COLOMBIA

Tumban el proyecto prohibicionista de la tauromaquia de Juan Carlos Lozada en Colombia


miércoles 2 noviembre, 2022

Ante la propuesta de sustitución del articulario del proyecto, se le descubrió la intención de prohibir, no sólo las prácticas taurinas, sino las corralejas, el coleo y las riñas de gallos.

Losada
Juan Carlos Lozada.

78 – 75. Apenas 3 votos en el Congreso fueron la diferencia para que el toreo en Colombia pueda tener un pequeño balón de oxígeno. Ayer, el proyecto prohibicionista de Juan Carlos Lozada se cayó por la mínima.

Y aunque, sin duda, esta decisión se celebra como una victoria (una pequeñita, pues no es el único proyecto que pretende eliminar las prácticas taurinas en el país que sigue su curso legal en las Cámaras colombianas), lo cierto es que no podría catalogarse como un triunfo del sector. Y hay que decirlo.

Si el proyecto se cayó, fue porque el ego, las formas y ese juego politiquero que quiso jugar Lozada se le estalló en la cara cuando llegó la hora del debate final.

El ponente, después del paripé de las audiencias regionales, que sólo sirvieron para evidenciar su absoluto desconocimiento del sector taurino y la falta de un plan de contención para el día siguiente al de la prohibición, llegó con un nuevo articulario debajo del brazo para cambiar «ciertos detalles» del proyecto original. «Nada fundamental», dijo Lozada, «simplemente está escrito de otra manera, como resultado de las audiencias», para desdecirse después al afirmar que realmente no cambiaba nada. 

Es decir, que las audiencias sólo fueron una cortina de humo para cubrirse las espaldas y validar su proyecto después de haber escuchado al sector. Lo que realmente hizo fue recoger testimonios de los taurinos y tergiversarlos para usarlos en su favor, nada más rastrero.

Pero pinchó en hueso, porque ante la propuesta de sustitución del articulario del proyecto, se le descubrió la intención de prohibir, no sólo las prácticas taurinas, sino las corralejas, el coleo y las riñas de gallos, algo que supuestamente él no pretendía, pues no se iba a meter con los más de 35 mil galleros que salieron a la calle a defender sus intereses. Y llegó a afirmar que sólo se mete con los toros porque son una «minoría privilegiada – por qué paga mucho por asistir a los toros-«. Y ahí estuvo su error porque afortunadamente, ellos, los galleros y corralejeros, sí que están organizados y son muchos.  Fueron ellos los que descubrieron sus intenciones y echaron por tierra sus argumentos y cambiaron su» articulario sustitutivo» por la «eliminación del articulario», que fue lo que finalmente se votó. 

Por eso no podemos asumir como nuestra una victoria que no nos corresponde, aunque nos beneficie. Si bien es cierto que hay un Lobby y que hay un trabajo callado en el entramado político, y que seguramente algo (o mucho) ha tenido que ver en la decisión final, lo realmente positivo es que, en el debate, los prohibicionistas han dejado ver grietas en su discurso, algunas realmente fáciles de dinamitar, pero para conseguirlo hay que trabajar mucho, elaborar un argumentario sólido y real que ponga blanco sobre negro cuando ellos recurran a las mentiras de siempre, porque no sólo las siguen repitiendo, sino que se las creen. Pero, sobre todo, es hora de trabajar unidos de verdad, y no sólo los profesionales y aficionados del sector, sino también con los galleros, corralejeros y todos aquellos que se están viendo amenazados por la tendencia totalitaria animalista. Ahí estaría la llave de la verdadera protección, una tan fuerte que sea capaz de aguantar la segura arremetida de las políticas de Petro en Colombia.