EL EXILIO INTERIOR

Y Twitter cogió su fusil (sobre la censura a Emilio de Justo)


sábado 9 abril, 2022

Twitter decide suspender la cuenta de Emilio de Justo 32 horas antes de su cita con la historia en la plaza de toros de Las Ventas ante seis toros de distintas ganaderías y encastes.

Emilio Justo Twitter
Emilio de Justo. © Alfonso Plano

Twitter cogió su fusil y disparó, una vez más, no solamente contra Emilio de Justo sino contra el toreo. Las redes sociales, ese invento del diablo, hagamos uso (activo o pasivo de ellas) o no de ellas, determinan nuestras vidas, incluso  las de quienes se ufanan en ni siquiera mirarlas –las redes, digo- de reojo.

Hay perfiles en Twitter en los que su titular no sólo da su nombre, también da la cara (foto) e incluso incluye alguna semblanza biográfica. Sus textos (280 caracteres, a los que en  ocasiones se suma un “hilo) suelen contener opiniones personales sobre temas de actualidad, algunas con guasa, otras con ira; gustos culturales; filias y fobias deportivas…y con tono más o menos respetuoso, a los que a veces se añade documento gráfico, foto o video.

Hay otros perfiles, los más, en los que el titular se oculta bajo seudónimo ocurrente, estúpido o zafio. Son ellos los que hacen de Twitter un estercolero, trufado de insultos, agresiones al lenguaje, amenazas, mentiras, manipulaciones…aderezado con imágenes que reafirman tales miserias. Añádanse los de contenido sexual, pornográfico, y ya tenemos el catálogo tuitero, en el que también tienen su parte los medios de comunicación que, titulando en busca del click, atentan contra su propia esencia. Un catálogo tuitero en el, además, que los «trolls» y los «hackers» hacen la función de modernos goebbelianos.

Vaya este preámbulo para denunciar la última -de hace unas horas- tropelía de Twitter, suspendiendo la cuenta del torero extremeño Emilio de Justo «por incumplir las reglas». Y no ha sido ¡oh casualidad! en un momento cualquiera sino en la víspera de su trascendental cita en solitario en Las Ventas.

Twitter tiene, por lo visto, reglas a cumplir ad hoc y hace de su capa un sayo. Y no es la primera vez -ni será la última- en la que el toreo es el objetivo. Imagino que esta vez un ejército de “animalistas, progres, izquierdosos, puritanos, inquisidores” se han activado y denunciado la cuenta hasta conseguir su suspensión, esperemos que por poco tiempo.

Con indignado espanto vemos estos días, al minuto y minuto a minuto, el horror de la guerra, la sinrazón de las armas, el delirio de los gobernantes. Los medios de comunicación, las redes sociales, vomitan cadáveres en un suma cuyo final no se adivina. Ocurre ahora en Ucrania, sigue ocurriendo en otras geografías más lejanas no sólo en kilómetros.

Imágenes insoportables de destrucción y muerte aparecen ante nuestros ojos, en la pantalla del ordenador, en el teléfono móvil, en la televisión del salón de casa. Pero, al parecer, lo que hay que “apagar” es a Emilio de Justo.

El último tuit de la cuenta oficial de Emilio de Justo mostraba imágenes de él en la sastrería en las pruebas definitivas de los vestidos que, cuidadosamente, su mozo de espadas prepara en la silla para que el matador elija, Ternos de estreno, colores de preferencia, para hacer un paseillo en la primera plaza del mundo en la que el héroe de luces afrontará su destino – y, tal vez, el devenir de su carrera- ante seis toros seis. La vida y la muerte, la inteligencia y la fuerza, sobre el tablero, en aras de un ideal de arte de trascendencia inmarcesible.

Eso, para Twitter y los censores, es denunciable, inadmisible, intolerable.

Tal vez tengan razón.