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¿Habrá falta de toros y novillos para las plazas y las calles a partir de 2023?

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REPORTAJE

¿Habrá falta de toros y novillos para las plazas y las calles a partir de 2023?


lunes 27 diciembre, 2021

Desde finales del año 2023, la merma de toros bravos derivada del recorte de camadas producida en plena pandemia puede suponer que muchos pueblos que antes daban toros ahora no tengan materia prima para poder ofrecer festejos, amén de los festejos en plazas de primera, principal perjudicada por esta situación. Hablamos con aquellos que afrontarán esta situación en primera línea.

Ganadero Toros
Foto de archivo de toro de Baltasar Ibán en el campo bravo madrileño. © B. I.
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El mundo del toro recibió un fuerte revés con la llegada de la pandemia. Desde el mes de marzo de 2020 en el que los ganaderos estaban terminando de preparar sus corridas para el inicio de la temporada, el roto económico que las restricciones sanitarias ha supuesto al toreo en general y al campo bravo en particular ha sido sin precedentes: la Feria de Olivenza arrancaba, Valencia y Castellón esperaban dar sus abonos, Sevilla y Madrid también preparaban sus corridas en un horizonte no muy lejano…. pero todo se fue al traste con el estallido del estado de alarma. Pasamos de estadios, teatros, manifestaciones o plazas de toros a rebosar, a un confinamiento severo; de la ilusión por el comienzo de una temporada con grandes argumentos, a una oscuridad casi total.

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Si ponemos el foco en el campo bravo, el golpe fue brutal. Las camadas ya estaban apartadas y la corridas señaladas y multitud de Ferias ya estaban incluso con la cartelería en la calle y todo lo que vino después no hace falta relatarlo, pero sus consecuencias se podrían alargar muchos años. A continuación ponemos el foco a corto, medio y largo plazo para ver cómo podría afectar en próximos años la falta de toros

¿Cuáles fueron las primeras soluciones adoptadas por los ganaderos de toros bravos tras el estallido de la pandemia?

Penajara Toro
Un toro de Peñajara lidiado el pasado año. © José Joaquín Diago,

Viendo el panorama que la pandemia trajo consigo, muchos ganaderos decidieron el pasado año reducir el número de madres que conforman su ganadería. Con ello lo que consiguen es que bajen considerablemente los animales a lidiar en el futuro. Otra camino que tomaron otros compañeros fue el de echar parte de las vacas al toro manso, y así no perdían la subvención de la PAC y reducían cabezas de bravo.

En cuanto a los machos se han tomado diferentes vías según el número de animales o la opinión del ganadero, y aunque lo importante era adecuar la camada a la oferta existente entonces, no así a la futura y a la demanda de festejos en los próximos años, y ahí radicaba el problema. Así, al lidiarse menos toros en 2020, los ganaderos optaron por torear en casa aquellos machos que no iban a tener salida al mercado, ya que floreando la camada desde añojos se conseguía que lo que llegue a toro fuera lo justo y necesario.

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El caso de La Quinta y Lagunajanda, dos opiniones opuestas en cuanto al recorte de vacas y toros bravos

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Toro de La Quinta en el campo bravo sevillano. © Instagram

Pero no todos los ganaderos de bravo optaron por reducir su hato de vacas, ese es el caso de la ganadería de La Quinta. Según palabras de Álvaro Martínez-Conradi, «en la actualidad tenemos 250 vacas de vientre, un número que no han variado a pesar de la pandemia. Es el número que hemos mantenido siempre prácticamente, desde el principio de los años 90. Esta crisis nos golpeó fuerte, pero quitar vacas es quitar genética, y eso no nos lo podemos permitir. Superamos otras épocas de gran dificultad tomando otras decisiones y no nos fue mal. Vamos a seguir por ese camino».

Por contra, otros ganaderos como Antón de la Puerta Domecq, una de las cabezas visibles del hierro de Lagunajanda, tiene una visión diferente de la de Conradi: «La pandemia nos ha cogido con cierto sobredimensionamiento ganadero, nos ha obligado a ciertas reformas en cuanto a dimensión que, personalmente, venía persiguiendo desde hacía tiempo y no conseguía que se aprobara en circunstancias normales. Aún creo que para llegar a la dimensión ideal para nuestro objetivo haría falta un recorte adicional de un 20% en vacas de vientre hasta quedarnos con 100″. Dos opiniones opuestas pero que tienen un mismo fin, la adecuación de la divisa al momento actual.

