EL EXILIO INTERIOR

Mayo vuelve a ser mayo: empieza San Isidro


domingo 8 mayo, 2022

Los bares y restaurantes en  los aledaños del coso se llenarán antes y después de la corrida y el gentío hará cábalas y pregonará entusiasmos o cabreos, según vaya la cosa

Ventas

Hace ahora justo dos años, publiqué en -¡ay!- 6TOROS6 un artículo bajo el título “Mayo sin mayo”. La pandemia, como también sucedería en el mayo siguiente -pese al sucedáneo en Vista Alegre- nos había arrebatado la cita con la Feria de San Isidro, ese mes continuado de toros en Las Ventas.

Hoy, domingo 8 de mayo, solapada con la última corrida de la Feria de Abril sevillana, empieza la de San Isidro y mayo vuelve  a ser mayo.

Volverán los aficionados a hacer cola para el sorteo matinal; regresarán los actos culturales a las dependencias de la plaza; el ajetreo habitual de Madrid será caos circulatorio calle Alcalá abajo en las horas previas al festejo; los bares y restaurantes en  los aledaños del coso se llenarán antes y después de la corrida y el gentío hará cábalas y pregonará entusiasmos o cabreos, según vaya la cosa. En los tendidos venteños, la afición cabal mirará de reojo al público de ocasión; habrá voces discrepantes, gritos, olés, broncas. Y los toreros afrontarán cada tarde con ese plus añadido que supone hacer el paseíllo en la primera plaza del mundo.

La televisión- de pago- llevará lo que allí ocurra a hogares, bares, peñas taurinas… y otros medios de comunicación incluirán críticas y reseñas del festejo, aunque seguirá pesando la losa del silencio mediático. Mientras, las redes sociales -a lo suyo- acogerán, sin otro filtro que la absurda censura a las imágenes de toreo, todo tipo de opiniones, insultos incluidos.

Pero lo que importa es que los toros vuelven a Las Ventas por San Isidro. Y lo hacen, además, después de lo vivido en unas primeras ferias que han tenido en la de Sevilla el refrendo a muchas de las alegrías y la constatación de ciertos desasosiegos.

Desasosiegos que tienen que ver tanto con el toro como con el público. Las ganaderías han atravesado, siguen en ello, una dura travesía del desierto, en el que la disminución de festejos y el consiguiente quebranto económico ha llevado a alguna a su casi desaparición y a otras a una precaria continuidad, que ahora empieza a revertir. Una situación que también ha repercutido en el toro a lidiar, muchas veces pasado de edad y kilos.

Y el público. Vuelven a darse los festejos a aforo completo, pero los bolsillos están como están y para muchos, aún temerosos del virus y pertrechados con su mascarilla, las aglomeraciones en los habitualmente incómodos tendidos no son un aliciente sino todo los contrario.

Frente a los desasosiegos, las alegrías. Que son muchas.

La principal la alegría del reencuentro. Con los toros, con los amigos, con la vida.

Pero para que esta sea completa, lo que suceda en el ruedo debe dar los argumentos. Y, visto lo visto en La Maestranza -sí, ya sé, triunfalismo, público festivo, presidentes de criterio discutible…- hay motivos para la alegría.

Toreros y toros la justifican. Y cada cual le pone nombres.

Nombres que van a estar en San Isidro, a los que se incorpora, entre otros, Alejandro Talavante.

Sí, mayo vuelve a ser mayo porque en él está la Feria de San Isidro.

Y si no que se lo pregunten a Manuel Vicent que hoy, en El País, vuelve también a su anual columna antitaurina de cada mayo. Una columna que, por cierto, además de sus habituales demagogias truculentas incluye un motivo de reflexión ideológico: qué difícil se ha puesto ser taurino y de izquierdas.

Pero eso hoy, aquí, no toca.

¡Viva San Isidro!