En la tarde de hoy se celebraba en la localidad madrileña de San Agustín de Guadalix el festejo suspendido por lluvia semanas atrás, un cartel donde con astados de Montealto y El Montecillo trenzaban el paseíllo Oliva Soto, Álvaro Alarcón y Sergio Rodríguez.
Faena sobria pero sin brillo de Oliva Soto con un primero al que faltó pujanza
Abrió plaza un toro bajo y lleno, amplio de sienes, de El Montecillo, que permitió estirarse a la verónica a Oliva Soto en los de recibo. Luego, metió los riñones en el caballo y, medido de motor, hubo que llegarle mucho en el segundo tercio. Se desmonteró Curro Robles, tras dos pares exponiendo. Muleta en mano, el sevillano armó una faena pulcra y ligada basada en el pitón derecho, el más potable del animal, y siempre a media altura, sin acabar de apretarlo, porque a mitad de tanda ya le costaba más. Enterró más de media espada en buen sitio, suficiente aunque tardó lo suyo en doblar.
Silencio para Alarcón con un segundo, de Montealto, que tuvo genio y se defendió
El segundo, de Montealto, fue un castaño bajo y de buenas hechuras que abría la cara. Salió con pies y Álvaro Alarcón lo toreó con bríos a la verónica. Cumplió en el peto y echó la cara arriba en banderillas. Comenzó a pies juntos el toledano de Torrijos con la diestra aprovechando la movilidad de un animal encastado, pero que tuvo más genio que clase. Siempre punteando, tiraba un molesto “tornillazo” al final del viaje y cuando tocaba el engaño se violentaba. Alarcón quiso relajar el trazo, especialmente con la zurda, pero el de Montealto no acababa de consentirlo, cada vez más a la defensiva, cada vez con menos recorrido. La media estocada necesitó del verduguillo, con el que no estuvo acertado.
Dos convincentes tandas de derechazos de Sergio Rodríguez, vuelta al ruedo del noble “Montealto” tercero
Más lavado y suelto de carnes, con las puntas hacia delante, el 3º, también de Montealto, repitió de salida en el percal de Sergio Rodríguez que dibujó buenas verónicas en un variado saludo capotero. Chicuelinas de mano baja, con sabor, como la media cordobesa, muy campera, de remate. Pese a picarlo en los blandos, el burel cumplió en el caballo. Luego, prendió a Jesús Fernández en el tercer par, encunado en la cara de uno a otro pitón, se libró milagrosamente. Sin preámbulos, comenzó el abulense con la diestra, toreando con mucho relajo -hasta desmayo en alguno de los derechazos- encajado, con la figura erguida, sin perderle pasos. Dos tandas que llegaron mucho al tendido. No alcanzó esa intensidad el resto del trasteo, con más altibajos, en el que optó por acortar las distancias ante un animal que se dejó y metió la cara, pero le faltó mayor duración, tal vez, no tan en corto, el animal hubiera tenido más motor. Tras dos pinchazos, dejó una estocada casi entera que fue suficiente. Después de saludar desde el tercio, se animó a dar la vuelta al ruedo.
Oliva Soto no termina de entenderse con el repetidor cuarto de Montealto
El cuarto, otro castaño de Montealto, fue un animal bien hecho y engatillado, astifino desde la mazorca, el más serio del envío. Encastado y algo abanto, derribó al del castoreño y la lidia se convirtió en una quimera. Un completo desorden en el que el toro se hizo el rey. Marcó querencias en banderillas. Oliva Soto, algo desentendido en los primeros tercios, le ofreció la franela otorgándole distancia y el animal respondió con codicia, incluso hizo el avión, abriéndose con clase. El sevillano corrió la mano en varias tandas por ambos pitones, pero le faltó consistencia al trasteo, que nunca terminó de romper. En tierra de nadie, el animal pareció terminar aburriéndose, mirando mucho a las tablas. La espada tampoco surtió efecto.
Naturales sueltos de buen trazo, pero sin rotundidad, de Alarcón con el noblote quinto
Devuelto el 5º, de El Montecillo, tras partirse el pitón izquierdo por la cepa al rematar en el burladero nada más salir. Salió en su lugar un sobrero burraco del mismo hierro, que empujó hasta derribar, encelado, costó lo suyo quitarle del caballo. Descolgó y esbozó cualidades el de El Montecillo en esos primeros tercios. Alarcón comenzó con la diestra tratando de coser las embestidas del toro en una faena en la que faltó mayor asentamiento. Cuando cruzó esa línea, más firme, sobre todo con la pañosa en la izquierda, hubo buen trazo, pues siempre quiso componer con gusto cada natural. Labor sin terminar de romper que, además, no encontró refrendo con el acero.
Oreja para el tesón y aplomo de Sergio Rodríguez con un sexto de El Montecillo que quiso más que pudo
Cerró plaza un negro salpicado de El Montecillo, cornidelantero, con volumen y cuajo, muy justo de fuerza, al límite, que, pese a ello, pasó el fielato del caballo. No mejoró en la muleta, donde quiso más que pudo. Porque tan cierto es que humilló y que la quiso tomar, como que le costaba un mundo a partir del tercer muletazo. Sergio Rodríguez le dio buen trato y, con mucho aplomo, logró arañarle los muletazos de uno en uno supliendo esa falta de pujanza. Especialmente en un final, hierático, ya incrustado entre los pitones, en el que lo pasó una y otra vez sin enmendarse. La estocada, en dos tiempos, se le fue muy abajo, pero tuvo efecto fulminante y asomaron los pañuelos hasta cortar el único trofeo de la tarde.
FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de San Agustín de Guadalix (Madrid). Copa Chenel.
Toros de El Montecillo (1º, 5º y 6º) y Montealto (2º, 3º y 4º). Desiguales aunque bien presentados.
Oliva Soto: Silencio tras aviso y silencio
Álvaro Alarcón: Silencio tras aviso en ambos
Sergio Rodríguez: Vuelta al ruedo y oreja
PARA VER LA GALERÍA PINCHAR EN LA FOTOGRAFÍA