Y, ¿qué piensan los veedores de toros al respecto?

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Toro de La Palmosilla en el campo bravo gaditano. © La Palmosilla

Estas reducciones, tanto en vacas como en machos traerá consigo una considerable bajada del número de animales a lidiar en los años venideros. Se habla de que pueden faltar toros para esta temporada 2022, cosa que ponen en duda diferentes personas con las que se pudo poner en contacto este medio. «Los ganaderos no son tontos, han dejado el toro serio, ya que este es el que mayor rédito económico te puede dar», nos comentaba un veedor de cierto renombre en la actualidad.

«El problema estará en la camada de 2025, y me explico. Al reducirse el número de madres el porcentaje de toros será menor. Lo que tenemos ahora no es un problema puntual de falta de toros, animales hay, algo menos pero hay. El verdadero problema será cuando se lidien los becerros que nacieron del último trimestre del 2021 en adelante, ya que la pandemia llegó con los toros ya en las vacas, por lo que dicha reestructuración no se pudo llevar a cabo hasta el otoño del pasado año». Los becerros del G2 serán la primera camada post-pandemia.

Una opinión de falta futura de cabezas bravas que comparten muchos ganaderos

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Toro del Conde de la Corte en la ganadería pacense en la actualidad. © Conde de la Corte

Esa opinión de la falta de toros la comparten también muchos ganaderos. «Sesenta festejos del nivel de Madrid es probable que no estén en el campo, dentro de las ganaderías que Madrid quiere y permite», comentaba Pablo Del Río hace unos días en un reportaje publicado en este medio. Otro ganadero con una opinión muy parecida a la del madrileño era Álvaro Núñez, que decía lo siguiente: «En 2022 bajará el volumen del toro, habrá ganaderías que sí tengan sus ocho o diez corridas de toros, pero habrá otras que no. Donde estará el problema será en las ferias grandes».

Sin embargo un ganadero contrario a esa opinión era el ya mencionado Antón de la Puerta Domecq, que daba una solución si finalmente en el campo no hubiera oferta suficiente parea cubrir la demanda de plazas como Madrid: «Me resisto pensar que no hay toros con trapío suficiente para plazas importantes en el campo. Puede ser que no haya toros como los que se han estado lidiando años atrás, fuera de tipo, mastodónticos y con romanas descomunales, pero seguro que hay toros en el tipo de cada ganadería».

Lo que sí está claro es que no podemos volverle la espalda a esta realidad que trajo consigo esta pandemia. Los ganaderos están haciendo un esfuerzo mayúsculo por seguir adelante con sus vacadas, pero hay que ayudarles a salir del bache. Si algo bueno trajo la pandemia para las ganaderías fueron varios aspectos. Uno tiene que ver con la caída de festejos. La reducción de ellos propició una vuelta de tuerca en la selección. Toros que iban destinados a las plazas ahora engrosan la lista de nuevos sementales. Otro tendría que ver con el tipo de toro y su encaje en las plazas, Si hay menos oferta tendrá que subir el precio (ley económica básica), y por otro lado, habrá que volver al toro en tipo del encaste, buscando la seriedad exigida en cada plaza, pero dejando a un lado a ese toro mastodóntico y muchas veces fuera de tipo que tanto daño hizo a la tauromaquia. El trapío no lo da la báscula. Sin duda, algo de luz para los ganaderos de bravo después de tanta oscuridad.

Y más luz: la PAC seguirá apoyando económicamente a los ganaderos de lidia

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Toro de Garcigrande en Las Ventas la pasada Feria de Otoño. © Plaza 1

Otro balón de oxigeno que insufló de esperanza a los ganaderos fue el referente a la Política Agraria Común. La PAC ratificada el pasado mes de noviembre por el Parlamento Europeo rechazó dos enmiendas aprobadas por una minoría de eurodiputados que discriminaban a la raza de bravo de las ayudas europeas. Eso da, si cabe, una mayor seguridad económica al ganadero (en concreto, de 200 millones de euros repartidos por año en las ganaderías de nuestro país). Pero, en contra de esto, está la ya mencionada realidad de la pandemia y las restricciones, que han mermado mucho la ganadería de bravo. Hay que recalcar que estas ayudas no son hacia el bravo, sino hacia las explotaciones ganaderas en las que si se encuentran las ganaderías de lidia, y las cuales abarcan multitud de razas.

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