calcado al de sus “camaradas” españoles y lo escuda en una seria de trabas administrativas que impiden de facto la organización de corridas

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Foto: Diego Alais

Nueve mil quilómetros y un Océano mediante separan Colombia y España, unidas en una lengua común y algunas tradiciones culturales, los toros entre ellas.

En Colombia nacieron Fernando Botero y García Márquez, también Pepe Cáceres y César Rincón y en ella las ganaderías de reses bravas, muchas de ellas con sangre española, se esparcen por el altiplano andino y  los frondosos valles de exuberante y multicolor naturaleza. Y en Colombia , en sus plazas de toros, desde la capitalina Santa María a Cartagena de Indias, pasando por Cali, Manizales y tantas otras, pasaron durante décadas las principales figuras españolas que con los toreros nacionales gozaron del favor fervor de una afición entusiasta. Hasta que llegó la política y mandó parar. O casi.

Colombia, azotada por las corruptelas políticas, las guerrillas, los paramilitares y el narcotráfico, vive momentos de zozobra también taurina, convertida la Fiesta en objetivo de determinados grupos políticos en el poder y organizaciones animalistas (sic) convenientemente subvencionadas por organizaciones internacionales como la Fundación Franz Weber. De Colombia llegó a España hace más de una década el ínclito Leonardo Anselmi y su Animal Naturalis (al que se sumaron PACMA y otros ) con el objetivo , logrado en Cataluña, de acabar con los toros

El modus operandi para la fechoría  es muy similar y parte del conchabamiento con determinadas opciones políticas adscritas a la izquierda en las que se mezclan derechos humanos y animales. En España- decíamos- cayó Cataluña y después algunas plazas repartidas por distintos enclaves, con ejemplos tan sangrantes como el de Gijón . Pero no cesan en su empeño y desde sus poltronas en el Gobierno, autonomías y ciudades, impulsan todo tipo de iniciativas contra la tauromaquia, amparadas en maniobras legislativas entre las que la recientemente aprobada Ley de Bienestar Animal merece especial vigilancia por quien corresponde, el sector o sea.

Mientras, de Colombia ahora, como antes Perú, Ecuador o Venezuela, llegan hechos y noticias tan inquietantes como dolorosas.

Desde agosto del año que acabamos de dejar atrás, Gustavo Petro es el Presidente de Colombia, aglutinando a distintas opciones “de izquierdas”.

Petro, que perteneció al grupo guerrillero M19  desde 1974 a 1990, año en el que abandonaron las armas, ocupó desde entonces distintos cargos de representación política hasta llegar a al alcaldía de Bogotá, entre 2012 y 2015 y luego, tras un primer intento fallido, a la presidencia del país. Ya como alcalde capitalino abanderó la lucha contra los toros y a los pocos meses de ejercer como tal y en una artimaña legal rescindió el contrato con la corporación taurina (una pérdida económica millonaria para la ciudad) y la Santa María se quedó sin festejos…hasta 2017, para volver a desaparecer en 2022. El argumentario (sic)  de Petro y afines era, sigue siendo, calcado al de sus “camaradas” españoles y lo escuda en una seria de trabas administrativas que impiden de facto la organización de corridas. Así, la prohibición de “cualquier elemento de tortura”, consideradas como tal la pica, banderillas y, por supuesto, estoque. O algo tan pintoresco como que “el organizador deberá destinar el 30 por ciento del espacio de publicidad para informar del sufrimiento que padecen los animales en la corrida”.

Conseguido- esperemos que de momento-  su objetivo en Bogotá, ahora ha llegado el turno a Cali y Manizales, dos ferias consecutivas en el calendario, navidades la primera e inicio de año la otra.

En ambas con el salmantino Marco Pérez,  un jovencísimo  y muy aventajado aprendiz de torero como pretexto y víctima. Como víctima directa es también la libertad.

Marco Pérez, recién cumplidos los 15 años, lleva ya unos cuantos llamando la atención de todos, por su precocidad y maneras ante las becerras en el campo y que el pasado octubre acabó por explosionar cortando un rabo en La Maestranza, nada menos.

A Colombia viajó Marco Pérez y con él su mentor, el diestro, ganadero y empresario francés Juan Bautista,  para torear en Cali y Manizales pero en una y otra distintas resoluciones del Ministerio de Trabajo colombiano le negaron tal derecho “para protegerlo” de cualquier percance que pudiera sufrir durante la lidia. El cinismo de tal prohibición no merece ni comentario pero si es una flagrante agravio comparativo con otras actividades, deportivas pero no sólo, en las que el menor también está en riesgo.

Y, es claro, un nuevo atentado contra los derechos y la libertad del individuo , esas de las que tan pomposamente se jactan en proclamar Petro allá y otros y otras aquí.

“La libertad, la libertad, derecho de la Humanidad” cantaba Aute, tan taurino. Una libertad cuestionada precisamente por quienes, traicionando su propia historia, la ponen en la picota y la pisotean. En nombre de los animales, además. Hay que joderse…