LA CRÓNICA DE SAN ISIDRO

Los agarrones, de frente


viernes 31 mayo, 2024

Borja Jiménez pasea una oreja de gran peso y a Talavante se le va por la espada con una buena corrida de Santiago Domecq

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Talavante y Borja Jiménez dialogan tras la primera actuación del sevillano © Luis Sánchez Olmedo

Qué bonito ha sido siempre, en el toreo, ver cómo dos matadores rivalizaban en sus actuaciones, con las telas en la mano, para conquistar una plaza que ardía con ambos. Uno firma, el otro replica; el uno conquista, el otro enamora. Y siempre gana el tendido, porque son estas tardes las que dejan el recuerdo entre el aficionado. Un agarrón entre el revivido Talavante y el recién magistrado Jiménez es atractivo en Madrid, con el aditivo de un Uceda santo de la devoción de esta plaza y un encierro de Santi Domecq que era para matarlos si lo llegan a rechazar al final. Pero si alguien disparó primero en esta tarde de sol, fue el sevillano Borja, al que sacaron a saludar al tercio por haber abandonado esta plaza en hombros la última vez que la pisó.

«Es usted bienvenido», le decía la plaza entera con una ovación atronadora. Y eso que aún quedaba un rato para que saliese el tercero. Cuando pisó el ruedo, con sus hechuras feas, sus cuernos mirando al cielo, sus maneras desentendidas y falta de empleo en el percal, pocos atisbaban lo que sería el toro de brindis en adelante. Porque no era fácil intuir que en los bajos del tendido 4 iba a liarse el toro a galopar para meterle el riñón al trapo en dos doblones, rodillas en tierra, que terminaron siendo las dos, acompañando con el pecho los derechazos profundos, mandones, arrancando del tendido un olé atronador. Ahí ya se le vio la importancia, pero tenía más el toro, que no es capaz de cuajar cualquiera. El secreto de su lidia y de la diferencia entre Borja y el resto del mundo en esta feria fue sencillo: el sevillano vino más que dispuesto a que un toro lo partiera en dos.

De ahí nació el compromiso, el aplomo, el valor en ocasiones y el asiento hundido en el compás en otras. Mataba Borja los trazos en un escorzo imposible, detrás de cadera y culo, pero sin desenterrar los pies del suelo. Podía reponer el toro, que no lo hizo; podía remontarle los finales y abrirle un costurón de pies a cintura, que no lo hizo; podía arrollarlo cuando se lo enroscaba muy cerca, pasándose por la barriga el celo con disparo y carbón de una brasa de cuatreño. Tanta emoción encerró todo que Las Ventas se ponía en pie con cada serie rematada por un sevillano feliz, consciente de que estaba reventando el toreo. Pero se empeñó el acero en no volar rotundo y el destino en dejarlo en oreja. Y se empeñó el sexto, geniudo, bravucón y deslucido, en negarle al sevillano un premio todavía mayor. Pero aún le quedan dos tardes.

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Sólo una le resta a Talavante en una feria en la vino entre dudas y, de tres tardes, ha tocado pelo en dos. Hoy no pudo ser la tercera porque un fallo con la Tizona le arruinó al extremeño la faena al que puede ser, hasta hoy, el toro de la feria. Ese Tejonero feo, larguirucho, degollado, altiricón y badanudo guardaba dentro tanta calidad para la muleta que hasta a Alejandro pareció sorprenderle. Y eso que tuvo entrega en las verónicas del saludo, derribó al penco en el primer encuentro y empujó de nuevo luego, con el mismo picador. Galopó con alegría en banderillas para que le soplase dos pares soberbios Javier Ambel y cuando fue Talavante, ceremonioso, él, a iniciarle faena bajo el 5, se le puso bruto en los estatuarios.

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Eso generó un momento de duda, porque pareció que el toro podía no romper al final. Una serie de Alejandro lo enseñó codicioso, ansioso por ir detrás del trapo, pero sin entrega total para morirse en el intento. Dudó Talavante si meterse o no con él, y en esa duda se fueron tres tandas. Sólo cuando comprendió que era el gobierno, el poder y la firmeza del trapo lo que le hacían al toro sacar sus mejores cualidades terminó rugiendo Madrid. Ahí fue donde vio claro el agarrón con el sevillano, que tiene conquistado este escenario pero él, Alejandro Talavante, trata de seguir siendo un ente superior. Y se transmutó de nuevo en el malabarista del riesgo con un toro que era un ascua viva cuando se iba detrás del trapo. Ahí ya no cupo duda alguna de que el extremeño iba a cuajar a un toro que le colocaba la cara en el paño mientras gateaba para empujar las puntas con los riñones entregados. ¡Qué forma de embestir, por Dios! Hasta atrás de la parte de atrás. Hasta tan atrás como lo llevases. Y lo llevó largo el matador, que fue precisamente al matar donde perdió todo premio. La faena, no. Y las sensaciones, tampoco.

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De esas debió de tener unas cuantas esta tarde Uceda Leal, que se presentó en Madrid con un tacazo de vestido celeste y oro para hacer el toreo mejor. Y pudo hacerlo, aunque fuese a ratitos y sin saludar la ovación. Un ratito con el primero, un toro noble, sin mucha correa, sin mucha calidad, sin mucha transmisión. Muy para el toreo de este Ignacio, que es capaz de transmitir la belleza sólo con la plasticidad del trazo. Un par de tandas muy bien trazadas a ese primero y un inicio espectacular al cuarto, con la cadera adelante, vertical sobre la cintura, desmayado en el dibujo. Muy Uceda. Muy Leal a su concepto del toreo. Bien es verdad que tal vez ese cuarto, de amplio corpachón y seria estampa, lo hubiese dado mejor con una mayor entrega por parte del de alamares, pero ya no lo sabremos nunca. Lo de hoy quedó en ovación.

Y no fue la tarde de Ignacio la que se quedó en las retinas, sino la del compromiso de Borja con el camino elegido y la del natural eterno que Talavante ofreció. Y un toro de Santi Domecq, con el nombre de Tejonero, para apuntar en los premios. Hoy y aquí ya no hubo más.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas. Madrid. Feria de San Isidro, decimonovena de abono. Corrida de toros. Lleno de ‘No hay billetes’.

Toros de Santiago Domecq y Luis Algarra (cuarto). Muy dispares de presencia. Noblón y obediente el primero; sin raza ni vida el segundo; emotivo y entregado el importante tercero; con fondo de raza y profundidad el interesante cuarto; bravo, codicioso y de suprema calidad el gran quinto, ovacionado en el arrastre; geniudo y bravucón el exigente sexto.

Uceda Leal (celeste y oro): ovación y ovación

Alejandro Talavante (azul noche y plata): silencio y palmas

Borja Jiménez (berenjena y oro): oreja y palmas

FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ OLMEDO

Fotogaleria Madrid 31 5 2024